¿Bebés por pedido gracias a la genética?

Cuando la ciencia se encuentra un paso más cerca de poder maniobrar los genes de un embrión humano, ¿es momento de entrar en pánico? ¿Conseguiría la edición de embriones salirse de observación, permitiendo que los padres ordenen a la carta un nene con la fantasía de Lin-Manuel Miranda o la vivacidad de Usain Bolt?

Según reseñó The New York Times Service News, las noticias recientes de que un equipo internacional de científicos y especialistas en la ciudad de Oregon transformó con éxito el ADN de embriones de seres humanos reavivaron el miedo de que algún día se “delinee” a los bebés.

Sin embargo, existen buenos motivos para pensar que esas desconfianzas se aproximan más a la ciencia ficción que a las circunstancias reales.

Esto es lo que concibieron los investigadores: repararon una única transformación genética en un único gen, un desperfecto que origina una cardiopatía peligrosa, en ocasiones mortífera.

Esto es lo que muy posiblemente la ciencia no pueda crear: sentenciar genéticamente la carta de aprobación de un hijo para las mejores universidades, conseguir que un infante exponga las frases ingeniosas de Stephen Colbert o que un nene posea el registro vocal de Beyoncé.

Lo anterior se debe a que ninguna de estas capacidades brota de una mutación genética única, ni siquiera de una cuantía reconocible de genes. La generalidad de las particularidades humanas no se aproxima a esa simplicidad.

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“En este instante, no conocemos nada en relación a la mejora genética“, manifestó Hank Greely,  representante y director del Centro de Leyes y Ciencias Biológicas en la ciudad de Stanford. “Jamás podremos expresar con pudor: ‘Este embrión se observa como uno que conseguirá una calificación excelente en el examen de ingreso a la universidad'”.

Inclusive con tipologías físicas en aspectos directos, como la estatura, un manejo genético sería mucho pedir. Ciertos científicos valoran que la estatura tiene la influencia de hasta 93 mil diferenciaciones genéticas. Una investigación reciente identificó 697 de ellas.

“Conseguirías hacerlo con algo como el tono de los ojos“, explicó Robin Lovell-Badge, catedrático de Genética y Embriología en el Instituto Francis Crick en la ciudad de Londres. Pero “si a la gente le inquietan los nenes de diseño, por lo general especulan en hacer algo exclusivo, desigual de las cuestiones genéticas corrientes”, dijo Hank Greely.