Opinión

Cristina, Perón y la política de la ausencia

¿Qué rol jugó la ausencia de Cristina estos meses?

El peronismo siempre ha tenido una impronta muy potente en nuestra historia, especialmente en los períodos de ausencia. Durante los años de la proscripción, cuando nombrar a Perón estaba penado por la ley y los medios aludían al dirigente en términos de “tirano prófugo”, el movimiento encontró la manera de evocar su figura y revitalizarla. Pintadas y publicaciones clandestinas formaron parte de un circuito comunicativo alternativo. Incluso existen leyendas urbanas sobre familias que les enseñaban a sus loros la marcha peronista (nadie podía sancionarlos: si alguien escuchaba, había sido la mascota de la familia… y a nadie se le hubiera ocurrido meter preso a un loro).

El movimiento peronista se destacó desde sus primeros días por un gran pragmatismo y por la posibilidad de regenerarse. Funcionó en sus inicios como dique de contención de las incipientes agrupaciones anarquistas y socialistas. Perón percibió que tarde o temprano la masa obrera iba a organizarse, y encontró la manera de subsumir ese potencial en un movimiento propio, comandado por él mismo y tutelado desde el Estado.

Mediante la concesión de importantes reivindicaciones se ganó el favor y la lealtad del pueblo, siguiendo la línea yrigoyenista del líder carismático y retomando la tradición sarmientina del juego de oposiciones. Invirtió el esquema “civilización o barbarie” y lo transformó en “pueblo u oligarquía”. Hábil estadista, Perón supo ver en ese juego dicotómico la esencia de la identidad política argentina. Fundó una nueva genealogía y delimitó los espacios de lealtad y de traición -binarismo que caló muy hondo en el campo popular y que perdura hasta nuestros días.

[pullquote]Parecería claro que la ausencia, lejos de perjudicar al peronismo, lo fortalece. Lo revitaliza, le da aire, permite que en su seno se gesten nuevos espacios e ideas[/pullquote]

Perón logró estar presente en el imaginario colectivo incluso durante su prolongado exilio. En esos años, sin embargo, el movimiento tomó vida propia. Cuando el General regresó de Puerta de Hierro, los trágicos sucesos de Ezeiza dejaron en claro que el peronismo no era ni tan uniforme ni tan disciplinado como se creía. Las diferencias tácticas y estratégicas eran demasiado profundas. El ala de izquierda dejó de funcionar a nivel orgánico en el mismo momento en que el líder los echó de la Plaza al grito de “imberbes”.

La ausencia definitiva de Perón (su muerte en 1974) marcó un nuevo cambio de rumbo. A pesar de haber sido repudiados públicamente unos años antes, los Montoneros reivindicaron el legado peronista. Resemantizaron la clásica consigna “PV” (Perón vuelve”), transformándola en “Perón vive”. Siguieron asumiéndose parte del movimiento más allá del trago amargo.

Parecería claro que la ausencia, lejos de perjudicar al peronismo, lo fortalece. Lo revitaliza, le da aire, permite que en su seno se gesten nuevos espacios e ideas. Me pregunto si no estará pasando algo similar en la actualidad.

Frente a la victoria macrista y al inminente cambio de ciclo, comenzaron a tejerse redes comunitarias, algunas de cierta relevancia a nivel virtual (como el renombrado grupo “Resistiendo con Aguante”). Y esto se está gestando por fuera del ámbito orgánico tradicional de la militancia: lo excede ampliamente. Es ya insostenible el discurso del pancho y la coca. No hablamos sólo de la Cámpora. Se está generando un entramado social diferente, que es importante analizar en toda su complejidad y que se manifestó hoy en Comodoro Py.

Esta mañana, Cristina, según mi parecer, demostró que sigue siendo la líder del peronismo y que su ausencia no hizo sino fortalecer una imagen que había ido en picada durante su último gobierno. Aprovechó hábilmente estos meses. Como Perón en Puerta de Hierro, esperó. El discurso fuertemente antikirchnerista la favoreció, porque puso en vigencia tensiones y discursos que en ocasiones parecían reminiscencias de la Libertadora.

Seguramente sin buscarlo, el gobierno de Mauricio Macri fomentó la dicotomía que recorre la sociedad argentina desde Sarmiento. Desde una palabra que muchas veces rozó lo despectivo, y poniendo en práctica determinadas medidas que fueron leídas como lisa y llana persecución ideológica, el macrismo supo encender la mecha.

Los simpatizantes kirchneristas, enardecidos, retomaron la tradición histórica: volvieron a tejer redes, a organizarse, a armar circuitos alternativos de comunicación. Repitieron con fervor: “Si la tocan a Cristina…”.

Así está armado el escenario hoy.

María Carolina Fabrizio

Estudiante de Letras. Orientación en Literatura Extranjera. Investigadora independiente del género fantástico y la literatura vampírica. Escritora, ensayista y friki.

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