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El Nacho que se va

La Plata, Argentina.- Estaba al caer pero se enfrió. En el medio uno de los jugadores que pretendía el DT en forma de pago, firmó con Estudiantes. Se reflotó el pase pero surgió una diferencia en el modo de pago que lo demoró. Finalmente, el último freno de la negociación entre River y Gimnasia por Ignacio Fernández quedó atrás, el Millonario aceptó abonar todo el dinero del traspaso en 2016, y el nacido en Dudignac firmó hace instantes nada más un contrato que lo vinculará con los de Núñez hasta 2020.

En su momento lo dijo el propio jugador, la prioridad en la puja por Nacho siempre la tuvo el equipo que dirige Marcelo Gallardo. Poco y nada importaron las ofertas seductoras de Jaguares de Chiapas de la Liga Mx de México o del Botafogo brasileño. Nacho fue claro, en momentos de dilatación de su pase, al manifestarse a favor de jugar con la camiseta, lamentablemente para los hinchas triperos, roja y blanca de River.

Quien naciera en el pequeño pueblo de Dudignac, de la Provincia de Buenos Aires, en 1990 dio sus primeros pasos con la pelota en el Club Atléico y Social de Dudignac. A los 13 años vivió una situación bastante corriente para quienes no nacieron en la zona geográfica del club donde van a jugar. Fernández debió mudarse a La Plata, un mounstruo si se compara con su lugar de origen, para sumarse a las divisiones inferiores de Gimnasia. A partir de allí comenzó un camino en ascendencia que culminó en lo que fue, hasta hace pocas horas, el mayor anhelo en materia de refuerzos para el campeón de América.

Sus buenos rendimientos en las juveniles del Lobo fueron fundamento de peso para que, en 2010, Darío “el Indio” Ortiz lo hiciera debutar en la Primera de un club al borde de la deriva y con un descenso a la vuelta de la esquina. Le tocó a Nacho, al igual que a Lucas Castro, Fabián Rinaudo, Luciano Aued (en distintas épocas), vivir el primer momento de éxito que busca un juvenil en momentos límite del primer equipo.

Tras perder la promoción ante San Martín de San Juan en 2011, y con un solo partido con los más grandes, Fernández partió a préstamo a Temperley para jugar el torneo de la Primera B Metropolitana. Se fue al Gasolero a hacer una especie de colimba y se convirtió en uno de los mejores jugadores del equipo, y de los más queridos por la hinchada. Una curiosidad: por la Fecha 28 del Julio Humberto Grondona, Nacho le anotó dos goles al cuadro celeste y, lejos de salir a festejarlo a puro grito como suele hacer, agachó la cabeza y le ofreció unas sinceras disculpas a la parcialidad que años antes lo aplaudía.

Llegó el momento de la revancha, de volver a Gimnasia. Un Gimnasia equipo que, en la B, soñaba en grande con un Pedro Troglio recién llegado al banco de suplentes. Llegó para muchos, casi todos, como un desconocido. El DT nacido en Luján apostó por él. Y no se equivocó, ni tampoco Nacho lo defraudó. Su primer gol con la camiseta albiazul no tardó en llegar. Fue por la Fecha 7 de la Temporada 2012/2013 de la B Nacional, ante Patronato y de cabeza. Junto a Franco Mussis, Matías García y Omar Pouso, formó un mediocampo que quedará en la historia grande del Lobo, por haber sido parte del equipo que devolvió a la Primera División del fútbol argentino, aquel 28 de mayo de 2013, en una calurosa tarde de Córdoba. Ese día el Flaco fue el asistente de Oliver Benítez, en el segundo gol ante Instituto, para comenzar a abrochar un ascenso que se consumaría minutos más tarde.

Y un día, tras haberla peleado, luego de abandonar su pueblo a los 13 años, después de bajar un escalón para crecer, tocó aparecer en el fútbol grande de la Argentina, consolidado como titular en el Mens Sana. Con la 8 en la espalda, comenzó de gran manera sus andanzas por la máxima categoría, al igual que el equipo, ganando partidos y convirtiendo por la tercera fecha en la victoria ante Rosario Central por 3 a 1, en el Bosque. Jugó y se hizo conocer, aunque con el tiempo alternó buenas, malas y regulares actuaciones que generaron algunos (varios) cuestionamientos de parte de los hinchas y por momentos una relación tensa con estos. Era de esperar, a los buenos siempre se les exige un poco más que al resto.

En 2014, aunque sin tanto terreno en el 11 inicial. peleó el Torneo Final que tuvo como campeón a River y ese mismo año debutó de manera internacional, al disputar la Copa Sudamericana. Finalmente llegó su año consagratorio, el 2015. De principio a fin, Nacho fue el jugador más importante y desequilibrante del conjunto de Troglio. Todas las pelotas debían pasar por él y, aunque el arranque en el torneo de los 30 equipos no fue el mejor, se las rebuscó para guiar a su equipo por el buen camino. Como ocurrió en el partido de la Fecha 5, frente a Nueva Chicago y ante un Bosque cargado de desesperación, cuando en tiempo cumplido y empatando 1 a 1, se las ingenió para lanzar un zapatazo que se transformó en el 2 a 1 final y el primer triunfo del torneo. A partir de allí, casi no hubo tardes grises para el Flaco que siempre tomó la posta del equipo y le dio soluciones a los suyos en momentos complicados y su zurda fue de las más efectivas del certamen, no solo por los goles convertidos, sino también por los pases, cambios de frente, gambetas y amagues. Terminó el año como goleador de Gimnasia, con 9 (importantísimos, la mayoría) goles, y según su DT “fue el mejor del torneo”.

Gallardo insistió por él, River puso el dinero y se lo lleva. Un jugador maleable y claro a la hora de jugar, que supo desempeñarse de carrilero, de 5, de interno, de enganche y de segundo volante central y supo también destacarse en cada una de esas posiciones. Recién se solucionó su pase, apenas se despidió de sus compañeros y su gente, y en el Lobo ya lo extrañan aunque, quién sabe, quizás el futuro y el destino vuelven a juntar a Nacho y Gimnasia.  Más allá del traspaso a River, y sus ganas de subir un escalón, él fue claro: “Gimnasia es mi vida”.

Santiago Caliendo

20 años. Platense. Estudiante de Licenciatura en Comunicación Social (Orientación Periodismo) y Periodismo Deportivo en la Universidad Nacional de La Plata.

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