Macri y su dudoso cambio

Aumento del gasto público, desbordado déficit fiscal, monstruoso plan de créditos y polarización, son las pautas peronistas del macrismo para triunfar en las elecciones legislativas.

Cristina Fernández de Kirchner usó como nadie una estrategia por la que fue muy criticada: polarizar a la sociedad con fuertes discursos de división. Mauricio Macri llegó al poder en diciembre de 2015 con el eslogan de unir a los argentinos y terminar con la famosa grieta. El presente evidencia lo contrario. Su discurso de apertura ante la Asamblea Legislativa exhibió una nueva postura. “Hay muchos que ponen palos en la rueda y se resisten al cambio”, fue el primer síntoma de confrontación.

La masiva marcha a su favor del primero de abril le dio al oficialismo el apoyo en las calles para endurecer su nueva posición; la polarización con el kirchnerismo duro, pero principalmente con la ex mandataria. La tendencia quedó plasmada en su declarada guerra a los docentes y en su afirmación de que iba a derrotar a los “mafiosos” líderes sindicales. También aparece una mayor demostración de firmeza frente a las incontables protestas callejeras que hacen de Buenos Aires un caos diario.

A primera vista, la estrategia parece haberle dado resultado, según dos encuestas publicadas este domingo por Poliarquía y Management & Fit. La primera consultora, apunta que la administración de Macri recuperó seis puntos, hasta alcanzar el 53% de aprobación. La segunda es más cautelosa, pero coincide con la primera en que la imagen del jefe de Estado dejó de caer. Pasó del 40,2% a 41,6% entre marzo y abril, casi un punto y medio más, aunque aún su nivel de desaprobación está por encima, con el 43,9%.

En febrero el gasto público aumentó un 40% anual, según cifras oficiales.

Es el comienzo de una tensa campaña para el oficialismo que tendrá que enfrentar una elección muy difícil, que inicia con las primarias en agosto y finaliza en octubre con la renovación de buena parte del Parlamento. La reactivación económica no termina de concretarse. El éxito del blanqueo de capitales no se traduce en inversiones internas y las estimaciones de crecimiento para el primer trimestre caen al 0,4% del PBI. Además de una inflación que no cede; en marzo fue de 2,4%.

Es claro que a la coalición gobernante no le alcanza el tiempo y le sobran los problemas. Perder en octubre sería un golpe duro y convertiría sus próximos dos años en un infierno de gobernabilidad. Por eso, Macri apostó a polarizar. Dividir fuerzas ajenas, fragmentar lo más posible al disperso peronismo de la provincia de Buenos Aires, la madre de todas las batallas y en cuyo territorio se leerá la victoria o la derrota electoral. Se terminó ese oficialismo moderado y armónico que ahora, sin grandes éxitos para publicitar y con la oposición al asecho, confronta con prácticas similares al kirchnerismo.

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El presidente Macri se acerca a sus fieles en un acto público.

La suposición del Gobierno es clara: para ganar las elecciones en Argentina es necesario utilizar maniobras desarrolladas por el peronismo. Por eso, el segundo elemento fundamental es el gasto público. Una histórica herramienta de los gobiernos peronistas cuando se acerca la hora de votar. Según cifras oficiales, durante febrero el gasto aumentó casi un 40% anual. Gran parte de esa suma fue destinada a obra pública para reactivar la construcción, uno de los sectores más golpeados en 2016, y para asistencia social y jubilaciones.

Las prácticas vuelven a ser similares a las que usaba Cristina Fernández. “El macrismo es kirchnerismo de buenos modales”, ironiza José Luis Espert, uno de los economistas más reconocidos del país. “Macri está haciendo más déficit que el kirchnerismo. Lo único que cambió es que lo financia con deuda pública, y eso es insostenible con el tiempo”. El Gobierno dice que en 2016 el déficit primario disminuyó a 4,6% del PIB. Espert, y otros tantos economistas, señalan que el macrismo, agrede, no contabiliza los rojos de las provincias y los intereses de la deuda, lo que elevaría el déficit a 8% del PIB, uno de los más altos de la historia argentina.

La última fórmula en que se basa la gestión de Macri es el monstruoso plan de créditos hipotecarios, una ampliación del Procrear, el subsidio estatal que promovió el kirchnerismo. El presidente lo anunció a fines de marzo con líneas de crédito a 30 años, algo impensado en Argentina, y a una tasa de interés ajustable por inflación que permitiría arrancar con cuotas similares a las de un alquiler. Al kirchnerismo no le resultó un éxito, ya que el mercado inmobiliario se mantuvo estancado. Pero Macri redobla la apuesta y supone que a él sí le funcionará. Solo el 10% de las casas que se venden y se compran en Argentina se financia con dinero bancario, un promedio que el Gobierno quiere duplicar.

El escenario es evidente: Macri no ha sido el cambio que muchos pretendían. Varias maniobras lo identifican con la vieja política que tanto criticó. El Gobierno ve a las elecciones como determinantes para su futuro, demoró reformas por eso, y entiende que perder puede ser catastrófico. El cambio se tornó dudoso y las pautas peronistas del macrismo de cara a las elecciones están en marcha.

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Eliseo Bottini Antunez

Eliseo Bottini Antunez

Estudiante de Periodismo en la Universidad de Palermo. Redactor en Segundo Enfoque. Estoy en Radio del Pueblo AM 830. Parte del equipo de Mima Multimedios.