Miradas en torno al trabajo sexual

¿Está todo dicho?

Quizás muchos lo ignoren, pero el 2 de junio se conmemoró a nivel mundial el día del trabajo sexual.

El oficio más antiguo del mundo ha sido objeto de análisis y críticas desde tiempos inmemoriales. Las miradas suelen oscilar entre diversos estereotipos y clichés: la mujer pecadora, la pobrecita, la bruja, la hechicera, la delincuente. En un extremo, la imagen de mujer que debe ser salvada o redimida (la María Magdalena del Nuevo Testamento o cierta literatura romántica como Los Miserables). En el otro extremo, la mujer como idea de peligro, de caos, de amenaza social. En cualquiera de sus variantes, la figura de la prostituta nos interpela desde un lugar ciertamente incómodo. Rara vez la escuchamos.

Gran parte de nuestros insultos convergen en la idea de la prostitución: cuando queremos agraviar a alguien mediante el lenguaje, generalmente lo acusamos de ser hijo de una prostituta. Y lo mandamos a volver a ese lugar: “andate a la …….. que te parió”. Como si la prostituta no pudiera tener filiación, vínculos, vida emocional. Como si no fuera válido que tuviera hijos. Como si hubiera sido brutalmente amputada del tejido social.

Y podríamos agregar: como si el único modelo válido de familia fuera el sostenido por el hombre. Porque si vamos a lo concreto, ¿qué sería lo realmente insultante de ser hijo de una puta? ¿La prostituta no puede dar amor, no puede maternar? La idea implícita en el insulto es que aquél al que va dirigido no porta el apellido paterno. No sabe quién es su padre, y por lo tanto no puede heredar propiedades; es decir, está desprovisto de ciertos privilegios sociales, cierto patrimonio. El insulto no es sólo moral: está estrechamente vinculado al orden de lo económico. No sólo hay algo fuertemente misógino y moralista en esta concepción. Hay también una alusión a la economía; una carga simbólica que tiene que ver con el rol de la mujer dentro de la cadena productiva.

En la Argentina, la prostitución es perseguida y castigada. El imaginario colectivo generalmente vincula prostitución y explotación o directamente prostitución y trata. Un gran porcentaje de la población está absolutamente convencido de que ninguna mujer puede dedicarse a esta práctica de modo voluntario. Que la persona que ofrece este servicio en la calle o en un departamento lo hace porque se encuentra en una situación de vulnerabilidad absoluta. Siguiendo esta lógica, el modelo argentino es punitivo y busca abolir la prostitución. La legislación actual no la considera delito, pero sí contravención; y en ese sentido se ejerce una fuerte violencia institucional que impacta en diversos ámbitos, pero sobre todo en las trabajadoras sexuales mismas.

Una salvedad necesaria. Es necesario distinguir red de trata de trabajo sexual. Las redes de trata son deleznables en tanto sistemas de opresión y esclavización, porque anulan la voluntad de sus víctimas. Hacen pasar a las mujeres por un proceso de desubjetivación: las ponen en el lugar de un objeto que puede ser usado, llenado, vaciado, descartado, sin lugar a réplicas. En ese sentido, la condena ética a la trata es justificada, porque ahí la mujer no tiene voz ni voto. La pregunta es: las mujeres que sí tienen voz y voto, que ofrecen este servicio en forma personal y de manera voluntaria, sin red que las presione o cafisho que las intimide, ¿lo hacen porque no tienen opción? ¿O ven la prostitución como un trabajo, una oferta más del mercado laboral?

trabajonotrata

Recién hace un tiempo comenzó a circular el término “trabajo sexual”, que busca borrar el estigma y complejizar la mirada sobre este tema. Las trabajadoras sexuales, agrupadas en AMMAR (Asociación Mujeres Meretrices de Argentina) intentan por todos los medios posibles desarmar los estereotipos y las cargas morales que pesan sobre ellas y su práctica. Afirman que el trabajo sexual es tan válido como cualquier otro, y que muchas veces lo eligen porque simplemente les reporta más beneficios económicos.

Algunas trabajadoras sexuales buscan, a su vez, un lugar en el arco del feminismo. Ven el trabajo sexual como una práctica empoderadora: son ellas quienes deciden qué hacer con su cuerpo, y pueden extraer de él un beneficio doble (placer y dinero). Pueden disponer de sus horarios y no dependen de ningún hombre. Y se agrupan: forman sindicatos, se brindan apoyo y asesoramiento, se defienden mutuamente, establecen nuevas formas de solidaridad. Es decir: de alguna manera han burlado el sistema. Han podido trascender la dependencia masculina. Y además han dado por tierra con la noción de que las mujeres compiten entre ellas por los hombres. (Si lo pensamos detenidamente: ¿no será quizás por esto que nuestro insulto más agraviante haga alusión a las prostitutas? ¿porque pueden ganar cierta independencia económica sacando rédito de su cuerpo, en lugar de someterlo a la cadena productiva tradicional?)

Este año AMMAR participará por primera vez del Encuentro Nacional de Mujeres. Después de tantos análisis y miradas “desde afuera”, las trabajadoras sexuales podrán expresar qué piensan. Ellas mismas. Sin cederle la palabra a nadie. En relación a esto es interesante mencionar el proyecto “Trabajo Sexual en Primera Persona” de la activista, filósofa y escritora Leonor Silvestri, que intenta darle visibilidad y protagonismo a las mujeres que eligen el trabajo sexual. En lugar de análisis externos y moralistas, este proyecto (que ya se puede ver en YouTube) le otorga voz propia a las trabajadoras sexuales. Mediante una serie de entrevistas, permite que sean ellas mismas quienes se expresen.

Por último, esta semana las trabajadoras sexuales han lanzado en un acto de apertura FUERTSA: una alianza entre organizaciones sociales, políticas, culturales; activistas, académicos/as, artistas, políticas/os y todas las personas que abogan por la defensa de los Derechos Humanos y Laborales de quienes ejercen el Trabajo Sexual en Argentina. En el acto se encontraban como panelistas Osvaldo Bayer, Georgina Orellano y María Rachid, entre otros. FUERTSA busca visibilizar la importancia de que se reconozcan los Derechos Humanos y Laborales de lxs Trabajadorxs Sexuales, enfrentar las posiciones que estigmatizan, penalizan y criminalizan el Trabajo Sexual, y fomentar la promoción, protección y garantía de los Derechos Humanos y Laborales de las personas que ejercen el Trabajo Sexual.

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María Carolina Fabrizio

María Carolina Fabrizio

Estudiante de Letras. Orientación en Literatura Extranjera. Investigadora independiente del género fantástico y la literatura vampírica. Escritora, ensayista y friki.
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