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Mujeres transforman Afganistán

Afganistán.- Cercada de funcionarios y consejeros masculinos, galantes y tolerantes, Masooma Muradi manifiesta su posición firme contra la discriminación disimulada –sexismo- en una sociedad afgana poco preparada a observar a las mujeres con carácter de autoridad.

En este contexto, Muradi ha sido la primera mujer –y la única hasta  el día de hoy– en ocupar el puesto de dirigente en la encerrada provincia de Daikundi, ubicada al centro de Afganistán, desgarrando un tabú en un país de arraigados hábitos patriarcales.

Pero a menos de un año de su nombramiento oficial por parte del presidente Ashraf Ghani, su labor ya se ha visto amenazada y desprotegida por los reclamos insistentes de responsables religiosos para sacarla del cargo, algo que instruye lo dificultoso que es ser mujer en un mundo dominado por hombres.

“No me dejo amedrentar por los hombres y la humanidad actual no espera eso de una mujer”, expone la mujer de 37 años, un metro y medio de altura y  cuyos arrumacos dulces esconden una energía de hierro y una valentía para resistir en el cargo.

Madre de dos hijos, Muradi fue elegida por el jefe del Estado para dirigir el estado de Daikundi, una provincia conformada por lagos, colinas verdosas y cumbres rocosas, rodeada de otras provincias arrasadas por la insurrección islamista.

Las protestas en su contra se emprendieron implícitamente antes de que tomara propiedad de su cargo. Sus contrincantes, en su mayoría hombres, la entorpecían y negaba por su falta de experiencia.

En este orden, Muradi ha alcanzado mantener la frente en alto, aunque la tirria hacia ella era evidente. Cuando se le condujo últimamente durante un paseo por Nili fue incuestionable que debe ser custodiada por sus guardias, armados con fusiles Kalashnikov. “Inútil”, le vocifera un hombre a su paso. “Quizás sólo debería ser dirigente de las mujeres”, expresa otro.

La pobreza

Daikundi es una de las 34 provincias de Afganistán más dificultosas de gobernar, con un desempleo epidémico y una economía asentada en una pequeña cosecha de almendras. “Tenemos escuelas pero la mayoría sin edificios y hospitales, pero muchos sin médicos suficientes”, acotan habitantes de la zona.

 

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