Nativos colombianos desplazados piden limosna en Bogotá

Colombia.- Los nativos colombianos que fueron desplazados de su tierra por la violencia, y otras causas, se mudaron a Bogotá y tratan de subsistir incorporándose a un empleo o pidiendo en las calles.

La violencia que persiste en algunos territorios de Colombia, así como el aprovechamiento por parte de personas inescrupulosas que usan a los pobladores originarios para pedir limosna, son algunas de las causas que originaron este movmiento migratorio interno.

Las ayudas del Estado no son suficientes para sus necesidades

Los nativos son fácilmente reconocibles por sus coloridas vestimentas, sus instrumentos típicos y el lenguaje ancestral que usan para comunicarse entre ellos.

Según datos aportados por el Ministerio del Interior, en la capital colombiana habitan 14 etnias nativas, cinco reconocidas y nueve en proceso.

La Unidad de Víctimas acogió a una gran mayoría, sobre todo a aquellos que realmente fueron desplazados por a violencia, y ya muchos están integrados a la fuerza de trabajo de la ciudad.

Pero otros, como los pertenecientes a las etnias embera katío y embera chamí, entre otros, han tenido que recurrir a la mendicidad para poder subsistir.

El gobernador de la etnia misak en Bogotá, Miguel Antonio Tumiñá, señaló que “desde hace muchos años, los pueblos ancestrales han sufrido de desplazamiento y el Gobierno no ha garantizado el estilo de vida tradicional de las víctimas. La necesidad de sobrevivir y la falta de oportunidades han obligado a que algunos indígenas tomen la decisión de pedir limosna en las ciudades”.

El líder nativo aseguró que la mayoría lo que desea es trabajar, pues están acostumbrados a hacerlo en sus predios. Los niños y las mujeres son los más vulnerables.

El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) indicó que trabaja intensamente para tratar de ayudar a los nativos que están en condiciones de mendicidad, pero en algunos casos no puede prestar el apoyo que desean, pues no pueden apartar a los niños de sus padres y estos no tienen otra vía para conseguir su sustento.

Las comunidades katío y chamí, de Chocó y Risaralda, son las que más se dedican a pedir limosna y son muy difíciles de contabilizar pues están en permanente movimiento.

Además, es complicado iniciar procesos contra los padres que ponen a sus hijos a solicitar dinero en las calles, pues aunque el ICBF los puede acoger, ellos están regidos por las leyes nativas.

En muchas ocasiones los pobladores optan por pedir dinero aun cuando la Unidad de Víctimas les garantiza su vivienda y manutención, indicó un funcionario.

Cada día es más común ver a nativos pidiendo en las calles colombianas

Un pequeño grupos de nativos prefiere no regresar a sus territorios, porque han encontrado en la ciudad un negocio rentable al pedir dinero en la calle y aprovecharse de su condición de víctimas.

El defensor delegado para asuntos étnicos, Pedro Posada, aseguró que gran parte de las comunidades que llegan a ciudades como Medellín, Cali y Bogotá tienen el respaldo del Estado, pero no es suficiente para solventar sus necesidades y por eso se dedican a la mendicidad.

El retorno a sus territorios parece ser la solución ideal para el problema de las comunidades originarias, pero se deben garantizar las condiciones para que se haga efectivo de la mejor manera posible, y no se devuelan a las metrópolis.

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