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Periodismo: ¿el mejor oficio del mundo?

“El periodismo es una pasión insaciable que sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad”, dijo el escritor y periodista colombiano Gabriel García Márquez ante la 52ª Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), el 7 de octubre de 1996. Además, en dicha asamblea definió al periodismo como un oficio “incomprensible”, pero el “mejor del mundo”; ¿es, en ese sentido, el periodismo el mejor oficio del mundo?

En general, se asocia la cualidad de “ser el mejor” con una profunda autocrítica. En la República Argentina, “la teoría de medios siempre fue algo intermitente”, expresa el secretario de redacción del diario La Nación Pablo Sirvén. Recuerda que en los setenta, conocida como la “edad de oro” del periodismo argentino, fue “bastante pródiga la crítica de medios”, pero que en la década siguiente se tornó “complicado. Después en los noventa, con la explosión de los multimedios, empezaron a aparecer muchas notas de medios y de empresarios, también de periodistas”, rememora.

“Yo que me eduqué en la Universidad de Buenos Aires en la década del noventa, me preguntaba el porqué del silencio de los periodistas sobre la noticia de medios”, lo contradice el director del diario Buenos Aires Herald Sebastián Lacunza. Por otro lado, él percibe como un “salto positivo” la discusión sobre medios en estos últimos años.

Lacunza considera que no se deben publicar cosas sin chequeos ni transitar “sospechas”, sino “datos concretos”. “Lo más grave es que estos atentados éticos obedecen a una noción intrépida del oficio, asumida a conciencia y fundada con orgullo en la ‘sacralización’ de la primicia a cualquier precio y por encima de todo”, las palabras de García Márquez, en vigencia después de casi 20 años, complementan a Lacunza.

El periodista y relator uruguayo Víctor Hugo Morales opina que la “búsqueda de la verdad” se ha perdido, pero no sólo por transitar datos faltos, sino que lo atribuye a los multimedios, como el Grupo Clarín, que están abocados a crear “opinión pública” en vez de información. “Cuando vimos a esos ‘odiadores’ que se expresaron el 18F por la muerte de (Alberto) Nisman, veíamos a toda una sociedad absolutamente enferma. Nadie esperaba datos reales de lo que había sucedido, se lanzaban a acusar a la presidenta (Cristina Fernández de Kirchner) de asesina”, ejemplifica.

Por otro lado, la periodista política Romina Manguel difiere con su colega y pone el eje de la discusión en los periodistas y no en sus empleadores. “No hay medios que hayan trabajado mal; hay periodistas que han trabajado mal“, subraya. “No debo propagar un rumor instalado, ni aun cuando sea afín a mis pensamientos”, completa en forma de máxima el columnista de Página 12 Mario Wainfeld.

Es en ese sentido que el periodista Luis Majul denuncia que en estos últimos años la compra de medios por empresarios con intereses en los gobiernos de turno, favorece la sustitución del periodista por el de un “operador”. “Un operador es alguien sin otro criterio más que la plata”, dispara.

Por otro lado, la irrupción de las tecnologías de información y comunicación (TICS)-internet, redes sociales, entre otras- han contribuido al desarrollo o empobrecimiento, según se lo vea, de la labor periodística. “El oficio no logró evolucionar a la misma velocidad que sus instrumentos”, denunció en 1996 García Márquez y comparó a las salas de redacción con “laboratorios asépticos”. “Parece más fácil comunicarse con los fenómenos siderales que con el corazón de los lectores”, remarcó.

Por un lado, Manguel justifica la “deshumanización galopante” del periodismo acusando a una pérdida de “olfato”. “Recorremos poco, nos falta salir mucho a la calle”, puntualiza la periodista. Por el otro, Sirvén arremete contra las TICS  y manifiesta que la irrupción de lo online favorece al olvido: “Con las online, no sé qué pasará. (Un día) se cambia el dispositivo y quizás muchos archivos se perderán”.

En la actualidad, se denuncia la “falta de olfato”; los partidismos y el nacimiento de los “periodistas militantes”; el bajo chequeo de fuentes, la representación de intereses en perjuicio de la verdad, el descrédito entre periodistas y tantos otros “males”. Es por eso que Lacunza reflexiona sobre la necesidad de impulsar en el periodismo “una tarea de asumir con mayor profundidad el cuestionamiento y reconstruir la credibilidad” porque para ser el mejor oficio del mundo, como dijo el periodista y escritor argentino Rodolfo Walsh –desaparecido en el marco de la última dictadura cívico-militar argentina-, “el periodismo debe ser libre o será una farsa”.

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