francisco

Perú: comunidades nativas esperarán al papa Francisco

Perú.- La comunidad de Madre de Dios es una de las primeras que recogió a las etnias nativas que huían de la fiebre del caucho y que esperan al papa Francisco.

Viven doscientos descendientes de shipibos, campas y machiguengas que en este momento se encuentran en riesgo por la minería ilegal, la trata de personas y la contaminación.

En este sentido, el obispo de Puerto Maldonado señaló que Francisco se congregará con más de tres mil nativos. Fundador de albergue de víctimas espera que su llegada haga reflexionar a las pandillas.

Allí se encuentran juntos, encerrados entre las paredes y el techo de madera del convento que fue instituido por los sacerdotes dominicos que protegieron a sus abuelos y padres, en plena fiebre del caucho durante la primera década del siglo XX.

Ceferino Kirisina (77), Aurora Campos (86) y Manuel Kuakibehue (57) provienen de distintas etnias, pero son una sola voz.

Según reseñó el portal La República, los nativos de Shipibo cargan un antiguo dije de la Virgen del Pilar, cuyo mármol pesa como los ramilletes de plátanos que cosechan.

Los nativos de la etnia Campa recuerdan su infancia cuando era evangelizaos por Manuel Kuakibehue, quien explicó que sus descendientes aprendieron a vivir acoplados luego de huir de los maltratos, los abusos y la explotación de los hombres blancos que se encontraban seducidos por la goma que convertían en llantas.

Con sus discrepancias en rasgos culturales y lengua, ellos y otras 200 personas integradas en 42 familias, viven en este momento en la comunidad nativa de El Pilar.

papa

Tierra nativa

La tierra de Ceferino, Aurora y Manuel resulta una de las primeras comunidades nativas de la región Madre de Dios, de las más de treinta existentes, que hospedó a diversas etnias amazónicas detonadas por los ambiciosos del caucho.

Tiene cerca de cien años, es católica y sobrevive incomunicada a una hora en canoa de la metrópoli de Puerto Maldonado, adonde, justamente, llegará el papa Francisco el  venidero viernes diecinueve de enero del  año 2018.

“Acá los sacerdotes instituyeron el convento, un internado y hasta una pista de aviones. Auxiliaron a nuestros abuelos y padres de un ultimátum, pero ahora nosotros vivimos otra: la indolencia y los inconvenientes que trae la minería ilegal”, contó Ceferino, quien llegó a la comunidad (al igual que Aurora) cuando era niño.

En la comunidad de El Pilar viven de la agricultura y la pesca. Comen lo que cosechan. “Nosotros conservamos la selva, el bosque, pero no nos toman en cuenta”, manifestó Manuel.