Salud

Sí, resulta natural ser perezoso

Supongamos que, previo a la hora de dormir, programa una alarma para disfrutar del tiempo de salir a realizar algún tipo de deporte antes de llegar al lugar de trabajo. Enseguida, cuando ya son las seis de la mañana y es tiempo de despertarse, la ternura de las cobijas resulta tan cálida que usted solo llega a renunciar a su cama cuando va tarde al trabajo.

Inclusive aquellos con los óptimos propósitos, con frecuencia combaten contra la pereza y la flojera y deben hallar motivación para ejecutar diferentes ejercicios. Casi siempre existe una eficaz tentación de hacer algo -o nada- además de un ciclo de running. Esto puede apreciarse como una frustración personal, como si la providencia de no adiestrarse fuese un símbolo de agotamiento, o al menos de poca potencia de voluntad.

No obstante, resulta posible que únicamente se trate de la tendencia evolutiva de los seres humanos a ser holgazanes. Al menos esa es la hipótesis de un catedrático de Harvard que considera que nuestros antepasados derrocharon tanta voluntad en la caza y la cosecha que buscaban tregua  y respiro siempre que podían. Los seres humanos se encuentran, por tanto, inclinados a querer conservar la energía.

Daniel Lieberman, un especialista en biología humana progresiva, esbozó en un documento académico divulgado en el año 2015 –bajo la denominación de ¿El adiestramiento resulta realmente medicinal? Una representación evolutiva– que el deporte no es una corriente nativa del ser humano.

Lieberman expuso que los orígenes del hombre combatían para amontonar la suficiente cuantía de alimentos como para indemnizar las calorías que desechaban al buscar esa comida. Por lo tanto, precisaban almacenar su energía siempre que poseían la conformidad. La mayoría de los humanos actuales que forjan ejercicios no requieren inquietarse de sí, detrás de un ejercicio, serán competentes de remediar el déficit de calorías.

El experto resaltó que la conservación alimenticia y nutritiva va más allá del deporte en sí e insinuó que se trata además de un prodigio cultural del mundo actual. El científico esgrime como ejemplo la usanza de escaleras mecánicas en un centro comercial: al instante de preferir, la mayoría de los individuos seleccionará las máquinas que efectúan el esfuerzo por ellas.

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