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Stephen Wiltshire, el hombre que dibujó a Roma de memoria

Auriculares, un helicóptero y un fibrón negro. Stephen Wiltshire utiliza esos elementos para crear murales de cinco metros de largo y planificar las grandes ciudades del mundo. Wiltshire se sienta y los dibuja. Cuando se cansa de la silla, se para y sigue, hasta que sus brazos dicen basta. Un viaje introspectivo por el cerebro del hombre al que denominaron “La Cámara Humana”.

Trazos iniciales

Wiltshire nació en Londres hace cuatro décadas. Los años iniciales de su vida fueron ensimismados, solitarios, alejados del contacto exterior. El médico le diagnosticó autismo, un trastorno psicológico que hace al sujeto concentrarse demasiado en su propia persona.

Los ojos funcionaban como dos cámaras que captaban una imagen y se tatuaban en su cerebro. Luego las plasmaba.

El mundo interior de un joven Stephen Wiltshire comenzó a expresarse en el dibujo. Los primeros diagramas aparecieron trazando cotidianeidades: animales, edificios históricos y autos. El detalle obsesivo de cada trazo dejaba manifestada su habilidad.

De a poco empezaba a observarse una obsesión en el detalle, que devenía de una experiencia visual extrema. Los ojos funcionaban como dos cámaras que captaban una imagen y se tatuaban en su cerebro. Luego las plasmaba. A los 11 años, Wiltshire se subió a un helicóptero y recorrió Londres desde el aire. El resultado de aquel vuelo es el inicio de todo.

The Human Camera

En ese recorrido, el niño Wiltshire sobrevoló la capital inglesa. Cuando el recorrido terminó, se dispuso a dibujar. Londres se reflejaba a la perfección. En la comparación, los edificios trazados tenían la misma cantidad de ventanas que los reales. Aquel niño había necesitado verlos solo una vez, en un golpe de vista.

La memoria de Wiltshire es un disco rígido, un dispositivo de almacenamiento que sólo se corresponde a una función. En medicina, lo llaman “Síndrome del Sabio”, una habilidad que aumenta un conocimiento particular, pero disminuye las capacidades de sociabilización y habla. El refugio intelectual de Wiltshire es a la vez lo que lo aleja del mundo.

Ese mundo, sin embargo, es representado en sus dibujos por las principales capitales y ciudades del globo: Roma, Nueva York, Ciudad de México o Tokio. Wiltshire las ha diagramado a todas. Su comunicación con el mundo es por medio de la gráfica. Habla a través de su mano.

Una última línea antes de terminar. Stephen Wiltshire está molesto, le duelen los brazos. La postura que toma para dibujar lo cansa físicamente y prefiere dejar la obra. Su cuerpo, de a poco, aminora la marcha. Su cerebro también se toma un descanso. Wiltshire sabe que todavía quedan ciudades por dibujar. 

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