Temer: “Masacres en cárceles son una preocupación nacional”

Brasil.- El presidente Michel Temer afirmó que las bandas criminales que han protagonizado masacres en varias cárceles del país durante las últimas semanas “preocupan” a la nación.

Igualmente, destacó que estos centros penitenciarios funcionan “como un todo” porque se rigen por sus propias reglas las cuales están “fuera del Estado”.

Temer además dijo que para sorpresa del gobierno cuando estos individuos ejecutaron los asesinatos lo hicieron basándose en sus propios códigos. Por lo que agregó que esta es una cuestión que supera los límites de seguridad y que preocupa sobremanera al país como un todo.

En ese sentido, recordó que desde comienzos de 2017 se han producido violentas riñas entre facciones rivales en cárceles de algunos estados del país con un balance de al menos cien reos muertos y que esto ha dejado en evidencia las pésimas condiciones del sistema penitenciario brasileño así como los serios problemas de hacinamiento y seguridad que enfrentan.

La crisis inició entre el 1 y el 2 de enero en el Complejo Penitenciario Anisio Jobim (Compaj) en Manaos, capital del estado de Amazonas, cuando miembros de FDN iniciaron una cacería sanguinaria contra integrantes del PCC que dejó un saldo de 56 muertos en su mayoría fueron descuartizados.

Ese episodio fue catalogado como la segunda mayor masacre en la historia carcelaria de Brasil luego de la ocurrida en 1992 en una casa de detención de Sao Paulo, conocida como Carandiru, en la que murieron 111 reclusos.

Temer manifestó que esta realidad “exige” que se construyan nuevas cárceles porque las condiciones actuales son “inhumanas” debido a la superpoblación de internos en los penales que se aproxima a los 622.000 presos que representan un 67,3 % más de su capacidad. Esto hace que Brasil tenga la cuarta mayor población penal del mundo, por detrás de Estados Unidos, China y Rusia.

La masacre hizo que el Gobierno brasileño se viera obligado a adelantar la publicación del Plan Nacional de Seguridad, que incluye la modernización de los centros penitenciarios existentes y la construcción de cinco nuevas prisiones federales de máxima seguridad.

El presidente brasileño declaró que con estos nuevos centros de reclusión podrán eliminar las condiciones “digamos inhumanas en que los presos se encuentran hoy. Hay prisiones en las que caben 600 personas y están con 1.600″.