viernes, septiembre 17, 2021
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2 de abril: Día Mundial del Autismo

Entre el devenir y las etiquetas

Hay un grupo de Facebook que suelo frecuentar casi todos los días y en el que colaboro activamente. Fue creado por personas con el síndrome de Asperger (una forma sutil de autismo que suele denominarse high functioning autism; es decir, “autismo de alto funcionamiento”).

A pesar de ser abierta a toda la comunidad, esta página de EEUU está orientada a la comunidad Asperger y por lo tanto se rige según las normas y pautas de dicho colectivo. El grupo de Facebook posee, entonces, ciertas reglas de funcionamiento. Una de ellas es: “borraremos todo mensaje que publicite a Autism Speaks, que reproduzca las creencias de los NT (neurotípicos), o que haga referencia al autismo como enfermedad que debe ser curada”.

[pullquote]Hemos creído durante demasiado tiempo que los autistas eran incapaces de pensar, sentir, valerse por sí mismos; que su condición representaba una suerte de enfermedad o al menos una discapacidad mental. La realidad es que los autistas no son minusválidos sino neurodiversos.[/pullquote]

¿Autistas socializando? ¿Agrupándose en un grupo de Facebook e imponiendo normas? ¿Formando un colectivo propio? ¿Despotricando contra nosotros, “los normales”? ¿No va esto contra todas nuestras creencias sobre lo que es el autismo? ¿No son ellos los raros, los extraños, esos otros que deberían “integrarse” a nuestra sociedad?

La respuesta es NO. Rotundamente NO.

Hemos creído durante demasiado tiempo que los autistas eran incapaces de pensar, sentir, valerse por sí mismos; que su condición representaba una suerte de enfermedad o al menos una discapacidad mental. La realidad es que los autistas no son minusválidos sino neurodiversos. Su cerebro está literalmente conectado de manera tal que perciben y experimentan la realidad de un modo muy diferente al del resto de los mortales. Ni mejor, ni peor: diferente.

Un neurodiverso, por ejemplo, no posee la misma capacidad de empatía que un neurotípico: no puede “ponerse en los zapatos del otro” e interpretar sus emociones. Sin embargo, tiene una extraordinaria capacidad de abstracción y es capaz de descollar en sus áreas de interés. El neurodiverso suele tener inconvenientes para internalizar y poner en práctica pautas sociales básicas, por lo que a menudo parece ser “grosero”. Asimismo es incapaz de interpretar ironías, manipular, mentir, porque sus esquemas mentales son mucho más estrechos. No obstante, es capaz de acceder a pensamientos laterales comúnmente vedados a los neurotípicos. Como vemos, las diferencias entre neurotípicos y neurodiversos no son ni tan obvias ni tan mensurables como pareciera.

Hay una noticia. Los autistas, que poseen intereses propios y sobre todo son sujetos más allá de las etiquetas, no desean ser caratulados de enfermos. No quieren ser curados. Estos innumerables grupos de Facebook que se reproducen sin cesar (y de los que intento formar parte) son una ventana a su pensamiento. Y debo decirlo: se trata de una mirada mucho más compleja de lo que podríamos suponer.

Más de una vez los he leído preguntándose por qué nosotros, los neurotípicos, pensamos del modo en que lo hacemos. Por qué procesamos la realidad de determinada manera. Cuál es la razón por la cual actuamos de una manera tan extraña para ellos. ¿Por qué no decimos la verdad? ¿Por qué manipulamos? ¿Por qué no podemos simplemente decir que ese vestido le queda horrible a esa mujer? ¿Por qué intentamos mantener las formas y la cortesía, si en rigor se trata de faltar a la verdad? No entienden nuestro sarcasmo, nuestras ironías. E intentan infructuosamente adaptarse a una sociedad que los rechaza y les pide que cambien para ser considerados ciudadanos productivos.

Quizás sería interesante que dejáramos de hablar por ellos. Que pudiéramos, por un momento, escuchar lo que tienen para decir.

 

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