sábado, octubre 23, 2021
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Brasil afila habilidades diplomáticas

El actual mandatario brasileño, Michel Temer, debe hacer frente a las consecuencias de los escándalos por corrupción en el país y a la depresión económica.

Temer, presidente interino brasileño, deberá enfrentarse tanto a las consecuencias de escándalo de corrupción como  a una depresión económica que presenta el país.

Desde el 13 de mayo, el actual ministro de Relaciones Exteriores, José Serra, ha expuesto una serie de repuestas, catalogadas como “fuertes” a algunos de los países vecinos de Brasil, que se apresuraron a condenar la destitución de la mandataria Dilma Rousseff y calificar el acto como “Golpe parlamentario” y como amenaza a la democracia en la región.

El vecino presidente Nicolás Maduro, llamó a su embajador y el mandatario cubano Raúl Castro aseguró que haría Looby en la comunidad diplomática para recuperar la democracia brasileña que se encuentra actualmente en peligro.

Diversos países izquierdistas como, Bolivia, ecuador, El Salvador, Nicaragua y Cuba se han adherido  también a esta causa ya que ninguno de estos gobiernos reconoce a Temer como presidente constitucional de Brasil.

Con respecto a la nueva política exterior, la repuesta por parte de Serra fue contundente, rechazó los internos de “propagar falsedades sobre los asuntos internos de Brasil” y  aseguró que el juicio político realizado a Rousseff fue desarrollado bajo “un contexto de respeto por las instituciones democráticas y a la Constitución”

Por otra parte, el apoyo de gobernantes de países latinoamericanos no constituyó una sorpresa, durante casi 15 años, el Partido de los trabajadores gobernantes se había esforzado por debilitar el poder que tenía Estados unidos sobre las Américas. Esto  era cortejando a países de ideologías similares en el mundo en vías de desarrollo, ya que era un acto concluyente para impulsar la búsqueda de categoría global de Brasil.

Durante el 2003 y 2011, Brasil duplicó la cantidad de embajadas en continente Africano que aumentaron de 17 a 37.

En el mandato de Lula da Silva, Brasil jamás adoptó una el tipo de populismo caótico que tenía el comandante Hugo Chávez, pero sí aceptó la idea de presunta “revolución bolivariana” como un “socialismo del siglo XXI” en todo el hemisferio, brindándole su apoyo a este en campañas políticas y  también a su sucesor, Nicolás Maduro.

 

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