sábado, octubre 16, 2021
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Club Atletico River Plate de America

Campeón de América es lo suena en las radios, televisión, en la boca de cada hincha, y se puede leer en cada diario del país. Hace 19 años que se tuvo ahogado este grito y que se profundizo desde que el club toco fondo en el año 2011. “Me veras volver y te arrodillaras” decía una bandera meses después de que la banda roja recuperara su lugar en la máxima división del fútbol argentino, y así fue, porque River desde que volvió, empezó a recordar lo que es ser un grande. Primero, armo un equipo competitivo con el cual logro ganar, otro más, un campeonato local. Entro a las copas, se dio el gusto de ganar la sudamericana, le gano a San Lorenzo y se llevó la Recopa. El miercoles por la noche, con un cielo que se venía abajo, se puso el título de rey de América después de tanto tiempo. Y en el medio de todo eso, en menos de 6 meses se dio el gusto de eliminar a Boca de torneos internacionales, no una sola vez sino dos veces. La banda roja no solo se llevó una copa más para sus vitrinas del museo, se ganó el premio al esfuerzo, al trabajo en equipo y la gloria eterna por hacer las cosas bien. Un 5 de agosto del 2015, River Plate volvió a ser un club. Un grande. El dueño de América.

A mediados del año pasado, tras la partida de Ramón Díaz, la dirigencia del club se movió rápido y en poco menos de dos semanas, Marcelo Gallardo estaba firmando su contrato. El gran impulsor de que “Napoleón” fuera el técnico de River fue nada más y nada menos que el inmenso Enzo Francescoli. Con el tiempo el equipo del “muñeco” fue enamorando al público y comenzó a mostrar un nivel de juego que hacia emocionar, te generaba mariposas en el estómago y te reventaba las palmas de tanto aplaudir a los jugadores porque preferían salir jugando por bajo y si no se podía, se buscaba la vuelta para poder salir de la formas más prolija y sin revolear el balón. Hasta que llego Estudiantes de La Plata y le saco el bastón, la galera y el traje de etiqueta al millonario pero eso no importaría porque cuando muchos pensaron que se venía el debacle del equipo, fue ahí cuando salió el grupo adelante, ese grupo de jugadores que anoche se quedó con la copa y le dio toda la tranquilidad del mundo a su hinchada porque ahora en menos de un año tiene que visitar Japón. Si, en busca de dos títulos. River vuelve a pisar fuerte en el plano internacional. Ese preciado y hermoso lugar entre los grandes del mundo. Nunca dejo de ser grande, solo se fue a dormir un rato para despertarse con más hambre de gloria.

¿Pero anoche fue la primera muestra de carácter? No, este equipo cunado se las ve negras, anoche por momentos parecía que el cielo se estrelló contra el campo de juego, es cuando mejor le va. Contra Boca, muchos hablaban de que la fase de octavos iba ser muy complicada para la banda roja porque haber perdido el clásico por el torneo y enfrentarse a un equipo con puntaje perfecto en la fase de grupos, era casi una misión suicida. ¿Qué paso? River apunto con la cabeza, rompió la pared y se subió al avión que lo llevo a Belo Horizonte para ganar, en lo que fue y será hasta el momento, el mejor partido que haya jugado en el año. Esa noche en tierras brasileras, los dirigidos por Marcelo Gallardo dieron muestra que estaban para cosas serias y que no fue casualidad eliminar a su archirrival, más allá de que un panadero no se bancara la paliza táctica que estaba sufriendo de local.

A este equipo le tocas el orgullo y te salta como un León, no un tigre, no un puma, sino como el rey de la selva. Se corono una idea, un trabajo y más que nada pero muy importante, el miercoles un equipo se llevó la gloria que tanto merecía. Porque tipos como Jonatan Maidana, Ramiro Funes Mori, Carlos Sanchez, David Trezeguet y Ariel Rojas, a todos ellos hay que darles las gracias porque vivieron un momento oscuro en la historia del club y a pesar de todo, confiaron en la banda roja, en la gente y se animaron a jugar. Hoy la vida le desvuelve esta copa como premio por creer y luchar siempre.

Párrafo aparte para Fernando Cavenaghi. El hincha que jugo una final, el hincha que llego a los 100 goles con el club que ama, el hincha que volvió de la mano de un amigo (Alejandro Dominguez) a dar la cara por el club que ama en un momento feo, el que se banco todas, el que jugo infiltrado casi todo un torneo pero poco le importo porque primero está la institución, luego el grupo y después la gente. Este delantero que siente la camiseta como vos, como yo, y como cualquier hincha de River. Ayer se dio el gusto y levanto la Copa Libertadores, “el único título que me faltaba con este club” fueron las palabras de Cavenaghi, y que apenas unas horas despues de gritar campeón, dejo de pertenecer al millonario porque su contrato finalizaba cuando la copa terminase. Se fue por la puerta grande, y a pesar de que todo un estadio entero y un país, menos algunos, lo pida para que vaya a defender la banda roja a Japón, el torito decidió marcar que este es el momento para irse por la puerta grande. Ese tipo que después de haber devuelto al club que ama al lugar donde jamás tendría que haber abandonado, fue ninguneado y echado como un perro por parte de unos de los presidentes más nefastos que tuvo el club y por un técnico que solo seguía ordenes de arriba. Se la banco, se fue a México y luego a España pero siempre tuvo un ojo en Nuñez. Porque le faltaba algo, le faltaba un grito que tenía ahogado desde que jugo por primera vez en el monumental. Ser campeón de América. El hincha que lleva el monumental tatuado en su brazo, ese hincha que lloro con su hijo en la mitad del campo de juego porque había ascendido con el club que ama, anoche se corono como ídolo. A partir de ahora, al “Enzo”, “Beto”, “Bufalo Funes”, “Muñeco”, “Burrito, se le suma un apodo más y es el de “Torito”.

Y Leonardo Ponzio? Es el león de la mitad de la cancha. El “Terminator” que no deja pasar a nadie. Puede ir a los tumbos durante todo el partido pero no es porque no sabe jugar sino porque no quiere dejar que el contrario se haga dueño del balón. Ese tipo que vino cuando el club estaba mal. Y que con humildad y grandeza, “voy a tratar de que no se extrañe a Kranevitter” se acordó de su compañero y jugo unos de los mejores semestres desde que está en club. Un tipo que supo reinventarse cuando le toco estar en el banco porque su forma de jugar no era la que el técnico necesita. Un tipo que no nació en Nuñez pero que con el tiempo se fue ganando el cariño de la gente y se hizo parte de esta gran familia.

Tampoco hay que olvidarse de gente como Marcelo Barovero, Gabriel Mercado (ese que te grita un gol en la semifinal y se va llorando a festejarlo), Leonel Vangioni, Matias Kranevitter, Rodrigo Mora, Teofilo Gutierrez, Lucas Alario, y las lista puede seguir, pero no hay que olvidarse. Nunca hay que olvidarse, ni de las cosas buenas y menos de las malas. Porque de todo se aprende, todo sirve y a futuro te pueden traer consecuencias. River vuelve a sonreír. Se trepa a la sima del mundo desde este lado del planeta y en el futuro, buscara subirse a los más alto del Monte Everest para dominar el mundo. Es complicado pero jamás imposible con esta clase de guerreros. Con estos espartanos que tomaron el escudo y la lanza. Se fueron contra viento y marea. Viajaron por miles de lugares y trajeron la gloria a casa. Esa que fue robada hace tanto tiempo y que nos extrañaba. Esa gloria que hace temblar una mole de cemento como el monumental. Esa gloria que vino de la mano de Napoleón y sus soldados. Hoy el millonario dice salud y se pone las botas de campeón.

 

 

Vídeo institucional de River Plate

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