miércoles, diciembre 8, 2021
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Democracia: diálogo, respeto y consenso

«Estoy acá porque ustedes lo han decidido», dijo un Mauricio Macri visiblemente emocionado tras conocer los resultados del balotaje que lo consagraron como presidente de la República Argentina para el ciclo 2015-2019. El 10 de diciembre la actual mandataria Cristina Fernández de Kirchner le entregará la banda y el bastón presidencial, que Alfonsín y Perón, entre otros, también usaron.

Una nueva fiesta de la democracia está por concluir. Ya no quedan más votos por escrutar, tampoco habrán denuncias de fraude al parecer. Muchos insisten con que estos años bajo gobierno kirchnerista han dejado una grieta en los argentinos, una herida que sólo el tiempo – además de la fe y la esperanza como diría el ex candidato Daniel Scioli- podrá curarse.

Descreo profundamente que haya un división tan tajante en el pueblo argentino. Por supuesto que hay extremistas: el famoso «cabeza de termo», que abunda tanto en un lado como el otro. La problemática radica en que son aquellos los que siempre toman la palabra para hablar y representar. Ellos que hablan cegados, ellos que muchas veces descalifican al hombre.

No respetan al que está del otro. Es más fácil descalificar al hombre por su condición de hombre que por su ideología, argumento y pensamiento. De esa manera, no hay respeto porque no se identifica al de en frente como un interlocutor válido, tan válido y con tanta palabra como cualquiera que camina esta tierra.

En los años que están por venir, la herida a subyugar es la propia argentinidad. Es perfecto sostener pensamientos opuestos, sino ¿qué gracia tendría la política, si están todos cortados por la misma tijera?.

La palabra «discutir» en cualquier idioma y diccionario significa examinar y tratar entre varias personas un asunto o un tema proponiendo argumentos o razonamientos para explicarlo, solucionarlo o llegar a un acuerdo acerca de él. La discusión es la base de la democracia: es el intercambio más puro porque hay puntos de vista distintos que llegan a un consenso fundamentado en el respeto y la participación de todo el crisol de voces. Prediquemos con el ejemplo, así nuestros gobernantes estarán «obligados» a dialogar.

Festejemos la democracia. Festejemos la alternancia política. No hay que desearle el mal a ningún gobierno porque detrás de quien preside se encuentran las vidas de 40 millones de argentinos.

A Macri le espera un escenario complejo. Su frente no tendrá mayoría propia en las dos cámaras del Congreso. En la Cámara de Diputados, el reciente oficialismo tendrá 93 bancas, mientras que el kirchnerismo retendrá 102. En el Senado, el Frente Para la Victoria contará con amplia superioridad, mientras que el Pro contará sólo con 16 escaños. Por otro lado, en cuanto a las gobernaciones, el mapa es más diversificado: 12 del FPV, 4 del PJ no kirchnerista, 3 radicales, 2 de Pro y 3 de otras fuerzas políticas.

Agradezcamos que no vivimos como nuestros abuelos o padres: democracias con partidos proscriptos y alzamientos militares. Eso es verdaderamente sentir miedo, ser reprimido y no decidir. En cambio, nosotros tenemos la libertad para expresarnos. Nuestra libertad no termina donde empieza la del otro, las libertades humanas coexisten y conviven a la par. No nos rasguemos las vestiduras defendiendo candidatos, dejemos cada gota de nuestra vida defendiendo la democracia, que tanto nos costó conseguir.

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