domingo, octubre 24, 2021
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Despidos y quiebras del sector privado argentino

Argentina.- Se debaten despidos de empleados/as estatales, mientras tanto las empresas privadas dejan a otros miles de trabajadores /as en la calle.

Desde el Estado nacional se ejecuta una limpieza del personal estatal, un corte de la recientemente llamada «grasa militante». La misma es apañada por un sector de la opinión pública, entendiendo que se tratan de «ñoquis», gente que cobra un sueldo estatal sin presentarse a ninguna dependencia. En los sectores de la oposición se vislumbra una persecución ideológica y un recorte de programas con fines sociales por un gobierno autoritario, que ascendió al poder a través de una campaña en defensa de las instituciones y la democracia.

Mientras tanto, en la esfera privada, encontramos despidos/quiebras de una serie de empresas de distintos rubros que dejan en la calle a una gran masa de trabajadores /as. Cerámicas San Lorenzo, Felsom (la empresa proveedora de Kevingston), Sol Líneas Aéreas, Cresta roja y la autopartista  Peugeot-Citroën disponibilizaron mano de obra que poco tenia de militante, le era imposible ser «ñoqui» y difícilmente su ideología haya tenido algo que ver con sus despidos.

Respondiendo a una sociedad polarizada encontramos de un lado a una anunciada «campaña del miedo» y desde el oficialismo como el corte con negociados entre sectores privados y públicos durante la época kirchnerista. Sin embargo, los recientemente disponibilizados, debido a la nueva visión  de mercado, no tienen un sustento, no responden a ningún partido político y poseen pocas posibilidades de organización para lograr un reclamo contundente. Con el antecedente de la represión, con un vago apoyo sindical, un ministerio de trabajo manejado por un ex-CEO, los despedidos solo le son útiles a la sociedad polarizada como una suerte de estadística, que reafirma sus creencias y deslegitima al otro extremo de la grieta.

Días atrás se disputaban la Plaza de Mayo quienes marchaban por el caso Nisman y quienes reclamaban la libertad de Milagro Sala o el despido de Víctor Hugo Morales. Hoy la plaza esta vacía, los trabajadores tanto los estatales como los privados se encuentran desvinculados, sus reclamos no son escuchados y no son cubiertos por la mayoría de los medios ya que no le son funcionales al rating. La opinión pública se encuentra acallada y nuevamente los más vulnerables son la carne de cañón de una puja de poderes a los cuales no responden ni tampoco son escuchados por sus dirigentes. 

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