Dilma Roussef enfrenta su tercera marcha

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Brasil.- Su asunción en el 2011 estuvo marcada por la falta de liderazgo y los embates de las crisis tanto Europea como de Estados Unidos. Luego de convencer a la opinión pública con un discurso condenando a la corrupción  y reclamando transparencia, Dilma Roussef emprende una fuerte campaña en programas sociales y Derechos Humanos. Adopta por medidas proteccionistas para defender la economía brasilera y fomenta —al igual que su antecesor— las relaciones con los demás países de la región.

Sin embargo, en los últimos años la percepción de corrupción es generalizada. Tiempo antes de celebrarse la Copa Mundial, Orlando Silva, ministro de deportes y organizador de la misma, renunció por irregularidades en los programas deportivos. Eso, sumado a las astronómicas cifras —se calcula que se sobrefacturaron 275 millones de dólares— y un alza en los precios del transporte público, generó marchas masivas en todo el país. En varios de los casos, se desató la violencia.

Es que Brasil afronta casos de corrupción de larga data. El 5 de Junio del 2005 un informe televisivo sacó a la luz una red de compra de votos organizada por el Partido de los Trabajadores (PT) —de raíz sindicalista—, en ese entonces comandado por Lula Da Silva. El juicio,  conocido como «Mensalao» (gran sueldo en español), involucró antiguos dirigentes del PT, casi una docena de congresistas y empresarios de comunicaciones.

Los brasileños vivían otras épocas. Confiados en un primer buen gobierno y la amplitud de la economía, gozaron de la asistencia social, la baja inflación, el crecimiento del PBI y la reducción del desempleo. A pesar de que el escándalo estalló antes de las elecciones, Da Silva consiguió ser re- electo y el PT siguió conservando el poder. Se impuso así la dirigencia sobre el escándalo.

Para cuando llegan los efectos de la crisis de 2008, Dilma Roussef ya había sido electa. Por tercera vez, el PT mantiene el poder. Hoy, con una economía en recesión, un 8% de desempleo y los sobornos por licitaciones ficticias en Petrobras (Operación Lava Jato),  Brasil atraviesa una tercera marcha multitudinaria. Las principales ciudades del país salieron a protestar y pedir juicio político para Dilma.  La presidenta, quien ha seguido las marchas muy de cerca, afirmó: “La gente tiene derecho a manifestarse”.

Encaminada en un plan de ajuste, la oposición tendrá que despejar algunas dudas sobre su liderazgo. No sólo apuntar contra la corrupción, sino también diseñar un propósito claro en materia económica y social.  Aunque se trató de un grupo menor, algunas pancartas señalaban: «intervenção militar já». Viejos fantasmas que germinan en la inestabilidad.



Estudiante de Periodismo.


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