jueves, octubre 21, 2021
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Distancia de rescate: una tragedia rural

Distancia de rescate” de Samanta Schweblin es un novela que genera tanta intriga por llegar al final del relato que no podés parar de leerla. Aun sabiendo que el final no será para nada agradable, más aún, sabiendo que lo que está ocurriendo se torna cada vez más macabro, de todas formas necesitás el alivio de poder terminar con la historia. Toda la lectura está acompañada por ese sentimiento de vértigo que provocan las situaciones cuyo final podés prever negro y incluso así decidís mantenerte firma hasta el desenlace.
La historia nos sitúa en un lugar que desde el vamos no asociaríamos con un escenario trágico. Un pueblo en el campo y la casa en una finca, son espacios que relacionamos con la vida, la naturaleza, la paz. Sin embargo, Samanta Schweblin logra convertir esa fantasía del aire puro es un lugar siniestro, oscuro e inseguro.
Aparece, como tema central, la presencia de un veneno que está intoxicando a los habitantes, sobre todo a los niños, y está convirtiendo al poblado en un lugar peligroso para vivir. En ese ambiente es que dos voces le darán marco a un relato tenso y vertiginoso. Dos narradores que, en forma de diálogo, guiarán la historia. Amanda, la madre de una niña llamada Nina y David, un niño que habita en el pueblo y que su pasado nos indica que es -en el presente de la narración- una criatura sombría.
Schweblin introduce en la historia el concepto de migración de almas, proceso por el que pasó David al sufrir una fuerte intoxicación de la que no se hubiese salvado si la madre no la hubiera llevado a la curandera del pueblo. Con esa información a cuestas es que leeremos a un David que guiará la narración de los recuerdos de Amanda y que usará cierta información que le escatima -y también a nosotros- para llegar al meollo de la cuestión. “Eso no es lo importante” será una muletilla que repetirá cada vez que crea que el relato de Amanda no está yendo hacia el lugar que clarificará la situación. Amanda obedecerá y seguirá adelante para reponer todo lo que le ha sucedido en los últimos días, aun sabiendo que su desenlace parece inminente.
Hay una búsqueda de la verdad de los hechos presentes y nosotros asistimos expectantes. Amanda está en una cama de lo que parece ser una sala de hospital y no sabe qué le está pasando ni dónde está su hija Nina. La amenaza estará siempre latente, tensionando cada paso que da la narración de Amanda. Sabemos que en el campo hay un veneno mortal y sabemos de la curandera y la transmigración de las víctimas. Sabemos que Amanda está con David en un hospital pero no sabemos dónde está Nina. Esa tensión madre-hija jugará un papel principal desde el principio, cuando la propia Amanda explique lo que significa vivir teniendo en cuenta la distancia de rescate:yo siempre pienso en el peor de los casos. Ahora mismo estoy calculando cuánto tardaría en salir corriendo del coche y llegar hasta Nina si ella corriera de pronto hasta la pileta y se tirara. Lo llamo distancia de rescate, así llamo a esa distancia variable que me separa de mi hija y me paso la mitad del día calculándola, aunque siempre arriesgo más de lo que debería
Aun así, el tiempo que le lleva a una madre el darse cuenta de que su hijo está en peligro, no será suficiente en este contexto. Porque la amenaza está en todas partes: son los agrotóxicos y las consecuencias que ellos acarrean en todos los que viven.
Este problema tan real, Samanta Schweblin lo ingresa en el plano de la narración de forma magistral. “Distancia de rescate” es una historia llena de supersticiones y presencias extrañas. Su lectura es tan cautivante que aunque sepamos que lo peor está próximo a ocurrir, no podemos parar de leer. La desesperación de Amanda pasa a ser la nuestra y llegamos al final agobiados por terminar de armar el puzzle. Recién ahí respiramos aliviados aunque no del todo. Por un rato nos quedamos pensando en lo que haríamos si esta tragedia nos tocara de cerca.

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