sábado, octubre 23, 2021
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El 3 de febrero en Argentina

Hoy se cumplen cuatrocientos ochenta años de la primera fundación del puerto de Buenos Aires. Nombrado por Pedro de Mendoza, en 1536, como “Nuestra Señora del Buen Ayre”, el puerto fue destruido tras once años de guerras y hambrunas por los conflictos con los querandíes que habitaban el territorio. Pasaría casi medio siglo para que se efectuara la segunda (o tercera, contando el puerto) fundación de la ciudad, finalmente bajo la espada de Juan de Garay.

Pero si bien la fecha obliga y nos retrotrae a tan importante (y olvidado) suceso como lo fue la fundación del puerto de Buenos Aires, lo que quisiera recordar son dos grandes batallas de nuestra historia, batallas que influyeron fuertemente en nuestro panteón de próceres y en la construcción de nuestro territorio nacional.

En 1813, tras la organización de la Junta en Buenos Aires y la resolución de extender la guerra contra los españoles por todo el territorio del Virreynato, el General Don José de San Martín libraría su única batalla en territorio argentino junto al regimiento por él creado: el de los Granaderos a Caballo. Fue hace doscientos tres años en la localidad santafesina de San Lorenzo (hoy Capitán Bermúdez) donde San Martín esperó a la expedición realista que partió de Montevideo cruzando el Paraná para terminar emboscada por el Regimiento de los revolucionarios.

San Martín luego continuaría sus conocidas hazañas en Chile, ayudando a O’Higgins en la liberación del país andino y continuando el paso hacia el norte. Finalmente, sería perseguido por el primer presidente de la historia argentina, Bernardino Rivadavia, y acabaría sus días en Francia. Pero antes de morir, el “Libertador” pidió que su sable corvo, aquel que lo acompañara en San Lorenzo y todos los combates por la liberación de Sudamérica fuese legado al

General de la República Argentina, Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que tentaban de humillarla” (como cita su testamento).

Así llegó a mano del Gobernador, quien libraría una batalla exactamente cuarenta años después de San Lorenzo. Porque Rosas obligó a los ingleses a firmar su rendición en la Vuelta de Obligado con su propia espada, pero poseería ya la del difunto San Martín en la Batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1853. En aquel combate, las fuerzas reunidas por Urquiza lograron vencer al gobernador de Buenos Aires, que dejó sus funciones tras treinta años ininterrumpidos con poderes extraordinarios.

Comenzó entonces la disputa entre gobernadores y presidentes, el mitrismo y la organización nacional de la mano de un tal Roca. Y la construcción de un panteón de próceres que posicionaba a Rosas del lado de los tiranos, y a San Martín y Belgrano del de los libertadores. También se dejó olvidados a grandes generales de la revolución, como Bolivar y Sucre, por haber nacido fuera del territorio delimitado. Cabe destacar que fue, también, un tres de febrero pero de 1795 cuando en la Capitanía General de Venezuela (actualmente Sucre, Venezuela) vio la luz Antonio José de Sucre, olvidado en estos terrenos del sur latinoamericano.

Pero, como sabemos, los panteones son construcciones sociales. Con el tiempo, Rosas se integró al panteón de los próceres de la historia argentina, fue cuando Perón era presidente y se reconocía como el sucesor de los dos grandes generales de las batallas del tres de febrero. Poco tiempo después, la fecha pasaría a ser reclamada por la oposición. Tras el derrocamiento de Perón por la junta militar que se autoproclamó como la “Revolución Libertadora” en junio de 1955, el subsiguiente gobierno militar decidió honrar la fecha por recordar la caída del tirano. Así, se realzó la figura de Urquiza y se segmentó el partido de San Martín para darle nombre al actual partido de Tres de Febrero, donde se encuentra la localidad de Caseros.

La toponimia (el estudio de los nombres de los lugares) puede parecer una simple expresión propia de la geografía, pero es mucho más. Los espacios que habitamos se transforman según las decisiones que ejercen las personas. Así pasa también con las efemérides: el 3 de febrero nunca se celebró, aunque se lo reivindicó cuando las pasiones políticas parecían transformarlo en una batalla por el color de la patria, con Urquiza entronado en el panteón de los generales. Hoy es una fecha olvidada, ni siquiera se recuerda que una de las fundaciones de la ciudad tiene inicio un día como hoy. Así también se olvidan y olvidarán otras fechas, lo importante es siempre tener presente que aquello que el estado (o un gobierno, quizás) insiste en recordar es aquello de lo que más debemos dudar. Al menos hasta encontrar en ello lo que también nos identifica como seres humanos-políticos, obligatoriamente (casi por definición).

Hace poco más de un mes que se ha cambiado de gobierno, y así el estado ha cambiado de manos ideológicas sustancialmente (o radicalmente, querrán decir algunos). Estar atentos a aquellos cambios que constituyen el nuevo panteón que construirá el nuevo gobierno es, como mínimo, el ejercicio necesario que deberían hacer todos los argentinos, con la mayor de las desconfianzas, hasta lograr encontrarse a sí mismos en las nuevas decisiones o, tal vez, encontrarse a sí mismos en las antípodas. Eso es, necesariamente, un ejercicio personal.

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