El apogeo de la Avenida Corrientes

El apogeo de la Avenida Corrientes

La existencia y el apogeo de la Avenida Corrientes marcaron un hito fundamental en lo que respecta a nuestra cultura e historia como país.

La nostálgica avenida, épocas atrás, era el hogar de los jóvenes porteños. Nunca descansaba, los coches y la gente parecía que emergían desde el fondo de la tierra cuando llegaba la noche.

La doble mano, su angosto pavimento, el tranvía 14 (que recorría desde Palermo hasta el balneario municipal); sus principales bares, teatros y el tango marcaron la vida en la juventud de gran parte de la población de nuestro país.

Actualmente varios exponentes del tango han sido instalados en la Avenida Corrientes, como así, también, la estatua de Olmedo y Portales en Corrientes y Uruguay, donde varios turistas o quien lo desee puede tomarse una foto con ellos.

Hay bares como La Giralda, que conservan su aspecto y “se lo mira con ojos tiernos porque tiene muchos años” contó un diariero.

Su característica principal es la sensación nostálgica hacia aquella época por el conservadurismo de su arquitectura tan arraigada a la cultura del tango. Luces de neón cuelgan desde el techo y reflejan directamente a ambos lados de las mesitas de mármol blanco con su base de madera, hacen juego con sus sillas, baldosas y mármoles blancos amurados a la pared en matiz con la inscripción que dice “Chocolate con Churros” (su clásico).

Los innumerables espejos sujetos a las paredes daban una vista más amplia del lugar. La barra donde los mozos sirven los pedidos detrás, cuenta con una exposición de botellas de alcohol y tortas a deleitar que hay en el día; dejan entrever aún más la época en la que La Giralda comenzó su éxito.

“El barrio que nunca que duerme”, se bautizó a la calle corrientes.

La Martona, otro bar ubicado en Uruguay y Corrientes aún mantiene sus puertas abiertas al público con ese aire tanguero. De allí, se hizo conocido el famoso, Tito Lusiardo, bailarín y actor de tango.

El Teatro Tabaris constituyó un punto fundamental de encuentro y se ha adaptado a la modernidad. Muchos de los bares de antaño se han retirado pero en su lugar han dejado una placa como símbolo de esa melancólica y cultural época donde surgió el tango como símbolo de encuentro nacional.

La idea de salir a bailar o mirar una obra de teatro con amigos en el famoso, Maipo u otros, siempre terminaba en algún barcito tomando un café o una leche y escuchando algún tanguito. Todo estaba abierto las 24 hs, completamente lleno de gente las calles, los teatros, los bares: “Eran los tipos de la noche”.

Actualmente por diferentes motivos, ya sea por inseguridad, relajación de las costumbres y aceptación de otras esto se ha ido perdiendo. Ya pocas personas se toman su tiempo para tomar un café y adentrarse en un libro, para charlar, para conocer.

Realmente, la gente que concurre allí lleva consigo un libro, un diario, las ganas de escribir, de atormentarse o introducirse en aquella época. Porque, la Avenida Corrientes y su cultura, te remite  a los viejos tiempos, a viajar, a escuchar un tanguito, a sentarse en una esquina, a mirar por ventanales, sumergirte en una novela, tomar ese chocolate, comer esos churros y experimentar esa sensación por un cuarto de hora.

“Corrientes era reducto de poetas, de gente de tango y ahora a las doce de la noche ya no hay nadie, ya no son tipos porteños” contó Coco, un puestero de cuadros de tango del Subte B.

Florencia Ferreyra Arozamena

Florencia Ferreyra Arozamena

Estudiante de Periodismo, ISEC - Contacto:ferreyra.arozamena@hotmail.com
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