jueves, septiembre 23, 2021
InicioOpiniónEl fin del gobierno de Ollanta Humala

El fin del gobierno de Ollanta Humala

Perú.- “Honestidad para hacer la diferencia”, fue el lema que el entonces candidato Ollanta Humala utilizó en el 2011 para ganarle la presidencia a Keiko Fujimori. En esa elección polarizante de hace cinco años, el líder del nacionalismo supo aglutinar el voto antifujimorista para sentarse en Palacio de Gobierno y, supuestamente, realizar una gestión “diferente” al de sus predecesores.

Sin embargo, al final de este quinquenio, el saldo general que deja el gobierno nacionalista de Humala es gris, por no decir el término “mediocre”. Y esto no lo decimos con un ánimo de no reconocerle nada al saliente presidente, sino  porque perdió una gran oportunidad de ser recordado como el  quién empezó grandes reformas que el Estado peruano necesita para que funcione mucho mejor y que el problema de la corrupción no penetre en el sistema.

Si bien Humala implementó una serie de programas sociales, que fueron el impulso de su gestión, como Beca 18 y Pensión 65; al igual que la puesta en marcha de una reforma magisterial a corto plazo en el sector educativo con su ministro Jaime Saavedra a la cabeza. También se avanzó en la lucha contra el narcoterrorismo en la zona del VRAEM con una serie de capturas a líderes senderistas como “Artemio”.

Asimismo, se dio el aumento del salario mínimo de 675 a 750 soles al mes, -que no alcanza para cubrir la cuarta parte de la canasta familiar- pero que significó un alivio para los angustiados peruanos. Además, de su legado del 85 por ciento de las vías nacionales pavimentadas; es decir, 19 mil 900 kilómetros y se construirían otros tres mil adicionales al país, que se deberán construir, entre otros  pequeños “logros” de su gestión.

Pero en otros sectores no se han cumplido los objetivos y, por el contrario, los resultados han sido negativos. Cero por decirlo mucho mejor. El tema económico, por citar un ejemplo, el gobierno nacionalista nos deja un pobre margen de crecimiento de 2.8%. A principio de este quinquenio, estábamos en un 7% sostenible. Una cuenta pendiente que también no cumplieron fue la inseguridad ciudadana donde poco o nada se hizo con los siete ministros del Interior del régimen.

Ni que decir en la lucha contra la corrupción, en la que instituciones -como la Procuraduría Anticorrupción- fueron debilitadas por los “caprichos” presidenciales. El desolado formento de las inversiones en proyectos mineros como Conga y Tía María, que, finalmente, también quedaron olvidados por esta gestión, que, incluso se debilitó por innumerables crisis políticas.

Las declaraciones altisonantes del jefe de Estado en más de una oportunidad contra la prensa y la oposición, la renuncia de un vicepresidente (Caso Omar Chehade), la inestabilidad de los gabinetes, -con la inclusión de la censura de una premier (Ana Jara en abril del 2015)-, la intromisión de la primera dama Nadine Heredia en las decisiones del Ejecutivo, la desunión de la bancada de gobierno, también formaron parte del gobierno de Humala, quien se comportó como los “clásicos políticos tradicionales” a los que tanto criticó y  que aún lo sigue haciendo.

Abandonó sus promesas de campaña electoral. Traicionó a un electorado que apostó por él (su inicial plan “La Gran Transformación” fue reemplazado por la Hoja de Ruta) para que realizará un cambio en el país, que al final no sucedió. Ni tampoco tuvo la intención de hacerlo.

En síntesis, a pocas horas del cambio de mando, Ollanta Humala tendrá que analizar sí es que tiene aún futuro político -se va con un 25% de aprobación y un 70% de desaprobación- , pues defraudó a varios sectores de la sociedad peruana que votaron por su candidatura hace cinco años. Y ahora, que se va sin pena ni gloria, queda en él realizar una autocrítica de sus errores, los cuales, en el Perú, son difíciles de olvidar y perdonar.

RELATED ARTICLES

Most Popular

Recent Comments