jueves, septiembre 23, 2021
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El Grunge nunca murió

Hace exactamente 22 años se encontraba el cuerpo de Kurt Cobain sin vida, con un escopetazo en la cabeza. El hecho conmocionó al mundo de la música y también a toda la contracultura grunge que, contra todo deseo del propio movimiento emergente, imperaba en la moda.

Aquel que en su melancolía psicótica, logró involucrar e identificar a toda una generación además de entretejer sus escapes a través de simples acordes que nacían de una guitarra agudamente distorsionada. En esa simplicidad radicaba la genialidad de sus melodías que acompañaban los albores de toda una juventud radicalizada en la ciudad de Seattle, la que pronto trascendió sus límites geográficos hacia todo el mundo.

La muerte de Cobain otorgó condiciones a la emergencia de disímiles posturas que propusieron, junto con la muerte de su emblema, la muerte del grunge. Sin embargo, observando el transcurso de la década del noventa, hasta el día de hoy, podemos ratificar que sus raíces han dado vida a un tronco con ramificaciones de las más dispares con actitudes enfáticamente disruptivas con respecto a las estructuras sociales que venían reforzándose en la década de los 80s.

El grunge se inauguraba como respuesta a la coreográfica y sistemática repetición de estructuras que emanaban de las expresiones mercantiles que se desarrollaban en los 80, y que se traducían en el mundo del arte y sobre todo de la música, las cuales se encontraban teñidas de un fuerte manto de conformismo y de aceptación de un mundo que neutralizaba toda actitud rebelde y naturalizaba el consumo como fundamento de vida.

La actitud de la coyuntura ochentosa no se correspondía entonces con las necesidades juveniles de los amaneceres de los 90s, quienes recuperaron las experiencias británicas de las raíces del punk, para resignificarlo y así tomar una posición discrepante con las reglas y agresiva para romper con las lógicas imperantes. El cambio de sonido de una época afloró de la misma manera que el punk, desde las expresiones juveniles, melancólicas y violentas ante una realidad que hacía del consumo la forma de vida de los hombres. El punk, devenido en su formato grunge, afloró ante todo esto como una catarsis contracultural.

Tanto el punk como el grunge nacen de la crisis de la clase media. Una juventud que veía en su futuro un pantano y que además se encontraba desposeída de sus canales de expresión cooptada por la presunta dominación social de los cada vez más afianzados medios de comunicación en los hogares (sobre todo la televisión) y una actitud consumista que englobaba ferozmente al conjunto social.

El propio Cobain, emblema del grunge, compositor pionero del estilo con su banda “Nirvana”, afirmaba que: “Nirvana significa estar libre de dolor, de sufrimiento y del mundo exterior. Esa es mi definición de punk”. Frase que podría aceptarse como el preámbulo de lo que será la actitud de la crisis generacional de los 90s: En dicha década se intenta recuperar esa motivación por romper todas las estructuras, el grunge fue la ventana que le otorgó a los jóvenes la posibilidad de pensar por sí mismos y rechazar toda la maquinaria social creada para el consumo e impulsada por la invasión mediática. El gran temor hacia aquella sociedad consumista y materialista que generaba estándares de cultura y que propugnaba hacer de los sujetos meros individuos moldeables al consumo, pavimentó el terreno para el surgimiento del grunge, en tanto reacción juvenil a esos patrones.

“Se ríen de mí porque soy diferente. Yo me río de ellos porque son todos iguales” supo expresar Kurt Cobain, clarificando y distinguiendo a toda una generación. 

El neoliberalismo crecía con la globalización tecnológica en todos los países, la creciente capacidad monopólica y la avidez por formalizar el consumo con el lucro como objetivo, tendían a conformar una actitud repetitiva de las masas. Sin embargo, la gran paradoja del grunge fue que rápidamente se conformo como un revival en el mundo de la moda en una gran cantidad de aspectos, desde la ropa, pasando por la música, hasta el cine, profundizando el mercado de consumo que ellos mismos rechazaban.

No faltan quienes conjeturan que la muerte de Kurt Cobain fue el efecto de todo eso, pues es él quien dijo que “ser el número uno es lo mismo que ser el número dieciséis, sólo que hay más gente besándote el culo”.

Queda responder una pregunta clave. ¿El suicidio de Cobain constituye el final del grunge? Hace 20 años, la mayoría de los discursos se inclinaban por la afirmativa. Pero el correr de los tiempos demostró lo contrario. Bandas pioneras del estilo se afianzaran y enriquecieron sus composiciones sin abandonar el estilo. Pearl Jam continúa llenando estadios, con mensajes similares que tienen su eco en las nuevas generaciones. Lo mismo para Chris Cornell y Soundgarden.

Otros estilos se fueron conformando hijos de la generación del grunge. Tales como el post grunge, con el ejemplo emblemático de Foo Fighters. Las bandas han resignificado el legado del punk y el grunge de las formas más disímiles, podemos afirmar que el grunge sigue activo y en constante transformación, manteniendo el vigencia aún una perspectiva disruptiva para los jóvenes.

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