jueves, octubre 21, 2021
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El profeta y el gran jefe – Crónica en la feria del libro

«Historiador no, este es un chupamedias de Cristina, siempre me convences de todo» – le dice un hombre a su mujer en la cola de la boletería. La mujer le sonríe y tiene en la mano un libro y en la otra un nene impaciente.

La capacidad de sala indica 830 personas, sin embargo, queda claro que hoy hay sillas de más. Son las 18:00 horas en la sala Jorge Luis Borges de la rural argentina. El menú de la feria del libro tiene este sábado 2 de mayo como plato fuerte; la presentación del Libro La voz del Gran Jefe. La obra del investigador y divulgador Felipe Pigna aborda la vida de José Francisco de San Martin.

En la mesa Clemente Cancela vestido casualmente saluda al público y presenta al autor de la obra. El escribidor lleva puesto un saco marron sobre la camisa blanca. Detras de ellos un banner de la editorial Planeta gobierna el foro del escenario. La mesa es pequeña y sobre ella una bebida de sponsor espera la sed de la palabra.

En el orden que planta el texto, el ex CQC va preguntando al autor detalles del trayecto de vida de San Martin. Empieza por sus orígenes en Corrientes, sigue con la conformación del plurietnico ejército libertador, continua con la cuidada estrategia para cruzar los andes, se detiene en la advertencia a sus hombres para no incurrir en excesos y realza su llegada a Perú, así como el encuentro con Simón Bolívar.

Pigna reconoce en el personaje histórico a un hombre sencillo y valiente, prudente con sus comentarios y enemigo del protagonismo.  Ve en el padre de la patria a una persona que no enfrenta con historias pasadas. Un hombre cuyos comentarios evitaron siempre la polémica y buscaron con modestia; la conciliación y el dialogo abierto con los pares.

No son pocos los historiadores argentinos que han disentido con el autor. Algunos por su revisionismo audaz, otros por comentar hechos históricos para crear polémica, otros por su protagonismo mediático y otros por no tener formación académica como historiador.

Clemente no suelta el libro, sus preguntas están atadas con entusiasmo.  Es un escolar inquieto que pregunta y repregunta al profesor sobre el héroe nacional. Por momentos pregunta cualquier cosa, cualquier detalle personal que solo un íntimo amigo podría saber. Felipe contesta, y contesta de inmediato, sin atisbo ni duda  ¿pregunta que le sorprenda? ninguna. Esta rapidez inquieta y por momentos desconcierta. Difumina la línea que separa al historiador del cuenta cuentos.

El escritor del bigote toma un poco de agua y prosigue. No hay ni por asomo el tono reflexivo de un historiador que piensa primero en recrear un contexto antes de opinar.

Ya sobre los años después de liberar américa, el escritor cuenta las atroces maldades de los enemigos de San Martín, lo hace con impavidez y sin tono dramático.  La prosa de Pigna es un oficial al servicio del espectador, sabe qué lo hará reír,  qué lo irritara, conoce su idiosincrasia, sabe que insinuar tiranía a un Alvear hincara el nervio contraegemonico argentino. Sabe que recordar prebendas ingleses en el siglo XIX nos retrae a Malvinas, en conclusión sabe cómo hablarnos.

Tras contarnos detalles de su muerte en Francia, Cancela felicita a Pigna y agradece al público por su concurrencia.

Al salir del auditorio Borgeano, la feria y sus pabellones iluminados invitaban a ser recorridos. Tras 30 minutos caminado pasillos, de pronto en el stand de Planeta un tumulto de gente trata de hacerse camino.

Una larga cola de milicianos empuña un libro y lucen dispuestos a la espera. Es un ejército monoetnico formado tras la mesa del general Pigna. El sueño de estos seguidores no es cruzar los andes, pero si los límites que impone el desnivel entre el fan y el famoso. Uno a uno Pigna los recibe, firma los ejemplares de su libro e imposta una sonrisa que se desgasta en cada selfie.  Cada foto es un disparo certero en quien pareciera haber oído en persona la voz del gran jefe.

Tal vez Pigna no sea profeta en tierra de historiadores,  como José de San Martin no lo fue en la argentina que le toco vivir. Tal vez la mujer de la cola logro en su marido y su hijo lo que el prócer Correntino y el escritor Mercedino.  Escuchar con paciencia olvidando diferencia,  ejercer el talento de sabernos hablar y arriar a sus hombres en pos de la historia.

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