El Renacido: ecos de la identidad

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La película no sólo consagra a Leonardo di Caprio como mejor actor: también aborda mitos fundacionales de la cultura estadounidense

Más allá de la imponente fotografía o las impecables actuaciones, uno de los componentes del éxito de “El Renacido” es la construcción de la cuestión identitaria norteamericana. De modo similar a grandes favoritas como “Danza con Lobos”, la película retoma la pregunta que ha acechado a la gran nación del norte desde sus primeros días: ¿de qué modo concebimos al Otro? ¿Qué lugar le cabe a ese que no podemos nombrar, que es por definición un “outsider” (ya sea un indio, un afroamericano o un chicano)?

El film se centra, en apariencia, en la búsqueda de justicia por parte de Hugh Glass, quien ha sufrido la pérdida de su hijo en manos del ex militar John Fitzgerald. Los ejes lealtad / traición se encuentran fuertemente delimitados y estructuran todo el relato. Pueden ser una vía de entrada a la película, pero ciertamente no la única. Porque, ¿qué hijo es el que pierde Glass? ¿Y qué identidad, qué piel, asume el protagonista a lo largo del relato?

[pullquote]Es la relación entre Glass y la naturaleza, y no la traición o la sed de venganza, lo que dota a la película de sentido. [/pullquote]

Leslie Fiedler, un reconocido crítico literario, afirma que en la literatura estadounidense existe una lucha por la conquista simbólica del espacio. A fin de fundar la nación, el hombre blanco (WASP: White Anglo Anglo Protestant) necesita colonizar el territorio americano no sólo física sino también simbólicamente. En esta conquista hay un inevitable encuentro con el Otro, generalmente el piel roja.

Fiedler afirma que la literatura estadounidense, entonces, puede dividirse topológicamente en términos de dicha puja. Divide la narrativa estadounidense en cuatro ejes, de acuerdo a los cuatro puntos cardinales (norte, sur, este, oeste). La novela occidental sería el western: el hombre blanco se encuentra con el piel roja, pero no en términos agresivos sino a partir de un intento de transformación, para construirse a sí mismo como un hombre nuevo: un self-made man, un americano.

“El Renacido” tiene todos los elementos de un western. El héroe traicionado que pierde a parte de su familia, la búsqueda insaciable de justicia, el villano cobarde, el duelo final entre protagonista y antagonista. Sin embargo, hay algo más. El personaje de Glass se construye muy claramente como un híbrido. Se encuentra caminando entre dos mundos, con un pie en uno y en otro: mitad hombre blanco, mitad piel roja.

Es la relación entre Glass y la Naturaleza, y no la traición o la sed de venganza, lo que dota a la película de sentido. El personaje de di Caprio comenzará su recorrido a partir de la pelea cuerpo a cuerpo con un oso grizzly. Casualmente, no se trata de cualquier oso: es un padre, un protector, un animal defendiendo su cría -algo que ciertamente prefigura el destino del protagonista, quien repetirá exactamente el mismo recorrido de su contrincante cuando decida vengar a su propio hijo.

A partir del duelo con el oso, el cuerpo de Glass estará signado por la enfermedad. Es interesante recordar que para las culturas amerindias el concepto de enfermedad no es extrínseco o impuesto. No se trata de algo que ataca desde afuera, que se impone sobre el individuo, sino que surge desde adentro y se relaciona con el concepto de comunidad. Está enfermo aquél que se aleja de la tribu, del kinship, aquél que rompe los lazos con sus semejantes. Y para esta cosmovisión, semejante no es sólo otro ser humano, sino cualquiera que habite el universo (planta, roca, animal). Glass está, entonces, enfermo. Pero no por las heridas que le ha inflingido el oso, sino por su propia desvinculación de la tribu, por su condición de eterno exiliado, por su ruptura con la Naturaleza. La única vía de recuperación para el protagonista será volver a integrarse a ese Todo del cual se ha alejado y del cual se ha constituido mero fragmento.

*Para seguir leyendo:

Leslie Fiedler: “El Americano en vías de extinción” (“Vanishing American”)
“Love and Death in the American Novel”

Márgara Averbach: “Caminar dos mundos: visiones indígenas en la literatura y el cine”




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