lunes, septiembre 20, 2021
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Ellas también fueron guerreras

Argentina.- En el marco del 34° aniversario del inicio de la Guerra de Malvinas, recordamos a las mujeres que defendieron nuestro país y los abusos que padecieron.

Hoy, 2 de abril, se conmemora el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas. Miles de jóvenes, chicos de tan sólo 18 años, que en una guerra injusta, que no era suya, lucharon como pudieron con la poca preparación que habían recibido, armas anticuadas, uniformes que no los cubrían del frío helado de las islas y un hambre atroz debido a que las provisiones no llegaban a destino. Sufrieron mil torturas y padecimientos; muchos de ellos no pudieron volver a sus casas, abrazar a sus padres, a la gente que los quería. Muchos otros sí pudieron hacerlo, pero con un daño irreparable que nunca los abandonaría.

Sin embargo, hay una parte de la historia que quedó cubierta bajo años de secretos, encubrimientos y silencios que tienen origen en el abuso de poder de parte de aquellos en lo más alto de la cúpula castrense: la sensación de superioridad generada en aquellos con rangos militares mayores. Esa sensación de impunidad, de creer que se puede someter a su voluntad a los que están en lo más bajo. Y en este caso no sólo hablamos del cargo que poseían aquellos que padecieron todo tipo de humillaciones y torturas, sino también de su condición de género: ellas, que no sólo tenían rangos menores sino que además, eran mujeres.

Nadie las recuerda, nadie las menciona, pero ellas estuvieron ahí. Algunas, pertenecientes a la Fuerza Aérea, otras, miembros de la Marina Mercante; voluntarias, muy pocas pero en extremo valientes; y, en su gran mayoría, enfermeras civiles. Todas ellas sufrieron lo peor que un ser humano puede experimentar en su vida: los horrores de la guerra, que al igual que a sus compatriotas masculinos, las persiguen hasta hoy en día. Las veteranas del conflicto bélico que azotó a la sociedad argentina en 1982 no sólo debieron ver cómo el enfrentamiento y las condiciones precarias en las que debían subsistir los soldados los consumía emocionalmente además de atender las heridas inhumanas con las que llegaban a las enfermerías, sino que a su vez fueron víctimas de sometimientos, violencia psicológica, física e institucional, abusos sexuales y violaciones por parte de los hombres que se suponía estaban defendiendo a la patria y a cuyo cargo ellas se encontraban.

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“Mujeres Invisibles”, escrito por Alicia Panero, es un libro que retrata las historias de algunas de estas mujeres. En entrevista con Infobae, Panero comenta que la existencia de las veteranas es ignorada por gran parte de la sociedad y que incluso los propios ex soldados que combatieron en las islas se negaron a reconocerlas como tales por mucho tiempo: “Cuando salió la ley del Día del Veterano y los Caídos de Malvinas las dejaron afuera del nombre porque no se sabía que había veteranas”, explica. Además, también cuenta que otro de los motivos por los cuales no se supo la realidad de sus vivencias durante tanto tiempo es que fueron amenazadas y obligadas a callar, tanto sobre las vejaciones que habían sufrido como respecto al estado en que veían llegar a los combatientes desde el archipiélago al continente: amputados, desnutridos, psicológicamente abatidos, muertos de frío. En fin, totalmente desamparados y librados a su suerte, desprovistos de toda protección por parte del Estado que los había enviado allí a luchar en una guerra perdida desde antes de su inicio.

Por lo general, las veteranas no contaron sus historias de vida hasta hace muy poco, e incluso hoy hay muchas que siguen manteniendo el silencio por miedo, vergüenza o resignación. Actualmente se conocen con seguridad 6 casos de abusos y se sospecha de un séptimo que desgraciadamente no puede confirmarse, ya que la presunta víctima falleció. Algunas de ellas incluso eran menores de edad, ya que un buen número de las enfermeras enviadas a atender a los combatientes tenían 15, 16 o 17 años. Lo que más impacta a Panero es que las mujeres que aportaron a la investigación para su libro, y que en el momento de los abusos eran estudiantes de enfermería de la Marina de entre 17 y 21 años, todas pensaban en un principio que lo que estaban pasando era normal y era parte de estar allí sirviendo a su país; sólo se dieron cuenta de lo que realmente habían sufrido mucho tiempo después. La primera en contar su experiencia a Panero fue Claudia Patricia Lorenzini, ingresada a la Marina con tan sólo 15 años en 1981. Fue víctima de la perversidad del teniente José Italia, que la sometía sexualmente siempre que lograba quedarse solo con ella. Contra él y el suboficial José Vivanco apuntan todas las denuncias de parte de estas seis mujeres y se presume que hubo muchos casos más todavía no contados.

Lorenzini contó que ella pensaba que la situación era parte inevitable de la instrucción militar, una especie de juego, aunque siempre se sintió atemorizada cada vez que sucedía y ante la sola presencia de su vejador. «Aspirante Lorenzini, venga, vamos a ir a que se pruebe su uniforme de gala’, me decía (el teniente Italia). Y yo me subía a su cupé Fiat celeste. ‘Vos me gustas. Yo te voy ayudar, pero no tenés que decir nada a nadie porque te puede costar la baja. Además no te creerían‘, me advertía. Y sus manos comenzaban a meterse debajo de mi chaqueta de fajina. Luego me besaba, y llevaba mi mano a su miembro, mientras acariciaba mis entrepiernas. Sucedió muchas veces». Cuando no lo soportó más y decidió contarle su experiencia a una de sus compañeras, el rumor se propagó y llegó a sus superiores; estos la obligaron a darse de baja de su puesto y mentir sobre las razones de esto mismo, además de amenazarla con hacerle daño a sus familiares si contaba algo de todo lo que había vivido en su martirio.

Por supuesto, esta es tan sólo una de las historias. Como ya dijimos, muchas de éstas nunca verán la luz, sepultadas bajo los escombros del dolor y la humillación en la memoria de las veteranas que siempre lo fueron pero sólo ahora comienzan a ser valoradas por todo lo que sufrieron e hicieron por amor a la patria y su vocación de sanadoras. A ellas, y a nuestros soldados y caídos en Malvinas, les debemos mucho. Les debemos el haber puesto el corazón en una lucha que los desbordaba, en un momento donde los que más poder tenían eran también los más cobardes. Y, especialmente, les debemos a todos ellos conservar la memoria intacta, no perder nunca el recuerdo de lo que fue y que nunca debería volver a ser.

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