Francisco, peronismo y cristianismo

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El peronismo como resemantización cristiana

En el Evangelio según San Marcos hay un famoso pasaje conocido como “la ofrenda de la viuda pobre”. En este capítulo la multitud observa cómo los ricos depositan cuantiosas limosnas en el arca de las ofrendas. Durante la época de Jesús dar ofrendas era muy importante: no se trataba de un mero gesto o de una cuestión de formas, sino que constituía una parte fundamental del intercambio económico. Las ofrendas se depositaban en cofres llamados “trompetas”. Cada cofre estaba rotulado de acuerdo al uso que se le daría al contenido allí vertido (impuestos del templo, incienso, leñas, vasos de oro, ofrendas por pecado, etc). Una persona bien posicionada socialmente tenía la obligación moral de colaborar con el mantenimiento religioso y social. El prestigio de un escriba o un doctor de la Ley dependía en gran parte de estos pequeños actos públicos, que portaban un gran peso tanto a nivel simbólico como económico.

Jesús, que siempre guardaba sus palabras más encendidas para cuestionar el accionar de los sectores pudientes, alerta en este pasaje a la muchedumbre reunida:. “¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en las plazas (…) devoran los bienes de las viudas y aparentan hacer largas oraciones. Acto seguido, Jesús elogia el gesto de una viuda que acaba de depositar en esa misma arca dos monedas de escaso valor (el equivalente a un cuadrante). Dice entonces a sus discípulos: “En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir”.

[pullquote]Pero en un sentido estricto, dar ofrenda no es equivalente a dar limosna. La ofrenda pública y obscena no tiene valor real y por ende no debería tener peso espiritual. En este capítulo Jesús no se limita a denunciar cierto acto jactancioso de un grupo de poder: pone en evidencia todo un sistema que, basado en el honor y el prestigio, oprime a los sectores más vulnerables. En ese contexto, la ofrenda se torna inadmisible.[/pullquote]

El capítulo es muy emblemático. No sólo los escribas “devoran” los bienes de esas viudas a quienes deberían proteger, sino que es una viuda misma la que se preocupa por restablecer un precario equilibrio económico. Y recordemos que ser viuda en la época de Cristo no era nada sencillo, sobre todo teniendo en cuenta que una mujer sin marido estaba casi completamente privada de sustento debido a los roles de género instituidos por la sociedad patriarcal. Es decir: eran mujeres, eran pobres, y si no podían volver a contraer matrimonio se veían privadas del sostén económico masculino. Las viudas eran el último eslabón, las excluidas de los excluidos.

El pasaje deja claro que el cristianismo (al menos en un plano simbólico y a nivel teórico) posee un vínculo muy estrecho con la ofrenda. No cabe duda que este vínculo se ha visto trastocado, magullado, incluso corrompido; que la Iglesia como institución dista mucho de ese primigenio experimento de Jesús con sus discípulos. Pero en un sentido estricto, dar ofrenda no es equivalente a dar limosna. La ofrenda pública y obscena no tiene valor real y por ende no debería tener peso espiritual. En este capítulo Jesús no se limita a denunciar cierto acto jactancioso de un grupo de poder: pone en evidencia todo un sistema que, basado en el honor y el prestigio, oprime a los sectores más vulnerables. En ese contexto, la ofrenda se torna inadmisible.

Resulta interesante pensar qué pasa con este discurso en el seno de nuestra propia tradición religiosa. ¿Qué ocurre con el cristianismo y la idea de ofrenda en la Argentina? ¿Existe nuestra propia versión de “la viuda pobre”?

Es importante recalcar que la Argentina, a pesar de tener una fuerte tradición católica, no reproduce un discurso cristiano uniforme. Aquí el cristianismo no ha crecido al amparo de siglos de tradición europea, sino que ha sido importado, implantado, a veces impuesto a sangre y fuego. Y para subsistir, ha asumido la forma del sincretismo. Es decir: se ha colado por diversas grietas. Una de esas grietas es el peronismo.

El peronismo ha sabido retomar los elementos más emblemáticos del cristianismo y los ha explotado hábilmente. Desde la utilización de la palabra “compañero” (que literalmente significa “el que comparte el pan”), hasta cierta iconografía política lindante con lo religioso, el peronismo ha luchado por resignificar el discurso cristiano. Una de los ejemplos más claros es la figura de Evita, que no sólo asumió a nivel formal el rol de Jefa Espiritual, sino que ocupó cierto lugar maternal religioso. Quizás sea por eso que la relación entre el peronismo y la Iglesia nunca haya sido del todo fluida: ambas esferas se disputaron siempre la supremacía espiritual de la nación.

No sería descabellado plantear que el discurso peronista ha retomado esta idea de la la viuda pobre en diversos contextos. La lucha contra la hipocresía y la falsa caridad siempre fue uno de los caballos de batalla de Evita, que buscó diferenciarse de las Damas de la Sociedad de Beneficencia. Evita siempre distinguió entre la limosna y el aporte digno proveniente del Estado, basándose en la idea de Justicia Social. Y para eso resemantizó el viejo esquema cristiano: se encargó de demostrar que eran los más humildes quienes sostenían a la Nación. Los obreros, los descamisados, los queridos grasitas. Fue a ellos a quienes se dirigió, una y otra vez, en el marco de la dicotomía pueblo / oligarquía. (Y recordemos que Jesús también hablaba en términos dicotómicos cuando diferenciaba a los escribas de las viudas).

¿Qué pasa cuando el máximo representante de la Iglesia es, asimismo, peronista? Ya tenemos un antecedente histórico en una figura que, si bien no ofició de Papa, marcó a toda una generación. El padre Mugica, sacerdote peronista que no sólo se acercó a los barrios carenciados sino que fue un importante cuadro político. Hay un complejo entramado que liga peronismo y espiritualidad. El Papa Francisco carga con esta herencia. Es su inevitable legado. Y se ha posicionado muy claramente al rechazar la donación que el gobierno de Mauricio Macri ofreció a la fundación Scholas Ocurrentes.

Francisco ha seguido, de manera hábil y sagaz, la línea cristiana planteada en el Evangelio de Marcos: la ofrenda obscena es inadmisible en un contexto de opresión y miseria.




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