¿Fue proclamada santa Felicitas Guerrero?

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Buenos Aires.- En Barracas hubo una mujer que perdió a su familia y, a los pocos años, fue asesinada por un pretendiente. Un mito urbano encarnado que atrae a miles de mujeres que quieren recibir el sacramento del Matrimonio.

En uno de los barrio porteños de la ciudad de Buenos Aires ocurrieron más hechos y sucesos que el simple tránsito de millares de ciudadanos y turistas. En Barracas había un puente, el puente de Gálvez. Construido a fines de 1791 con trozos de madera, la obra estuvo a cargo de Juan Gutiérrez Gálvez, según se indica en la página web del Gobierno de la Ciudad. Quince años después fue incendiado por completo. El motivo había sido evitar las invasiones inglesas.

Y si bien las invasiones ocurrieron y no tuvieron éxito, hubo otro episodio que caracterizó a Barracas como una comuna liderada por la tragedia. Felicitas Guerrero de Álzaga había nacido el 26 de febrero de 1846 en la capital de Buenos Aires, Argentina. Era una joven demasiado bella cuya mano no había tardado en ser entregada. Algunos dicen que contrajo matrimonio a los 15 y otros a los 19. Se había casado con Martín de Álzaga, un hombre mucho más mayor que ella, dueño de grandes extensiones de tierras y fortuna.

Junto a él había traído al mundo dos retoños que pronto habían tomado el tren al Cielo: uno nació sin vida y otro falleció a los pocos años de su nacimiento. Con tan sólo 25 años era viuda, ya que su esposo había muerto en 1870.

Habían pasado los años y se había vuelto a enamorar. Samuel Sáenz era su nuevo prometido e iban a casarse. Pero Enrique Ocampo se oponía y perseguía a la joven sin cesar. La acosaba hasta el punto de apuntarle con un revólver al grito de “¡O te casas conmigo o no te casas con nadie!”. Felicitas había intentado escapar, pero la bala fue más veloz y le atravesó la espalda. Agonizó durante unas horas hasta fallecer, el 30 de enero de 1872.

Lo cierto es que su historia se multiplicó en diversidad de mitos. Y se propagó todavía más cuando sus padres decidieron volcar un gran caudal de dinero para construir un edificio en su nombre. La inversión tuvo como fruto la Iglesia Santa Felicitas, del Arzobispado de Buenos Aires.

Los ecos dicen que el espíritu de Felicitas suele aparecer en los alrededores de la Iglesia. Que sus lágrimas recorren su rostro y que viste un vestido blanco desalineado. Muchas mujeres, que anhelan llegar al altar, le ruegan que traiga a sus vidas un buen esposo. Y, como ofrenda, como parte del ritual, ataban y aún siguen amarrando pañuelos o cintas blancas a la mítica reja. Si al otro día aparecen húmedas por el llanto de Guerrero, las gracias fueron concedidas.

Para la cultura popular y los creyentes de las leyendas urbanas quizás sea una Santa, como para muchas personas también lo son los cantantes Gilda y Rodrigo Bueno, que fallecieron muy jóvenes.

Sin embargo, a pesar de que en el nombre del templo católico, ubicado en la calle Isabel la Católica 520, afirme como Santa a Guerrero, no lo es. De hecho, sólo hay dos argentinos que llevan ese título: Héctor Valdivielso Sáez y el Cura Brochero.

Por otro lado, Felicitas tampoco se encuentra entre los beatos Laura Vicuña, Nazaria March Mesa, Artémidez Zatti, María del Tránsito de Jesús Sacramentado, María Antonia de San José y María Ludovica De Angelis, Ceferino Namuncurá, María Crescencia Pérez.




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