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Iglesia, un aporte sobre los aportes (del Estado)

La Iglesia Católica en Argentina, a través de la Conferencia Episcopal, comunicó ayer la intención de “reemplazar gradualmente” los aportes que recibe del Estado.

Ayer viernes fue el punto final de un evento muy importante para la Iglesia Católica en nuestro país. Ese día terminó la 116° Asamblea Plenaria del Episcopado Argentino, un encuentro de 5 días que tuvo lugar en la Casa de Ejercicios “El Cenáculo”, en Pilar, provincia de Buenos Aires.

Según su estatuto, “la Asamblea Plenaria es el órgano primario y principal de la Conferencia Episcopal” y se realiza dos veces al año. Monseñor Oscar Vicente Ojea, titular de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) y obispo de San Isidro, presidió el evento. Durante el mismo se discutieron y compartieron distintos temas, como la postura frente al aborto, la Educación Sexual Integral (ESI) y los recursos que recibe la institución de parte del Estado.

“Iglesia y Estado, asuntos separados”

Durante este año, el naranja se sumó a las calles de las principales ciudades de Argentina y fue uno de los colores que se dejó ver en cuellos, muñecas, mochilas y manos agitadas en el aire. El pañuelo naranja representa la voluntad de separar Iglesia y Estado.

La consigna, si bien se escuchó con mayor fuerza en sintonía con el debate por el aborto, resume una lucha y una solicitud que tiene vida hace ya muchos años. Para muchas personas, cada vez más y entre las que se incluye quien escribe, el Estado argentino debería ser laico, sin religión oficial.

iglesia y estado
Imagen: Infocielo.com

Estado laico: respeto y diversidad

Un Estado laico no implica ir en detrimento de la religión católica, sino reconocer el valor y el respeto, sin distinción, por cada religión. En Argentina hay libertad religiosa y, aunque aún duele el recuerdo de los atentados a la Embajada de Israel y AMIA, hoy en día está bastante bien respetada (principalmente en comparación con una gran cantidad de otros países).

Sin embargo, seguir sosteniendo una creencia como oficial para el país significaría darle un carácter de mayor relevancia que al resto, a nivel de ideas y también administrativo y de recursos. Un Estado laico es un Estado abierto y diverso, que recibe a cualquier creencia y religión, las respeta y promueve por igual. Luego la vida misma dirá qué religión cuenta con más fieles ahora y a lo largo del tiempo.

La Iglesia y sus recursos: ¿de dónde vienen?

En relación con lo anterior surge la cuestión de los recursos económicos. ¿Por qué el Estado debe brindar millones de pesos a la Iglesia Católica? O, en primer lugar, antes del por qué: ¿debe hacerlo?

Para quienes buscamos una separación entre Iglesia y Estado, esta independencia o autonomía significa también discontinuar esos aportes. Según la propia CEA, 130 millones de pesos es el número al que ascienden los mismos en el 2018, por lo cual no hablamos de “un vuelto”.

Y si hace unos años desde diversos sectores hacían sonar esta idea como descabellada, sin sentido o injusta, ahora es la propia Iglesia la que da un paso adelante. Seguramente la presión se hizo sentir y el silencio le hubiera sido más dañino, pero el paso adelante lo dio, más largo o más corto según quién mire.

Una Iglesia sostenida por quienes son parte

La CEA comunicó que se buscará “el reemplazo gradual de los aportes del Estado por alternativas basadas en la solidaridad de las comunidades y de los fieles“. Al mismo tiempo dio a conocer que se conformará una comisión para dar forma a un fondo solidario.

El comunicado de la CEA da en la tecla de lo que muchos decimos aunque se intentae cambiar el eje del debate. La separación de Iglesia y Estado no nos convoca a oponernos de por sí a la Iglesia, sino a pedir que sean los fieles y las comunidades que se reconocen parte de ella quienes la sostengan e impulsen.

Por eso hablamos de libertad religiosa y de que se pueda promover la existencia pacífica y en iguales condiciones de toda creencia. No está mal creer ni tampoco lo está no creer; así como no está mal pertenecer y reconocer a una institución religiosa o no hacerlo. El respeto de ambos casos es vital; establecer una religión como oficial y asignarles recursos en exclusividad, creo yo, no va de la mano con esto.

Una Iglesia necesaria, no una suntuosa

El trabajo de la Iglesia es muy necesario en diversas áreas, en especial en el acompañamiento a quienes pasan más necesidad por cuestiones económicas, por catástrofes o por vivir en zonas de conflicto. La vida entregada de cientos de misioneros y misioneras nos deben servir de ejemplo y aprendizaje.

De la misma manera lo son la elección de consagrados y consagradas que deciden dejar una vida cómoda para compartir el día a día con los olvidados y silenciados. En nuestro país, incluso, varios de ellos perdieron su vida en el camino (y no hay nada más significativo para la religión católica que Jesús entregando su vida por la humanidad).

Es por ello que no se trata de “estar en contra de la Iglesia” per se. Todo lo contrario: se trata de rescatar lo mejor de ella. La entrega, la vida humilde, el escape a la ostentación. Son cosas que históricamente, y todavía hoy, se volvieron menos prioritarias en el trabajo diario de la institución, más ansiosa de poder, imposición y lujo.

El comunicado de la CEA parece un buen puntapié, que habrá que ver cómo continúa en el tiempo. Es de las primeras veces que no se pone en el papel de víctima y elige dar un paso adelante. La Iglesia, para muchas personas, es necesaria. El Estado, sin dudas, también. Pero que una y otro, aunque pudiendo coordinar tareas y complementarse (para bien), lo sean como “asuntos separados”.

La imagen de portada es de www.nodal.am.

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Matías Hernán Piccoli

Gritando desde el 92. Licenciado en Comunicación Social en UBA. Escribo, hablo y escucho mucho.

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