La decisión de estudiar se convierte en una elección arriesgada

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La decisión de estudiar es un tema absolutamente vital y de fundamentales consecuencias personales como sociales en el destino que cada cual ha procurado para sí mismo. Por ello implica una gran reflexión porque se trata de un tema de vida, y porque es el instante en que algunos jóvenes se peguntan en qué momento estudiar se convierte en un a elección arriesgada.

A lo largo de la vida, nos hallamos en la difícil encrucijada respecto a decidir sobre acciones y hechos que marcan nuestro futuro. Uno de ellos es, sin duda, pensar qué carrera debemos elegir y cuáles son su motivaciones y proyecciones dentro de diversos contextos individuales, sociales y económicos.

Incertidumbre: Estudiar se convierte en una elección arriesgada

Elegir involucra, de cualquier modo, poseer el valor para tomar una decisión cuyas implicaciones pueden estar sujetas a errores o a modificaciones. En consecuencia, no siempre elegimos lo mejor o simplemente nos dejamos llevar por opiniones y creencias que, a nuestro juicio o a juicio de los otros, creíamos las más acertadas.

En este sentido, resulta esencial establecer, en la medida de lo posible, un conjunto de criterios que nos permitan aclararnos si la carrera que hemos decidido estudiar responde a lo que en vedad necesitamos y, además, si tenemos la suficiente vocación para lidiar con ella y llegar a feliz término.

Este proceso a veces se produce de manea natural, porque existen personas que, de entrada, ya tienen bastante claro su elección; pero, asimismo, existen otras que una vez comenzado el estudio de una carrera específica, inician un ciclo de dudas, inseguridades y bloqueos el cual conlleva, más tempano que tarde, a abandonar la asignatura para luego intentar cambiarse de carrera.

Decisiones gaseosas

Este hecho se ha caracterizado en los actuales tiempos, según aclara el licenciado en Psicología Ignacio Diorio “por la premura, la competitividad, las tendencias en boga, la “modernidad líquida”, las demandas económicas, la confusión social y, sobre todo, las presiones de los padres y amigos, en un factor que muy fácilmente puede llevar a la frustración, al abandono de la carrera y a perder mucho tiempo migrando de carrera en carrera hasta dar, quizá, con aquella que nos complazca”.

Aparte de los factores socioeconómicos que, desde luego, están produciendo una enorme presión en las decisiones que hoy toman muchas personas a la hora d e elegir una carrera concreta, también “se ha podido constatar que, en muchos casos, los padres ejercen una influencia, determinante y no por ello más acertada en dichas decisiones”, añade el profesional.

¿Por qué ocurre esto? La tradición paterna tiende a ser muy selectiva y coercitiva cuando se tata de que los hijos elijan una carrera u otra. Por lo general y bajo el equivocado criterio de que los padres desean lo mejor para ellos, fuerzan a éstos a tomar elecciones no deseadas.

Esto, por una parte. Por la otra, tenemos la presión social y económica que establece los patrones y lineamientos a través de los cuales las personas se guían para elegir ciertas opciones académicas.

Un chico podría pensar, legítimamente, que la informática o la robótica, por ejemplo, son las carreras del futuro y procede, en consecuencia, a estudiarlas. Sin embargo, al cabo de muy poco tiempo descubre que no tiene ni el más mínimo talento para ellas.

Las fortalezas y debilidades académicas no son suficientes

Después de elegir una carrera profesional, con frecuencia encontramos que los jóvenes evalúan las fortalezas y debilidades académicas que pueden encontrar en un pregrado, pero también es importante que revisen la situación del mercado laboral y las tendencias a futuro antes de iniciar su carrera, pues esto les dará una mejor visión del panorama y de lo que pueden lograr a futuro.

De cualquier manera, “siempre existirá la posibilidad de optar mal o elegir aquello que otros han convenido “elegir” por nosotros. Para contrarrestar esta situación, se impone una actitud clara en términos de auténticas certidumbres vocacionales y, en segundo lugar, apostar por la propia honestidad y valentía; pues sin cuyo auxilio, mal podríamos iniciar un proceso de aprendizaje transparente, inteligente y satisfactorio”, añade el licenciado Ignacio Diorio.




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