jueves, octubre 28, 2021
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La derrota de una victoria «a cualquier costo»

   Aunque las elecciones presidenciales de los EE.UU se llevarán a cabo recién el 8 de noviembre próximo, la disputa por el poder en la Casa Blanca ya comenzó oficialmente esta semana con un primer round importante: el inicio en de las “primarias” estatales en Iowa. Al respecto de toda esta cuestión un punto interesante a considerar -por lo sorpresivo de su naturaleza- es el notorio el viraje transitado desde la opinión pública internacional en relación a los calificativos vertidos sobre el empresario Donald Trump.

  Vale recordar cómo -tras su irrupción disonante en el mapa político norteamericano- su candidatura fue en un principio cuasi-descartada por los analistas en razón de sus ribetes “triviales”, y minimizada también por la aparente condición paródica-estereotipada de sus posiciones extremas. En el contexto electoral más inmediato la situación se ha trastocado radicalmente, o al menos semejante transformación es la que diagnostican los especialistas y demás agentes políticos involucrados en la escena global: el excéntrico mega-millonario ha alcanzado finalmente el rango de “peligro” concreto para el sistema. Con el declarado apoyo a su candidatura por parte de uno de cada tres republicanos, tal como lo sostienen los últimos sondeos realizados, se consolida como real –y temeraria- su chance de “hacerse” efectivamente con el poder.

   En el último tiempo se dieron varias situaciones curiosas en medio de la disputa entre los candidatos presidenciales de Norteamérica, pudiéndose enfatizarse entre ellas  –y casi como si fuera algo casual- el papel de jugador incomodo e imprevisible en que tan desenfadadamente se desenvuelve Trump. La pelea con la cadena televisiva Fox News no es nueva, pudiendo recordarse el escándalo generado por el magnate en un debate público donde se enfrentó con la periodista Megyn Kelly, moderadora de dicho debate. La prolongación de este cortocircuito con Fox se extendió hasta finales de la semana pasada, con la negativa por parte del pre-candidato a participar el jueves último en Des Moines de otro debate –también moderado por Kelly- junto a sus competidores Republicanos; múltiples versiones aseguraron que Trump habría exigido a la cadena de noticias una donación para su propia fundación de cinco millones de dólares que financiarían su candidatura. Para no dejar lugar a grises de su carácter, Donald Trump, acudió en el mismo horario y también en Des Moines, a un encuentro con veteranos para recaudar dinero para los ex-combatientes.

   “El mayor peligro es que el extremismo se vuelva sistema” señala Arianna Huffington, fundadora y responsable del grupo Huffington Post. Esta formulación puede resumir el temor explicito por parte de la opinión pública internacional respecto del fortalecimiento de la candidatura de Trump, y se trata sin dudas de un factor que no puede ser descartado por su manifiesta gravedad. Empero no resultará posible adentrarse aquí en un análisis específico del carácter xenófobo, racista y autoritario de las posiciones políticas, económicas, sociales y culturales del precandidato Republicano. Existirá, sin dudas, una profusa e interesante bibliografía abocada al respecto de tales puntos.

   Lo que sí debiéramos subrayar es que la condición emergente de ciertas situaciones –globales- de crisis es indudable; y que, cuando hablamos de síntomas críticos, debemos hacerlo considerando que no hay una verdad oculta detrás de la creciente adhesión a políticas semejantes a las que plantea Donald Trump. Concretamente las cosas, tanto en Norteamérica como en el resto del mundo, se encuentran cada vez más convulsionadas. Y si efectivamente, como señala la propia Huffington, “estamos frente a un fracaso del establishment que no ha comprendido los miedos y ansiedades de millones”, nuestra exclusiva preocupación no debiera ser que «el sistema se vuelva extremista» bajo un gobierno liderado por sujetos como el “tío rico” Trump.

   Aquello que también existe, y con potencial enorme incluso desde un escenario de derrota de las posiciones radicales de la derecha reaccionaria, es una victoria del “extremismo” en el establecimiento de sus formas y contenidos de discusión. El caso de una eventual victoria de los Demócratas que no se logre justificar por lo acertado y superador de sus propias posturas es plausible; y pensando, por ejemplo, en que pasaría si esta victoria se diera sobre la base de alianzas y acuerdos de muy dudosa legitimidad -como los que ya ha establecido la propia Clinton en la vereda de enfrente- es probable que la derrota de “los Trump” suponga paradójicamente su mayor éxito.

El peligro de más largo alcance es que, pensando tan solo en una victoria “a cualquier costo”, quienes terminen perdiendo en calidad política sean los contingentes ganadores. Que las condiciones, las categorías, y los términos del debate con que los extremistas plantean “lo problemático” de este mundo en crisis sea aceptado -y en consecuencia legitimado- como el único «terreno común» de disputa y conflicto por parte de sus adversarios Demócratas, habilita de cara al futuro a una profunda y preocupante derrota global; derrota plena de la democracia en su sentido más verdadero.

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