La esquina es mi corazón: una visita guiada por la ciudad

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Si no conocés Santiago de Chile, definitivamente tenés que leer La esquina en mi corazón. Crónica urbana, de Pedro Lemebel. Eso sí, no esperes encontrarte con la foto postal turística ni con la ciudad ordenada que el sistema neoliberal pretende reflejar. La lectura de estas crónicas te llevarán por esos recovecos escondidos, hará foco en las sombras para descubrir qué hay tapado, te paseará por los márgenes de una ciudad que a simple vista quiere mostrarse homogénea y globalizada, pero que a tan sólo unos pasos hacia el costado quiebra ese paradigma de ciudad estructurada.

Los veinte textos reunidos en este libro bajo el nombre de “crónica urbana” dan lugar a que la ciudad sea el espacio particular donde se desenvuelven los personajes. Y de esa ciudad se retrata, especialmente, las áreas periféricas y la cotidianeidad de sus ciudadanos marginales. De esta forma Lemebel recrea esos lugares escondidos como una estrategia provocadora y subversiva.

En “La música y las luces nunca se apagaron” nos revela el incendio de la discoteca Divine. Lemebel vuelve sobre ese acontecimiento para reconstruir la versión de ese hecho, en una suerte de confrontación con la versión oficial. Frente a un suceso de violencia, necesariamente habrá dos campanas, por un lado, un cortocircuito eléctrico como aseguraron los policías de Valparaíso, y por el otro, esta crónica que relata cómo una bomba incendiaria en la escalera de entrada de esta disco gay casi asfixia a un gran grupo de travestis desesperadas por encontrar la salida. Vivenciamos, con este libro, este tipo espacios relegados de la ciudad y conocemos así esa otra cara de la realidad. Con esta crónica no sólo experimentamos, gracias a su magnífica pluma, el atentado homofóbico sino que nos enfrentamos a una escritura que es toma de conciencia de ese fragmento cotidiano que la sociedad civilizada y políticamente correcta intenta dejar en el olvido.

Otro espacio que se recrea es la peluquería donde trabajan varios travestis. La figura central de “Tarántulas en el pelo” es un peluquero que se venga del mundo burgués, consumidor de estereotipos de belleza, a través de sus creaciones estéticas: “Las manos tarántulas de las locas tejen la cara pública de la estructura que las reprime, traicionando el gesto puritano con el rictus burlesco que parpadea nostálgico en el caleidoscopio de los espejos”. Conocemos, a partir de esta crónica, la relación que se construye entre la peluquera y sus clienta burguesa, esa nueva mujer poderosa de la sociedad neoliberal. Leemos una suerte de relación compleja de dependencia en donde se cuela una especie de venganza de clase. La victoria de la loca-peluquera no es sólo sobre la señora burguesa, a quien convierte con sus creaciones en lo que quiere, sino sobre la sociedad toda “como si de esta forma, deslizaran una venganza por el enclaustramiento que la somete a este tipo de oficios decorativos”.

Así, crónica tras crónica, recorremos cada uno de esos espacios escondidos de la ciudad, aquellos parques, salones de bellezas, canchas de fútbol, discotecas, fondas que día a día frecuenta esa minoría resultante de una sociedad totalmente fragmentada.

Leer este libro nos hace un poquito más críticos, nos incita e interpela. Siempre que esas otras versiones se ponen en evidencia, es necesario tomar una posición y reflexionar sobre lo que ocurre a nuestro alrededor. Porque en definitiva esas experiencias personales son parte de un entramado mucho más grande que forma lo colectivo. Reconocernos en esas relecturas es hacernos cargo del mundo en donde vivimos. Y es, en definitiva, sabernos un poquito más libres.




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