sábado, octubre 23, 2021
InicioCulturaLa tortuosa vida de la musa inspiradora de Bob Dylan y Andy...

La tortuosa vida de la musa inspiradora de Bob Dylan y Andy Warhol

La figura de la musa nació de mano de los griegos, quienes la conciben como las diosas inspiradoras de la música. A lo largo de la historia del arte, miles de mujeres fueron fuente de inspiración y objeto de uso para miles de artistas. Edie Sedgwick fue la musa de dos canciones del cantautor estadounidense Robert Allen Zimmerman.

Edie Sedgwick fue una actriz y modelo que se destacó por ser miembra de una prestigiosa familia de la alta sociedad estadounidense y luego un reina callejera en decadencia. En la memoria colectiva la modelo fue un icono rebelde del modelaje de los 60 y una mujer con importantes problemas con las drogas.

Al conocer a Andy Warhol, la actriz y modelo entabló una fuerte relación que la llevó a ser una de las principales superestrellas de The Factory (estudio de arte fundado por Andy Warhol y situado en la quinta planta del número 231 de la calle 47, en Nueva York), participando en 12 films dirigidos por el mismo Warhol (Vinyl, Space, Restaurant, Kitchen, Chelsea Girls and Outer e Inner Space)

En su siguiente producción, ‘My hustler’, Andy decidió no contar con su musa y filmó la película a espaldas de Edie, quien se sintió abandonada. Poco tiempo después firmaría un contrato con Albert Grossman, manager de Bob Dylan, y manifestaría su intención de no regresar a la Factory. Las veladas en la guarida de Warhol fueron sustituidas por días y noches de fiesta en el Chelsea Hotel. Dylan se inspiró en ella para componer dos canciones de su disco Blonde on blonde (entre ellos Like a Rolling Stone y Leopard-Skin Pill-Box), y todos le dijeron que su carrera artística despegaría definitivamente. En la primavera de 1966, quince meses después de su primer encuentro, perdió todo contacto con Andy Warhol y se centró en su nuevo grupo. En su nueva familia, que iba a guiarla en el camino al éxito.

Sus constantes tambaleos con las drogas y la falta de oportunidades hicieron que Edie huyera de Dylan, de Warhol, de Nueva York. Pasó una temporada junto a su familia, en un desesperado intento por recuperarse a sí misma, pero tampoco allí había sitio para ella.

Regresó a Nueva York y protagonizó una película ajena a la Factory donde su trabajo pasó sin pena ni gloria. Su dependencia de las drogas era absoluta. Inició varias curas de desintoxicación, estuvo a punto de morir de sobredosis varias veces. La ingresaron en media docena de hospitales, convertida en un esqueleto viviente.

Confesó ante los médicos que pasaba días enteros sin comer, sosteniéndose a base de café y pastillas. Isabelle Colin Dufresne, que llegó a ser amiga personal de Edie, cuenta en sus memorias que la joven fue condenada por tráfico de estupefacientes y pasó una temporada en la cárcel. La prisión, los centros psiquiátricos y las clínicas de rehabilitación fueron el escenario de los últimos años de la vida de Edie Sedgwick. Precisamente en una de estas instituciones conocería a Michael Brett Post, con quien se casó unos meses antes de su muerte.

Edie tuvo un final muy a lo Marilyn: la encontraron en su casa, muerta por los efectos de alguna droga. Tenía 28 años. Andy Warhol se enteró de su muerte por la llamada de una amiga. La noticia no le afectó demasiado. Sólo preguntó quién iba a heredar «todo el dinero de Edie». Su interlocutora le respondió que Edie Sedgwick estaba completamente arruinada. «Vaya… En fin, cuéntame qué has estado haciendo hoy».

Para Warhol, Edie fue un objeto que había dejado de existir en el mismo instante en que salió de la Factory, con sus leotardos negros y su camisa masculina, para hacerse un sitio en las canciones de Bob Dylan y en las habitaciones baratas del Chelsea Hotel.

RELATED ARTICLES

Most Popular

Recent Comments