sábado, septiembre 25, 2021
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Lago Poopó: víctima del cambio climático

El pueblo uru-murato se vio obligado a abandonar su tierra luego que el lago Poopó se transformara en un desierto.

Bolivia.- Durante décadas el agua fue retrocediendo poco a poco y los peces muriendo de uno en un. Esta fue la realidad que tuvo que soportar el lago Poopó, ubicado en Llapallapani, el cual tenía años lidiando con la desviación del agua y las sequías cíclicas propias del fenómeno El Niño, hasta que el año pasado prácticamente desapareció por completo, dejando en el aire un hedor de peces, patos y flamencos muertos, así como también a toda una población indígena de pescadores que habitaban esta tierra desde hace siglos.

[pullquote]La desaparición de este lago se considera una amenaza directa a la identidad del grupo indígena uru-murato.[/pullquote]

Esta pérdida genera efectos que van más allá de la forma de ganarse la vida para los habitantes ya que se trata de una población afianzada a la zona. «Esta es una cultura milenaria que ha estado aquí desde el inicio», así lo definió la antropóloga boliviana, Carol Rocha Grimaldi, cuya oficina mostró en el pasado una fotografía satelital de un lago en todo su esplendor, lo cual ya no representa una escena visible en la vida real.

La desaparición de este lago se considera una amenaza directa a la identidad del grupo indígena uru-murato, quienes son el pueblo más antiguo de la zona, aquellos que a lo largo de las generaciones lograron adaptarse tanto a la conquista inca como a la invasión española, pero que hasta ahora parecen incapaces de lograr la adaptación que esta situación requiere.

Esta pérdida fue predecible, ya que aproximadamente desde 1985, los urus vieron retroceder y avanzar el lago en lo que era considerado un ciclo predecible. Sin embargo, tal como lo indica Milton Pérez, ecologista de la Universidad Técnica de Oruro, el Poopó entraba dentro del perfil de lago moribundo, pero los científicos estimaban la perdida dentro de siglos, no de algunos años, «aceptamos que el lago moriría algún día» y «este no era su momento», afirmó Pérez.

Para llegar a las condiciones en las que actualmente se encuentra el Poopó el lago tuvo que sufrir un calentamiento aproximado de 0,23 grados desde el año 1985.

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