Las mujeres del SXXI

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“No quiero solo ser madre, y trabajar; quiero libertad”, es la frase elegida entre las mujeres del SXXI.

Muchos historiadores de antaño investigaron las diferentes concepciones que se tenían sobre el rol y la figura de la mujer, desde los inicios en el mundo. En paralelo con la actualidad, crisis y luchas son temas que todavía siguen arraigados a nuestra cultura.

La sociedad exponía al aborto como una ofensa a la familia, juzgaba a rol como mujer y sacralizaba su figura. Siglos pasados, las criadas rurales eran seducidas por su patrón y frente al embarazo que consideraban como deshonor, lo escondían o abortaban en forma clandestina en las peores condiciones, en extrema soledad. Las mujeres eran condenadas a muerte o los jueces solo las absolvían si corroboraban la tesis del niño muerto al nacer.

Hoy, en la modernidad, no corremos con mucha ventaja ante estos principios frívolos, como así parecen a la hora en que los miramos solo en esta pantalla. La plenitud en la que nos movemos en el día a día establece los principios fundamentales como sociedad y la preocupación por el aborto legal o ilegal.

Muchos presentan su ayuda en secreto o más bien en condiciones sanitarias deplorables ligadas a la clandestinidad por ser el único medio al cual recurrir ya sea por su falta de contención, su economía y muchas veces acaba perjudicando su salud y causa problemas mayores.

La ilegalidad del aborto no lleva solo a tapar la falta de educación sexual por parte del gobierno y del Estado. Sino también refleja el grado de retroceso e inconsciencia social en la que vivimos. Según estadísticas, 3000 mujeres mueren por abortos clandestinos y se calcula que entre 460 mil y 600 mil mujeres recurren cada año al aborto clandestino.

La sociedad debería reflexionar sobre los diferentes hitos de este tema tan delicado que hasta generan, muchas veces, violencia psicológica y social hacia aquellas mujeres que sufren abortos espontáneos o situaciones dramáticas como violaciones.

Por otra parte, antiguamente, la familia se conformaba por un jefe, el padre y los hijos. Las relaciones dentro de esta solo se llevaban a cabo bajo la obediencia y el mando del jefe de familia. La madre, la hija mayor o las hijas mujeres eran las amas de casa y los varones eran los encargados de las tareas de oficio, por así de decirlo.

Era un hábito, en siglos anteriores, que el hombre de la casa le levantara la mano a su mujer; lo justificaban si ella no era buena ama de casa y debía aceptar su sometimiento sin eludir palabra alguna. El rol de la mujer desde su concepción estaba arraigada las tareas de la casa, pulir-lustrar y ser madre.

Todavía un gran número de mujeres son confinadas apenas expresan frente a su pareja sus opiniones ya sea por su entorno o familia. Ya sea en el ámbito laboral si tan solo quieren reclamar un derecho o pedir un lugar igualitario, el hombre comienza a sentirse en un lugar minoritario, perdiendo poder.

“No es que hoy hay más violencia de género que antes sino que las mujeres se están atreviendo a denunciarlos”.

Aún así, varias familias de estos tiempos conservan varios de estos hábitos, donde a la cabeza de la mesa se sienta el padre, y las mujeres son quienes se encargan de poner la mesa, servir y levantarla.
Con la convocatoria de la marcha, “Ni Una Menos” del año pasado frente al Congreso, lo que se quiso lograr es imponer en la agenda política del país los derechos de las mujeres y su importancia.

Según estadísticas de La Casa del Encuentro (ONG) ocurrieron más de 277 femicidios en todo el país durante 2014 y las cifras en la actualidad reflejan que cada 30 horas una mujer muere víctima de la violencia de género. Además, más del 70% de las mujeres que mueren denunciaron tales hechos de violencia sin recibir ninguna respuesta satisfactoria.

Es trágico que en la era de la innovación en la que nos encontramos sigamos en un retroceso cultural e ideológico en la que no solo la sociedad coloque a la figura de la mujer como un símbolo que tiene sus labores y su vida ya realizada y no una meta.

Casos de chicas que viajan al exterior o a las provincias y desaparecen se instalan en los medios de comunicación todo el tiempo. Instantáneamente culpan a la familia. El egoísmo que eso aflora, el mensaje que eso refleja, en vez de realmente leer entre líneas y preguntarnos qué estamos haciendo como sociedad.

¿Qué educamos, si juzgamos? Hay chicos que también sufren y no salen en los medios. Una mujer tiene derecho a descubrir el mundo, a disfrutar la vida, debemos lograr la equidad e igualdad en la sociedad. Solo pensá en lo que anhelan tantas mujeres que como vos no pueden leer esto y solo están acalladas buscando un poco de libertad.

#NI UNA MENOS. 3 de Junio.




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