Más de un millón de docentes indignados en Argentina

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El paro nacional docente ayer en Argentina, miércoles 24 de agosto, dio pie a que se apunte una vez más contra los trabajadores. Las cifras que se escucharon, vieron y leyeron por todo el país cifraron a las víctimas del paro: más de 9 millones de alumnos se quedaron sin clases ante la medida adoptada por el 95% de los trabajadores de la educación en todo el país.

Resulta notable ver cómo el informador, también, educa. Enseña a usar el sujeto de la oración según el enunciado que se quiere promocionar. Nueve millones de alumnos, el sujeto, fueron víctimas de una medida de fuerza que los docentes tomaron -pareciera- despreocupándose así por aquellos que quedaron abandonados, sin clases. Si bien hubo mención a la extraordinaria adhesión a la medida (aproximadamente el 95% del país decidió no trabajar ayer), no hubo apreciación de la magnitud del paro.

No hubo cifras de docentes indignados. En todo caso, hubo cifras de docentes que amenazan. Docentes -ahora sí, sujeto– que “amenazan” con más paros, docentes que “intensifican” el conflicto con el Estado, docentes que -al fin y al cabo- abandonan su labor (que parece ser ético-moral, no profesional) para, en palabras del ministro de Educación de la Nación, “dañar la educación estatal”. Habría que recordarle a Bullrich el aumento que le hicieron a los subsidios estatales para las escuelas privadas este año. ¿Será que el Estado, para el señor Bullrich, debe fomentar la educación privada mientras transforma la educación estatal en un apostolado?

[pullquote]Más de un millón de docentes marcharon en el país pidiendo por un salario justo, mejores condiciones de infraestructura y la implementación de los planes socioeducativos[/pullquote]

Nadie habló, ayer, de que la cifra de docentes en el país supera el millón de profesionales. Profesionales precarizados. Tampoco se dijo nada de las condiciones deplorables en las que se encuentra la infraestructura escolar, sobre todo, de la provincia de Buenos Aires y la Ciudad Autónoma. Además, es de considerar que más del 35% de los docentes del país se encuentran en la provincia, donde los paros a comienzo de año se han vuelto una constante. Los docentes, en la provincia de Buenos Aires, están precarizados: las sumas no-remunerativas de sus sueldos a veces superan al básico salarial. Si sumamos la falta de luz, gas, agua (en algunos casos intermitente, en otros persistente) y el, ya de por sí, salario bajo de los trabajadores; ¿cómo no pedir la reapertura de las paritarias ante los aumentos imparables de tarifas, alimentos y servicios?

Los aumentos acordados en febrero, en dos partes, oscilaron entre el 30 y el 35% total. El aumento absoluto fue para los docentes que cobran el mínimo, en cuanto la antigüedad (a la par de la edad, las responsabilidades, los gastos) y la cantidad de horas trabajadas aumenta, los docentes que más ganaban en enero, menos han sentido el aumento. Para el Ministerio, eso no es un problema, los números que manejan son totales, absolutos; se niega entonces la reapertura de paritarias asumiendo que la inflación no le ganó al sueldo. Afirmación que cualquier trabajador de la Argentina, hoy, sabe que se debe poner en duda.

Alejandro Demichelis, vocero de la Confederación de los Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA), recalcó que este año un 28% de los docentes paga el impuesto a las ganancias (contra un 11% del año pasado) que -supuestamente- el nuevo gobierno iba a solucionar. La suba del piso a las “ganancias” se vio superada por el aumento obligado por la inflación y la suba obligada por la devaluación. Así, cada vez más docentes pagan el impuesto que muchos han re-nominado como “impuesto al trabajo”. El gobierno se contradice en este sentido, quiere un docente que trabaje por un compromiso ético-moral, pero se niega a eximirlo del pago de ganancias.

Pero el paro de ayer, el de los docentes indignados-precarizados que piden mejores condiciones laborales, también tuvo otras consignas que en general se silenciaron. Hay un fuerte reclamo desde todos los sectores docentes, por el cierre de los programas socio-educativos: Fines, Conectar Igualdad, Orquestas y Coros Nacionales, Clubes de Jóvenes y de Niños. Estos programas se han ido cerrando, o desfinanciando (lo que motivó que algunas provincias los cerraran), generando una situación de abandono que no parece ir de la mano de las últimas declaraciones del ministro Esteban Bullrich. “Cuando un niño que va a una escuela privada tiene 15 días más de clases que los que van a escuela estatal, la diferencia es irrecuperable”, sentenció el ministro. De este modo, se desentendió completamente de los programas que se están desfinanciando y cuya función era la de achicar la brecha entre sectores sociales.

Las protestas continuarán en las próximas semanas. Es importante aludir constantemente que los que marchan y protestan son trabajadores de la educación que están pidiendo por un salario justo, mejores condiciones de infraestructura y la implementación de los planes socioeducativos. Debemos recordar que la función social de la escuela, siempre, es la de achicar las diferencias y acercar distancias entre los desiguales estratos sociales.

La bandera de la foto es ilustrativa: “Ser docente y no luchar es una contradicción pedagógica”




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