Masiva marcha en el día de la Memoria

Con la consigna principal “Defendemos las victorias y vamos por más democracia”, 50 mil personas se movilizaron al cumplirse 39 años del inicio de la última dictadura cívico-militar. Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, H.I.J.O.S. y militantes oficialistas coparon el lugar en una primera caminata.

La cita comenzó bien temprano y, ya pasado el mediodía, el centro de la ciudad de Buenos Aires rebosaba de bombos, carteles, banderas y autoconvocados. Fue una de las más numerosas marchas de los últimos años y estuvo marcada por una fuerte presencia de juventud.

Este 24 de marzo, quizás más que nunca, el pueblo se hizo presente para abrazar la lucha que comenzaron, hace 39 años, unas pocas mujeres que giraban alrededor de la Pirámide de Mayo. Ellas, ahora de pelos blanquecinos y pañuelos de nombres bordados, fueron llegando acompañadas de la bandera azul que lleva las fotografías de los desaparecidos, sostenida a su vez por miles de manos que compartieron el andar lento pero incansable.

A unos metros de distancia, la memoria se tiñó de festejo con el ritmo de La Chilinga, Tambores que no olvidan y murgueros que saltaban entre los caminantes, con sonrisas y canciones. La columna de H.I.J.O.S., por su parte, traía muñecos condenatorios como el de Carlos Blaquier (dueño del ingenio Ledesma), Ernestina Herrera de Noble (propietaria del Grupo Clarín) y un buitre enorme, con los nombres de algunas de las empresas que colaboraron con la dictadura.

El predio comenzó a llenarse y, a medida que la tarde continuaba, se hacía más difícil avanzar. Fue en ese entonces cuando aparecieron una combi y un colectivo repleto de más Madres, entre las que venía Hebe de Bonafini. Las manos arrugadas y las sonrisas vigorosas saludaban desde arriba a una multitud que les cantaba, como siempre, “el pueblo las abraza”. Con los celulares y las cámaras en alto, se fue dejando el camino libre hacia el escenario central al transporte que también traía dos precandidatos presidenciales: el jefe de Gabinete Aníbal Fernández y el Gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri.

Cerca del escenario, en una carpa blanca, esperaban las integrantes de Abuelas. Había una felicidad y una victoria particular que no habían estado los años anteriores: era una suerte de estreno del 24 de marzo para Estela de Carlotto, que encontró a Ignacio Guido Montoya Carlotto, su nieto, el año pasado. Al costado, escuchando el documento preparado por los organismos, se encontraba Florencio Randazzo, ministro del Interior y precandidato presidencial.

Las palabras leídas en conjunto se encargaron tanto de reconocer los logros de la década como de remarcar los puntos débiles. Entre estos últimos se encontraba la designación de César Milani como jefe del Ejército y el reclamo de que se esclarezca su responsabilidad en delitos de lesa humanidad; y la llamada “ley antiterrorista” que deja abierta la posibilidad de la represión de las protestas sociales. Volvieron a reivindicarse las causas de Jorge Julio López (el testigo que desapareció luego de declarar contra Miguel Etchecolatz) y Luciano Arruga (el joven detenido, torturado y asesinado por la Policía Bonaerense).

También se exigió al Poder Judicial que finalice con la impunidad de los partícipes civiles de la última dictadura, dejando en claro que ésta no hubiera sido posible sin su colaboración, así como tampoco pudo prescindir del poder eclesiástico, judicial, económico y empresarial.

La necesaria mención a los últimos nietos recuperados, que llegan a ser 116 hasta la fecha, no se hizo esperar. Fue la misma Presidenta de Abuelas la que leyó los nombres entre los cuales estaba incluida su propia sangre. Por último, propuso que para el 40° aniversario, todas las facciones políticas vuelvan a unirse en una única movilización y dejen de lado las diferencias de pensamiento. Se remarcó que nunca se había llegado tan lejos y que ya era irreversible el camino recorrido.

Luego del silencio final, vino la mejor sorpresa: un nene tomó el micrófono y realizó un último discurso contra el gobierno de facto instalado en 1976. El futuro venía de la mano de esa criatura de primaria que terminó en los brazos de Estela, aplaudido por una plaza que estallaba y no quería desalojarse. Cerca de las 6 de la tarde, inevitablemente, se invitaba desde el escenario a dejar espacio a la otra marcha, de la izquierda opositora, y comenzó la desconcentración de una de las más convocantes marchas del día de la Memoria.

María Eva González

María Eva González

Estudiante de Ciencias de la Comunicación.
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