“Mi sueño no es ser una mujer, es ser una travesti bien puesta”

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Andrea Cantero tiene 29 años, es actriz, activista, peluquera y novia. También es una chica trans, pero ¿a quién le importa?. Vive en un duplex en Versalles con su yorkshire y tiene su peluquería en Liniers.

Esta mañana no fue a trabajar porque está con fiebre, por lo que aprovechó para descansar y hacer el postoperatorio del vigésimo (y algo) retoque físico.

-¿Cómo fue tu infancia?

De chiquita, lo que te puedo contar es que mis papas se separaron y mi mamá se vino para Argentina. Yo soy de Paraguay.

-¿De qué parte?

De Asunción.

-¿Y qué pasó con tus papás?

Bueno, mi papá de la depresión que tenía se abrió e hizo su vida solo con otra mujer, en la misma casa. No nos daba tanta importancia a nosotros como hijos, así que nos criamos solos.

Después cumplí los 15 y me vine para acá con mi mamá. Ella es peluquera y me enseñó el oficio.

-¿Pudieron conseguir fácilmente trabajo?

Si, perfectamente. De hecho actualmente soy peluquera y tengo mi propio salón.

Bueno yo apenas vine le dije a mi mamá que tenía atracción por personas de mi mismo sexo y lo primero que ella me preguntó fue: “¿Te vas a vestir de mujer?”, a lo que le dije: “Por ahora no”.

Después conocí a mi pareja, Fabio, y estuvimos diez años, yo de hombre. Yo siempre tuve fantasías y tuvimos encuentros con mi pareja, siempre con mi forma femenina, pero en la privacidad nada más. Me costaba un poco tomar la decisión.

A los 27 me separé y me encontré conmigo misma.

-Dijiste “esto es lo que quiero ser”.

Claro, y de a poquito fui saliendo. Pasa que sos diferente y ya sos un bicho raro. Parece que lo único normal es la heterosexualidad y nada más. No vas a decir que estuviste con un chico, con una trans, no, “sos puto” sino. Tienden a discriminarte. Es como un mandato social ser heterosexual, o al menos aparenta serlo.

¿Conocés lo que es una “chica cross”?

-No, contame un poco.

Es una persona que se viste de chica solamente en ocasiones, no las 24 horas. Esto yo lo hacía con mi pareja en la intimidad. Después empecé a salir a boliches, a pizzerías, a teatros, a cines, de chica. Siempre por la noche, porque me daba más seguridad.

-¿Qué respuesta tuviste por parte de la sociedad?

Siempre fue impactante, me gritan cosas, cosas horribles. Pero cada vez me fui convenciendo que me sentía más a gusto y más identificada con mi rol de mujer, con mi género. Y me fui haciendo más cosas. Ser travesti es muy difícil, muy costoso, lleva mucho tiempo.

-¿Recibiste el apoyo de tu mamá?

Siempre me apoyó. De hecho el día que yo decidí vivir mi género las 24 horas le pregunté a ellos dos: a mi mamá y a mi papá actual, que es su pareja. Casi que les pedí permiso, y me dijeron que sí, “si vos sos feliz hacelo”. Y eso que son pastores evangelistas. Igual así me aceptaron. No te digo que están de acuerdo, pero me aceptaron.

-¿A qué edad te diste cuenta de que no eras igual a todos los nenes?

A los seis. Me di cuenta cuando hicimos un show de Xuxa en primaria. Me encantó la ropa de la protagonista, el pelito largo y rubio que tenía y no la miraba con atracción como la miraban los otros nenes.

-¿Se puede decir que la mirabas con admiración?

Si. Siempre admiré a las chicas, su cuerpo, sus curvas, su pelo. De hecho hoy en día son mi ejemplo a seguir. Tanto chicas como trans.

-¿Alguna vez pusiste en riesgo tu salud con las operaciones?

No, nunca. Igual todas las operaciones son de riesgo. De hecho la cirugía de feminización facial fue terrible, pensé que me iba a morir. El postoperatorio fue terrible, vomité sangre. No sé cómo sobreviví a eso. Si hoy tengo que volver a hacerlo yo te diría que no, por más cara de tipo que tenga. Pero bueno, es la locura de una por llegar a su sueño. Mi sueño no es ser mujer, es ser una travesti bien puesta. Yo amo ser travesti, elijo serlo.

-Vi que sos activista, ¿en qué organización participas?

Soy tesorera y encargada de todos los eventos en la Cooperativa de Arte Trans, que es una alternativa para que las chicas tengan otra opción, no solamente la prostitución o la droga, que es en lo que está el 95% de las chicas. Somos una cooperativa de pocas personas, es un trabajo que realmente necesita compromiso y yo lo hago por una pasión que tengo.

-Decis que la gran mayoría está en la droga y prostitución, ¿tuviste la necesidad de meterte en ese ambiente?

No, gracias a Dios no. Siempre tuve la peluquería. No vivo de la mejor manera pero tengo mi auto, mi casa, mi propia peluquería.

-¿Y como es el tema del VIH dentro de su comunidad?

Hay poco cuidado, tanto de las chicas trans como de los clientes. Hay gente que trabaja y no le interesa cuidarse, entonces viene un cliente, tienen relaciones y no se cuidan, no hay responsabilidad.

Creo que hoy día, 2015, hay conocimiento del tema, pero se perdió el miedo. La mayoría de los clientes vienen drogados, dispuestos a todo.

-¿Ahora estás en pareja?

Si, hace un mes y pico. Mi pareja me presentó a su nena. Me sentí una familia, entonces dije: “¿Por qué no vamos a dar un paseíto acá al shopping de Devoto?”. Fuimos y recibí todo tipo de respuestas: los chicos señalándome y riéndose al lado mío, los papás sacando fotos, otros cubriendo a los chicos para que no miraran. Cuando fui al baño con la nena para acompañarla una señora dijo: “¿A qué hemos llegado”, como diciendo “¡qué perversión!”. Hay mucha gente que todavía nos ve como tipos que nos pusimos una peluca.

Igual nada tapó esa tarde hermosa que pasé. Me sentí integrada, una mamá de verdad.

-¿Crees que al resto de las chicas trans les pasa lo mismo?

No. Termina su vida en la prostitución y en el sexo. No sueñan con una familia.

-¿Y vos tenes la idea de formar una en un futuro?

Si. Si bien es un mandato social no necesariamente tiene que ser para todas, pero es la primera vez que yo iba con una cuasi familia a una salida en el shopping y me surgieron un montón de deseos. Fue una cosa muy hermosa y me parecía casi inexistente esa posibilidad. Me di cuenta que podemos tranquilamente ser una familia y me encantó.

Hoy estoy muy cerca de cumplir mi sueño, que es tener una familia común y corriente, normal.

-¿Y seguirías con el activismo?

Si. Siempre seguiría. Es algo que me apasiona y aprendo muchas cosas en todos los aspectos.

No sé dónde voy a terminar, quizás haciendo solo teatro o la parte activista, o quizá me apasione tanto algo que termine estudiando.

Pero es algo que me hace sentir viva, fuerte.

 




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