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River vs. Boca, aF y dF (antes y después del Fútbol)

River vs. Boca fue la final más esperada y, de pronto, se convirtió en la más larga. Un encuentro memorable que se hizo tragedia imposible de olvidar.

River vs. Boca o Boca vs. River es considerado uno de los espectáculos que uno está “obligado” a presenciar antes de morir. En lo que a deporte se refiere, sin dudas está entre los más convocantes a nivel mundial. Ni qué hablar si nos circunscribimos únicamente al fútbol.

Esa cualidad de partido único aplica a cualquier cruce entre ambos equipos, incluso, aunque en lógica menor medida, en los llamados amistosos. Difícil es imaginar, entonces, lo alucinante y extraordinario de que ambas camisetas digan presente en el mismo campo en una final de Copa Libertadores, el torneo más importante de América.

Un capítulo inolvidable en la historia deportiva se abría, dando lugar a un evento que quedaría para siempre en la retina y la memoria de cada persona dichosa de vivirlo. Sin embargo, si bien esa premisa se cumplió con creces, lo hizo de forma muy diferente a la que tantos y tantas deseábamos.

Ver también: Conmebol resolvió que el segundo de la final se jugará el 8 o 9 de diciembre fuera de Argentina

Una piedra en el camino

Literalmente fueron unas piedras, junto con botellas, rollos de papel, palos y cuánta cosa más, las que arruinaron la fiesta. Bueno, vale aclarar que no fueron ellas, sino las manos que las arrojaron. Parece un chiste que en cada tragedia y cada episodio lamentable que vive nuestro mundo el humano sea protagonista.

En Argentina, así como en Sudamérica (y no están exentos otros países, vale pensar en los hooligans ingleses, las parcialidades extremistas de Grecia o Turquía, entre otros), se naturalizó el odio en la cancha. Insultar a viva voz, ensayar una catarata de gestos obscenos y arrojar elementos más o menos grandes, punzantes o duros al campo es ya una costumbre en las gradas.

Lo más lindo del “folklore”, como son los cantitos ingeniosos, los apodos divertidos y hoy, en épocas digitales, los memes inmediatos, poco a poco se fue diluyendo. La permivisidad de lo grotesco y la costumbre de lo belicoso le fueron ganando terreno.

Los mismos de siempre

Cada episodio de violencia ligada al fútbol nos interpela y nos impulsa a buscar culpables. Los candidatos siempre son los mismos: la barra brava, la policía y la seguridad, las dirigencias de los clubes, gobiernos local y/o nacional, medios de comunicación. En general, se termina absolviendo a todos gracias a culpar, también, a todos: fue la sociedad.

Y es cierto. Es nuestra miseria cultural la que hace que nazcan, crezcan y se reproduzcan estos actos. Aunque también es cierto que son los delincuentes llamados barras, la policía que deja zona liberada, el gobierno que no previene ni soluciona y los medios que, antes de la nota donde se lamentan por lo sucedido, colocan la frase polémica de un jugador para avivar el fuego de la violencia.

Sí, son los mismos de siempre. Hirieron al fútbol hace mucho y poco a poco clavan más el puñal en su corazón. Pero no lo mataron, a pesar del título de esta nota. Sobrevive gracias a nosotros, los hinchas genuinos que amamos nuestros colores tanto pero tanto que respetamos y valoramos que haya otros que amen así los suyos, aquellos que no compartimos. Que los amen tanto como nosotros a los nuestros.

¿Algo va a cambiar?

Se supone que estos acontecimientos extremos, que en este caso sin dudas lo es, nos llevan a un replanteo a nivel social y a un cambio de hábitos profundo. Salvando las distancias y con riesgo a equivocarme, se podría hacer un paralelismo con lo que significó para el rock nacional la tragedia de Cromañón.

Me gustaría resaltar el “se supone”. ¿Por qué? Porque ya son muchas las veces que el shock inmediato, que parecía indicar que ya nada sería igual, se terminó alejando como una ola furiosa que abandona mansamente la costa.

Hace no mucho tiempo en Córdoba muchos hinchas de Belgrano provocaron la muerte de un joven por sospechar que era hincha de Talleres. Un poco más atrás un hincha de Boca celebró el empate en 2 ante River porque “ellos hicieron dos goles, pero nosotros les matamos a dos”. Incluso hoy algunos hinchas de San Lorenzo, aunque una minoría, celebran el asesinato de Cafú y Ulises, dos barras de Huracán.

La vida siguió y sigue; el fútbol también. Aunque hoy parece que se superó un límite, ¿algo va a cambiar? Me gustaría saltar unos meses adelante, mirar el espejo del tiempo y preguntarle: al final, ¿algo cambió?

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Matías Hernán Piccoli

Gritando desde el 92. Licenciado en Comunicación Social en UBA. Escribo, hablo y escucho mucho.

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