sábado, octubre 23, 2021
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Robledo Puch tiene libertad luego de 44 años

Argentina- Carlos Eduardo Robledo Puch, es el mayor asesino serial de la historia argentina desde 1973. Vivía con su familia en el barrio de Olivos y con tan solo 20 años fue condenado.

El pasado martes, sólo por unas horas, pudo salir de prisión luego de 44 años de encierro con el fin de realizarse estudios médicos, debido al deterioro de su salud por su avanzada edad. Fue trasladado desde Sierra Chica hacia los Tribunales de San Isidro.

Los medios de comunicación y la sociedad frente a sus frívolos y macabros crímenes lo bautizaron como el “El ángel de la muerte” o “El ángel negro”. Con tan solo 20 años se lo condenó a reclusión perpetua con la sumatoria de pena accesoria de reclusión por tiempo indeterminado: cometió 10 homicidios calificados, un homicidio simple, una tentativa de homicidio, 17 robos, una violación, una tentativa de violación, un abuso deshonesto, dos hurtos y dos raptos.

Varios de sus crímenes a sangre fría, se lo adjudican a su amigo a quien frecuentaba, Jorge Ibañez. El terror a Olivos llegó con ellos en 1971. Su primer acto delictivo comenzó el 15 de marzo cuando ingresaron al boliche “Enamor” y se llevaron una totalidad de 350 mil pesos. Antes de huir, Puch asesinó con su pistola calibre 32 al dueño y al sereno del establecimiento mientras dormían. Cuando el juez le preguntó porqué lo había hecho si estaban dormidos, solo respondió – ¿Y qué quería? ¿Qué los despertara para matarlos?

Ese mismo año, el 9 de mayo por la madrugada, la dupla Puch-Ibañez se adentró en un negocio de repuestos de automóviles Mercedes-Benz, ubicado en Vicente López y se encontraron en la habitación con una pareja y su hijo recién nacido. Robledo se encargo del asesinato del hombre con un disparo certero e hirió a la mujer de la misma forma. Ibañez, frente a su inmovilidad intento violarla. Antes de huir con 400 mil pesos Puch, disparó hacía la cuna donde se encontraba el bebe pero este sobrevivió al igual que su madre.

En el transcurso de ese año asesinaron a un sereno de supermercado, ejecutaron en la ruta a dos jóvenes mujeres que también habían sido abusadas sexualmente por Ibañez en el asiento trasero del automóvil de turno (una de ellas pudo evitar ser violada).

Dos meses más tarde, el 5 de agosto por circunstancias que no se llegaron a esclarecer, Ibañez falleció en un accidente automovilístico. Muchos inducen la teoría que Puch, fue el responsable del asesinato ya que salió ileso de la escena del accidente. Robledo Puch no descansó y volvió a sus hazañas con un nuevo cómplice, Héctor Somoza, en noviembre del mismo año.

Sus hazañas principales fueron: asalto en un supermercado en Boulogne en donde acribillaron a balazos al sereno con una pistola Astra de calibre 32, que obtuvieron en el robo de una armería. Luego irrumpieron en una concesionaria de autos y asesinaron al cuidador. Pasada una semana, fue el turno de otra concesionaria en Martínez, donde redujeron al sereno, le quitaron las llaves y robaron un millón de pesos. Robledo Puch, lo asesinó de un disparo en la cabeza.

Este socio tampoco le duró mucho tiempo, el 1 de febrero de 1972 un error en este hecho fue lo que llevó a que finalmente «El Angel de la muerte» fuera detenido.

Robledo Puch y Somoza ingresaron a una ferretería de Carupá, al asesinar al vigilante e intentaron abrir la caja de caudales con las llaves. Se generó una situación confusa en la que Puch se sobresaltó y asesinó de un disparo a su amigo y cómplice. Tomó un soplete y quemó la cara del cadáver, pero olvido su cédula en el bolsillo de Somoza lo que lo implico en la causa y sirvió para imputarlo.

Por tal crimen y con tan sólo 20 años de edad, Robledo Puch fue detenido el 3 de febrero de 1972. En 1980 fue condenado a prisión perpetua.

El fallo de la Sala 1 de la Cámara de Apelaciones de San Isidro lo consideró «un psicópata con plena capacidad para comprender la criminalidad de sus actos», aunque las pericias resaltaban que Puch procedía de un «hogar legítimo y completo, ausente de circunstancias higiénicas y morales desfavorables», por lo que el móvil de los crímenes nunca estuvo claro. Según se dijo en aquel momento, las últimas palabras que dedicó al tribunal que lo condenó fueron: «Esto fue un circo romano. Algún día voy a salir y los voy a matar a todos». Hasta el día de hoy él niega haber hecho esa declaración.

Su defensa en 2009 pidió su libertad para que pueda dejar el país, pero La Corte Suprema de Justicia lo rechazó. Quizás los jueces recuerden que Puch les dio su propia sentencia hace más de 43 años.

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