lunes, septiembre 27, 2021
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Sava y su impredecible Racing posmoderno

Avellaneda.- Facundo Sava va a cumplir su tercer mes como técnico de uno de los equipos más grandes del fútbol argentino. El desafío se despuntaba enorme, asfixiante quizás para algunos, pero el «flamante» DT -más allá de los altibajos- supo leer la marea y mantener el barco a flote. Así y todo, su modo de entender el fútbol (o la manera en que sus jugadores han logrado extrapolar sus indicaciones al campo) sorprendió no tanto por el análisis de juego que hizo el Colorado, sino más bien y sobre todo por la disonancia que se presenta con el modelo anterior, el exitoso año y medio de Diego Cocca al frente del team. Mientras que el Racing de Cocca era conservador, cuidadoso y ordenado; este nuevo modelo (que según la dirigencia fue elegido en consonancia con lo anterior) se mostró innovador, arriesgado y desordenado en todas sus filas. Ahora ¿por qué decir que este Racing de Sava es podomderno? Ya llegaremos a eso.

En el fútbol no es cosa nueva la discusión entre quienes promueven un fútbol vistoso, atractivo por la vocación ofensiva, el número de llegadas y el manejo de pelota, y aquellos que en cambio sostienen un sistema ordenado y simple, que busca mantener el arco en cero, arremeter de contra, encontrar la debilidad del rival y, desde allí, estructurar las victorias (de más está decir que hoy día tenemos ambas caras de la moneda sobreviviendo en la cosmopolita Madrid). Pero, entonces ¿qué propone Sava para este Racing? Mientras que los primeros partidos mostraron un desentendimiento absoluto de la tarea defensiva, intentando lastimar los 90 minutos, los clásicos ante Boca e Independiente sorprendieron por su vocación defensiva, su planteo timorato y la aparición de un único delantero con obligaciones más bien defensivas.

Ante la obligada comparación, la voluntad defensiva del Racing de Cocca no se postulaba bajo la premisa de no perder, era un intento de aprovechar ciertas capacidades del plantel, velocidades, potencias, individualidades que daban la talla para hacer ese juego. Pero no se trata sólo de poner 10 defensores y un arquero. Los primeros partidos de Sava asustaron un poco, ahí sí parecía que primaba el desorden por sobre el esquema: podía parecer que la mitad del equipo jugaba en una posición ofensiva, y la otra mitad intentaba acompañar. Con esa lógica, Racing arrancó el torneo local con muchos jugadores volcados al ataque, parecían instados a atacar sin saber la manera, como si lo que importase solamente era el resultado y nada más. Como si el instante de la victoria lo fuese todo, y hacia allí apuntaban. Pero los resultados asustaron, y entonces ya no importó tanto la victoria, sino cuidar el empate; y todos los jugadores se abocaron a la tarea defensiva, sin atreverse siquiera a cruzar el círculo central.

Ahí es cuando uno empieza a pensar que este Racing de Sava es un poco posmoderno. Atravesados por el impulso del fervoroso deseo del instante, de esa victoria catalizadora, embriagante, que todo lo puede, los intérpretes salieron a la cancha a romper esquemas, ideas, planteos y fórmulas otrora ganadoras, con el fin exclusivo de llevarse tres puntos a casa. Pero como lo que prima en este mundo cada vez más posmoderno es la tracción del placer efímero sin importar los medios para lograrlo, vence también el eclecticismo y el fin de un sistema de pensamiento ordenado. Así, tras el fracaso en el desorden propio de la anti-racionalidad posmoderna, la respuesta fue una actitud radicalmente contraria: un equipo decidido a quedarse estático, enraizado al césped, inmóvil y preocupado en no reaccionar. Cada segundo del partido parecía ser sufrido por los jugadores, que querían terminar el partido llevándose un puntito para tener algo que celebrar.

Insólito, el entrenador siempre dijo que la idea de juego era siempre la misma. Parecía también sumido en la más grande preocupación, conseguir triunfos que lo promuevan en su carrera individual al estrellato, sin importar como. Porque como él mismo dijo: «si metemos seis goles en un arco, y nos meten tres, igual ganamos». Cuando el análisis de un partido se traduce en cantidad de goles, entonces todo debate sobre los sistemas de juego quedan vacíos. Aquí ya no hay racionalidad que sostenga esta dura realidad. Fiel a su completa entrega a la posmodernidad que parece alentarlo desde las gradas, Facundo Sava promete goles, nada más.

En realidad, es cierto, ha planteado que piensa cómo ajustar ciertas cuestiones de repliegue a la hora de quedar desordenados tras atacar hasta con el arquero. Incluso, quizás, Sava tenga ideas sobre lo que quiere, aunque no sepa transmitirlas a los medios. La realidad es que esta absoluta entrega a la necesidad del momento (sea meter goles, sea que no le metan goles) y su denodado esfuerzo por constituirla como lo único que debe priorizarse en el partido, ha terminado dándole resultados -en suma- positivos. Será cuestión de darle más de tres meses, y ver cómo avanza en la Copa Libertadores, el objetivo más preciado por el mundo académico y al cual le debería ofrecer toda su atención. Por el momento, Sava sólo muestra esa cara incierta, impredecible, propia de un Racing posmoderno.

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