Si me querés, quereme transa: estampas de un mundo ilegal

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Si me querés, quereme transa es el segundo libro del periodista y escritor chileno, Cristian Alarcón. Al igual que con su anterior libro, Cuando me muera quiero que me toquen cumbia, el autor aclara al comienzo que tanto los nombres de los protagonistas como el tiempo y el espacio en donde se desarrolla la historia, han sido modificados. Este libro es el resultado de una larga investigación periodística sobre las cadenas de narcos en Argentina que lo llevó a adentrarse en el mundillo de inmigrantes andinos. Peruanos y bolivianos que se han instalado en las zonas pobres de la ciudad de Buenos Aires y han asentado sus costumbres, comidas y rituales religiosos. Dentro de ese mundo, el cronista se concentró en contar las historias de los personajes del narcotráfico. Sin embargo, la lectura de todo el libro lleva a reflexionar acerca de lo que hay más allá del tráfico de drogas: grupos marginales que están por fuera del sistema y que encuentran, en lo ilegal, una forma alternativa de progreso social y económico. Al mismo tiempo, refleja la vulnerabilidad que ese universo violento conlleva y cuyas prácticas tienen, en muchos casos, a la muerte como la moneda más corriente.
A partir de la investigación, se refleja la intención de entender la lógica interna a partir de la cual funcionan estos grupos pero sin caer en las estigmatizaciones ni acusaciones. La narración cuenta diferentes relatos que se entrelazan y forman así una gran crónica que articula los efectos que el tráfico ilegal conlleva con la vida de seres humanos que padecen una situación de fragilidad extrema. Así, la historia refleja la mayor paradoja de todas: personas que oficialmente no son dueñas de absolutamente nada, peleando por el control de un territorio.
La crónica se organiza, principalmente, a partir de las voces de los personajes que forman parte de este grupo de traficantes de cocaína, la mayoría peruanos, que viven y negocian en “Villa del Señor”. El relato alterna la voz del narrador con testimonios en primera persona extraídos de entrevistas que el cronista les hizo a los protagonistas.
Hay cinco clanes que se disputan la distribución de la cocaína y entre ellos sobresale una mujer, Alcira, cuyo camino hacia el negocio de la droga fue un periplo, fiel reflejo de lo que implica hacerse de un reconocimiento propio en un mundo que necesariamente está escondido del curso legal. Pero así lo hizo, y luego de padecer todo tipo de desventuras, se dio cuenta de que sólo iba a continuar viva dentro del negocio de la droga si desdoblaba el dinero hacia rubros más transparentes como el textil y el gastronómico.
Nuevamente, Alarcón nos presenta un material que si bien es producto de años de investigación, no tiene como objetivo la denuncia de ningún tipo. El cronista forma un coro de voces que cuentan su historia: sus costumbres, modos de vincularse, los ritos religiosos y sus duelos de vida o muerte. Todo se incluye para armar el entramado que permitirá, al lector, tener un panorama más completo de todo lo que sucede detrás y alrededor de ese negocio ilegal. Así logra armar un relato sumamente atrapante que echa luz sobre un recorte de la realidad que es parte, y a la vez resultado, de una sociedad con profundas desigualdades.




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