Sirios desean abandonar Alemania por miedo

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Alemania.- Un ciudadano sirio recibió un botellazo a bordo de un tren. A otro lo sacudieron en plena noche tres hombres con armas y con palos de madera. A una mujer refugiada, un desconocido le quitó el velo caminando por una calle.

Un año después de haber escapado de su nación, desolada y destruida por la guerra, para ingresar a una Alemania que conjeturaban hospitalaria, algunos asilados de Siria han sido mártires de tanta repercusión que están especulando  volverse a ir.

“Es terrible este país”, expone Fares Kassas. “El individuo me tiró la botella en el momento en que las puertas del tren se cerraban. No logré hacer nada”, se lamenta este ciudadano sirio que alcanzó un asilo en Alemania pero que actualmente ambiciona ir con sus padres a territorio de Turquía.

“Me encuentro tan nervioso que ahora tengo complicaciones en el estómago”, afirma por su parte Mohammad Alkhodari. Desde que distinguió pararse un automóvil delante de él con un conjunto de hombres instalados a pelearse,  a este higienista dental se le dificulta salir de su hogar detrás de las seis de la tarde.

Estos dos  ciudadanos sirios ingresaron a la localidad de Sajonia, un a jurisdicción regional de la antigua RDA comunista donde la cantidad de hechos violentos ejecutados por militantes de extrema derecha se multiplicó el año pasado, de doscientos treinta en el año 2014 a casi ochocientos. El tres de octubre, la diplomática Angela Merkel fue censurada por su política de acogimiento a los migrantes durante las solemnidades de la fiesta nacional.

“Las provincias del este no resultan buenas para los albergados. Es dificultoso hallar alojamiento, no existe trabajo ni relación con los habitantes”, reflexiona Alkhodari, que busca exasperadamente mudarse al oeste de la nación de Alemania.

“Tendrían que evaporarse todos”, expresa un hombre de unos cincuenta años, al ser interrogado en referencia a lo que piensa de los asilados en Sajonia. La “discriminación y la recargada derecha latente” siempre se ha encontrado presente en la sociedad  de Alemania, atestigua Enrico Schwarz, que administra una asociación de auxilio a los refugiados, “pero se han hecho más perceptibles”, dijo.




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