Stranger Things, el fenómeno de Netflix

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Stranger Things, el fenómeno de Netflix

La nueva serie del sitio de streaming ya es un éxito rotundo.

Seguramente en las últimas semanas habrás escuchado el título “Stranger Things” al menos una vez: en las redes sociales, en el trabajo, la escuela, la facultad, el supermercado… todos hablan de ella. Y no es para menos: la producción original de Netflix se estrenó hace tan solo un mes y ya se convirtió, prácticamente, en un clásico de las series. ¿Cuál es la clave de su éxito?

Primero lo primero: ¿de qué se trata? Si sos uno de esos que todavía no la vio (y, en caso de que sea así, te aseguro que al terminar esta nota vas a salir corriendo a verla), lo más importante que tenés que saber, sin caer en el spoiler, es que esta serie de ocho capítulos que está disponible en Netflix desde el 15 de julio retrata la historia de un pueblo que se ve conmocionado ante la misteriosa desaparición de Will Byers, un niño de 12 años de la ciudad de Hawkins, Indiana, a partir de la cual comenzará una exhaustiva investigación por parte de la policía local, su familia, sus amigos, e incluso el FBI y el gobierno de los Estados Unidos.

Pero el detalle de mayor atractivo es que toda la producción está situada en los años ochenta y toma gran inspiración de las películas y series más emblemáticas de la década. Los Hermanos Duffer, productores, directores y creadores, son grandes fanáticos de la época y decidieron rendirle tributo a sus títulos favoritos: a lo largo de la serie se ven innumerables guiños a películas tanto de ciencia ficción como otros géneros, y en especial a E.T., Los Goonies, Alien, Poltergeist, Ojos de Fuego, Encuentros Cercanos del Tercer Tipo, Cuenta Conmigo (que aunque no es de ciencia ficción, tuvo una gran incidencia en la trama de la película), y muchas otras, que sin duda los aficionados podrán distinguir sin dificultades.

Incluso desde la tipografía del título (que es la misma de los libros Elige Tu Propia Aventura pero en letras de neón), el póster que remite a los de los estrenos de aquellos tiempos, el soundtrack repleto de clásicos tales como Should I Stay or Should I Go, de The Clash, o Africa de Toto y hasta referencias históricas, que son sólo algunos de los elementos (muy bien logrados) que ayudan a darle toda una mística ochentera que te lleva directo a esos tiempos.

Y es que Stranger Things no es un “copy-paste” o un simple rejunte de películas ochentosas, como tantas otras veces ha pasado, sino un verdadero homenaje al cine de Steven Spielberg, a la estética de la época, a las costumbres, al modo de vida tan diferente que se llevaba, a la infancia llena de aventuras y amigos que muchos recordarán al ver a Mike, Lucas, Dustin y Eleven (u Once, en su traducción al español), los pequeños protagonistas que intentan encontrar a Will Byers. Y realmente es esa la clave del éxito: la gran mayoría de los usuarios del sitio de streaming, que hoy tienen entre 30 y 40 años, vivieron su infancia en los años ochenta o saliendo de esa década, y Stranger Things despierta una fibra nostálgica difícil de ignorar. Netflix lo ha hecho de nuevo.

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Al ser una producción propia, Netflix puede elegir llevar a las pantallas de sus usuarios exactamente lo que ellos quieren, porque conocen muy bien a sus clientes y lo que les gustaría ver. Eso queda demostrado con prácticamente cada una de sus producciones originales, tal como la mundialmente exitosa Orange Is The New Black.

La particularidad de Stranger Things, sin embargo, es que a pesar de estar dirigida a un público muy particular también es tremendamente popular en grupos muy variados de edades y géneros: no es nada raro encontrar a chicos de 13 años o menos disfrutando de la serie con sus padres, porque a pesar de ser bastante lúgubre e incluso por momentos terrorífica, también mezcla con una fluidez exquisita momentos de pura comedia, amor, amistad y melancolía.

Otro punto a favor es el elenco: por supuesto, se destaca maravillosamente Winona Ryder, que interpreta a Joyce Byers, mamá de Will. En su primer papel para la pantalla chica, Ryder transmite toda la paranoia, psicosis y desesperación de una madre por encontrar a su hijo con tanta precisión y humanidad que dan ganas de atravesar el televisor, tablet o celular para darle un abrazo bien fuerte. La acompañan Charlie Heaton (Jonathan Byers, el callado y tímido hijo mayor), y David Harbour (el desordenado jefe de la policía local, Jim Hopper).

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Pero sin duda la gran (y grata) sorpresa viene de la mano de los más jóvenes del elenco: la revelación más fuerte fue Millie Bobby Brown, que se pone en la piel de Eleven (Once en español), una nena menudita y asustadiza con una historia perturbadora que aparece en una noche de lluvia en medio de un bosque, tan solo vistiendo una bata de hospital, y la cabeza rapada. Brown  lleva a cabo una interpretación completamente profesional que realmente sorprende, siendo que a sus 12 años actúa muchísimo mejor que tantos artistas “medio pelo” que vemos pasar por la televisión. Quizás algunos la conozcan de Intruders, una película de producción hispano-anglosajona del 2011.

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Un favorito del público es, por supuesto, Dustin, el regordete chistoso y tierno que se lleva todas las risas: el nombre detrás del papel es Gaten Matarazzo, quien estuvo durante mucho tiempo actuando en el musical Los Miserables en Broadway. Y que, por esas casualidades de la vida, terminó actuando en esta serie con un amigo que también pasó por Broadway, como el joven Simba en El rey León: se trata de Caleb McLaughlin, quien es el pequeño sínico y (a veces demasiado) realista Lucas en Stranger Things. El grupo se completa con  Noah Schnapp, que es Will, el nene perdido (quien por ende no aparece demasiado en pantalla pero aún así se destaca mucho por su nivel de actuación) y Finn Wolfhard (Mike Wheeler), que con 13 años logró interpretar un papel protagonista con mucho profesionalismo y al mismo tiempo soltura y fluidez, y nos sacó a todos más de un suspiro de ternura cuando interactúa con su amiga Eleven en la serie.

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Algo que se destaca excepcionalmente en la trama es la veracidad y el realismo que llegan a brindar los actores a través de su trabajo, a pesar de tratarse de una producción de ciencia ficción. El nivel humano es enorme, y realmente se transmite a través de la pantalla una energía que nos hace sentir parte de la historia, que nos da ganas de acompañar a los personajes en sus aventuras, en su dolor, a través del peligro.

Y por eso Stranger Things es más que un tributo a la década de los 80: es una historia redondita, sin asperezas, que te mantiene al borde del asiento al final de cada capítulo y prestando atención a cada segundo, haciéndote sentir las emociones precisas en el momento justo. Al mismo tiempo, también te hace pensar: es posible elaborar mil teorías sobre lo que pasó y lo que está por pasar (aunque aún no hay una segunda temporada confirmada desde Netflix, pero sí sabemos que está entre los planes de los realizadores) y a su vez nos deja una reflexión más profunda, sobre lo que muchas veces pasa y nosotros ignoramos (sin dar demasiados detalles, el que vio la serie me entenderá: me refiero al pasado de Eleven).

Sin más, Stranger Things es, en sus tan sólo ocho capítulos, una serie maravillosa que vale muchísimo la pena ver, o aunque sea, darle una oportunidad. Para grandes, chicos, para verlo solo, en familia o con la persona que más quieras: ¡Recomendadísima!

Martina Jaureguy

Martina Jaureguy

Estudiante de Periodismo en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora
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