martes, octubre 26, 2021
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Takuu: Isla que desaparece a causa del cambio climático

Papua Nueva Guinea.- Una dramática realidad se percibe en este país africano debido a que una isla se está hundiendo bajo el mar a consecuencia del cambio climático del planeta. El nombre de la isla es Takuu y está situada a 250 kilómetros de Bougainville.

Este lugar cuenta con 560 habitantes, quienes persisten en no abandonar sus hogares debido a que no creen que su isla se vaya a hundir. Asimismo, ignoran que la fricción de las placas tectónicas en constante movimiento y el cambio climático tienen consecuencias inmediatas. El mar se adentra cada vez más en la tierra, anega los palmerales y sala las aguas subterráneas, tanto que las plantas de ñame se marchitan y no hay comida suficiente para saciar el hambre de los isleños. A pesar de esto no les interesan que sus vidas corran peligro.

Hace 11 años, por ejemplo, se realizaron investigaciones como la de Joanna Wane, profesora de la Universidad de Auckland, que investigó el caso de Takku y llegó a la conclusión que no podía albergar una comunidad, pues la isla no iba a tener la suficiente capacidad para subsistir. Incluso Judith Schalansky también manifestó el fatal destino de la isla, que quedó plasmado en un Atlas de islas remotas.

A pesar de estas investigaciones importantes, los misioneros y los investigadores tienen completamente prohibido poner un solo pie sobre esta isla: los habitantes de Takuu quieren permanecer leales a los suyos y a sus creencias. Necesitan la cercanía de los espíritus, quienes hace bastante tiempo levantaron este atolón con los huesos del océano y de los antepasados y que desde entonces protegen la isla, un frágil anillo de arena, que se alza al menos un metro por encima de la superficie del mar.

Si bien se tiene la idea que la isla se hundirá dentro de poco, los ancianos de Takku intentan construir diques, amalgaman raíces, arenisca y piedras para formar masas fangosas y compactas que depositan en las orillas más amenazadas por el mar; también rezan a los espíritus y piden ayuda a los antepasados. Además, los jóvenes no se paran a pensar, ni en el futuro ni en el pasado, y día tras día beben leche de coco fermentada por el sol. De las ramas de los árboles cuelgan innumerables botellas de plástico para producir este licor.

No se sabe cuándo se hundirá Takku, pero por lo menos aquí la vida sigue igual a pesar del riesgo latente y evidente.

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