Tiempos violentos, la historia sin fin

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Tiempos violentos, la historia sin fin

Buenos Aires.- Tantas veces dicho y no por eso menos real: “el fútbol es un reflejo de la sociedad”. Y, lamentablemente, la comunidad en la que vivimos apesta de tanta violencia y corrupción. Por eso a nadie debería sorprender demasiado lo que sucedió anoche en el Superclásico más esperado de los últimos tiempos. Porque se trata de un eslabón más de una larga cadena de escándalos, y mientras no exista una decisión real del Estado para cortarla, la vergüenza no tendrá fin.

Prueba de ello puede dar Javier Cantero, el ex mandatario de Independiente, quien llegó a su club con la sana intención de eliminar a la barrabrava y debió renunciar antes de finalizado su mandato, bajo amenaza de los violentos y más solo que pingüino en el desierto.

A horas un bochorno “deportivo” mayúsculo, las versiones circulan como pólvora encendida. Que la interna de la barra explotó donde más podía lastimar a Daniel Angelici. Que la oposición boquense hizo lo suyo para impedir la reelección del presidente de Boca. Que fue el Kirchnerismo quien intervino para perjudicar a Mauricio Macri, supuesto conductor del club a través de una “marioneta”. Todas suposiciones que jamás van a ser esclarecidas, como la mayoría de las infamias más importantes en nuestro país.

En cuanto a los hechos concretos, ¿cómo es posible que un “hincha de Boca” meta las manos durante varios minutos a través del alambrado y dentro de la manga por donde pasan los jugadores de River, y mil y pico de policías miren hacia otro lado? ¿De qué manera se explica que ni ellos ni los integrantes del Cuerpo de Seguridad contratado por el club prevengan semejante salvajada? ¿Por qué un hincha común es palpado dos veces antes de ingresar a la cancha y luego puede ver cómo vuelan diez bolsos desde la tribuna dónde su ubica la Doce hacia la popular inferior, la que linda con la manga, cómo si fuera algo normal?

Un párrafo aparte para ese hincha real de Boca. Ese que apretujado en la tribuna durante cuatro horas y sin señal en el celular, en medio de los cantos y los bombos, apenas puede oír por los altoparlantes que el partido está suspendido y no tiene claro el motivo: por la tele se ven las caras y las camisetas de los jugadores de River, los diálogos tipo agente secreto de los protagonistas en el campo de juego y muchas otras escenas en HD, pero desde la tribuna escasamente se puede descifrar qué sucede allí abajo. Tres horas más tarde, ese genuino seguidor “xeneize” entra a su casa y logra ver lo que muchos ya miraron por TV: ojos llorosos, pieles quemadas, discusiones, insultos, y la frutilla del postre, el Secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni, afirmando muy tranquilo: “Ya desconcentramos al público del estadio sin ningún incidente, el operativo de seguridad fue un éxito”. Y ahora… “¿quién podrá defendernos?”

Daniel Ruchelsman

Daniel Ruchelsman

A veces me voy, pero siempre estoy volviendo al periodismo
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