Víctor Hugo Morales: ¿Censura o mero despido?

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Con los cambios de gobierno, hay emisoras que tratan de congraciarse para que no les retrotraigan la pauta oficial, que gozaban con los anteriores gobernantes. El mes de enero es el clímax anual en el que se tratan estos asuntos. Un momento cuando la pauta oficial se evalúa, y reevalúa.

Víctor Hugo Morales destiló “kirchnerismo” a diestra y siniestra, lo cual no es una crítica. Fueron sus convicciones. El “kirchnerismo” le dio la posibilidad de reinventarse. De ser un grandioso relator de fútbol, devino en un periodista político. Más bien, se transformó en uno de los emisores K.

En su nuevo rol, supo desempeñarse de forma sobresaliente. Opinó lo que el «kirchnerismo» quería escuchar: la guerra contra Clarín. “Vos no elegís, Clarín elige por vos”, dijo en sobradas ocasiones.

Cambiemos supo hacer campaña en las elecciones del 2015 prometiendo el respeto a las instituciones, la pluralidad de las voces y el fin de la “grieta”. No obstante, el presidente Mauricio Macri pareciera estar haciendo lo contrario a sus promesas de campaña. La designación de jueces por decreto y el recorte presupuestario destinado a la Educación son algunas de sus medidas más cuestionadas.

Aún así, lo que más parece calar hondo son la libertad de expresión y la censura. En los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner, hubo periodistas que fueron despedidos cuando sus empleadores pegaron el salto al modelo o cuando sus emisoras y canales fueron adquiridos por empresarios afines a tal.

Nelson Castro, en enero de 2009, fue sacado del aire de AM Del Plata a pocos días de que un grupo vinculado al empresario K Sergio Szpolski comprara la emisora. Luego, Lucas Carrasco y Jazmín de Grazia –modelo y periodista fallecida- fueron despedidos de Duro de Domar por el productor Diego Gvirtz, Televisión Registrada y el propagandista 678 entre sus programas, tras cargar contra Amado Boudou –por ese entonces ministro de Economía- y Aníbal Fernández, respectivamente.

“Es un liberal payaso que puede decir lo que sea por guita», expresó Carrasco, mientras que De Grazia acusó al ex candidato a gobernador por la provincia de Buenos Aires, y en ese momento jefe de Gabinete, de “criminalizar la protesta social”. A fines de 2012, Marcelo Longobardi sería por Cristóbal López, del Grupo Indalo, que a principios de ese mismo año había comprado C5N y Radio 10.

Sin embargo, los casos más resonantes fueron los de Juan Micelli y Antonio Laje. Tras el temporal del 2 de abril de 2013, que azotó a la ciudad de La Plata, Micelli, en la edición central del noticiero de la TV Pública, interrogó al jefe de la Cámpora, Andrés “Cuervo” Larroque, por qué sus militantes utilizaban pecheras partidarias para repartir donaciones anónimas. El Cuervo no se tomó para bien la pregunta y le dijo a Micelli que lo esperaba en La Plata.

El periodista sería desplazado de la edición central del noticiero y más tarde quedó excluido de la cobertura sobre las audiencias por la Ley de Medios. Finalmente, Micelli abandonó el canal.

En simultáneo, el Grupo Indalo emitía un comunicado aclarando que los despidos eran porque “debían reducir una abultada plantilla permanente” y que Laje debía «confirmar si aceptaba la nueva dirección periodística del grupo» con la condición de no estar más al aire. El conductor no aceptó y denunció haber sido censurado.

De vuelta al presente, al día de hoy Víctor Hugo, tras treinta años de servicio en Radio Continental, fue desafectado de sus labores. Según el comunicado que emitió la emisora, el contrato que lo unía al conductor de  «La Mañana» y «Competencia» fue disuelto debido a “reiterados incumplimientos contractuales que alteraron el normal desarrollo de las emisiones”.

El periodista uruguayo alegó en su defensa que jamás en todo el tiempo que estuvo en la radio había recibido un apercibimiento y cargó contra el presidente. “(Macri) lo fomentó de una manera directa”, acusó en el día de su despido.

Por su parte, el presidente negó haber impulsado el despido de Morales. Al principio, trató de no ahondar en el caso con un frágil: «no estamos abocados a ver qué periodista trabaja en qué medio, no es nuestra tarea, no opinamos”. Sin embargo, pocos minutos después disparó con munición gruesa. “Es un fanático kirchnerista”, afirmó.

¿Dónde está lo distinto, señor Presidente? Se acusó en la campaña al «kirchnerismo» de denostar a quien pensaba distinto, de perseguir a quien no opinaba lo mismo. Acaso, ¿estará incurriendo en el revanchismo?

De ser así, Víctor Hugo, con todo esto sobre su espalda, no como un martirio ni condena, tenía las horas contadas. Era una cuestión de tiempo para que el gobierno de Mauricio Macri tomara cartas en el asunto. No se trata de acusar al presidente de la Nación de censura, ni mucho menos. Teóricamente, el oficialismo no iba a tener el “descuido” de mantener la cuantiosa pauta oficial que en otros gobiernos Víctor Hugo supo gozar. Menos aún cuando el periodista tiene una postura un tanto pasada de crítica. «Esto es una Troika: Clarín, Cambiemos y la pata Judicial», dijo el día de su despido.

Hay dos posibles conclusiones y Macri goza del «Principio de inocencia». Según lo estipula la ley argentina, nadie es culpable sin una sentencia que lo declare así. Es en ese sentido que, al menos por ahora, el presidente queda absuelto de tener un vínculo con este despido y la conclusión es que sencillamente dejó de ser útil para quienes lo empleaban.

Aunque de ser el presidente de la Nación uno de los causantes, o el principal, del despido de Víctor Hugo, debería dar marcha atrás con el “revanchismo” porque de la censura y el autoritarismo no se vuelve. Si no, pregúntele al gobierno pasado.

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