martes, octubre 26, 2021
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Ya comenzó la revolución de la alegría

Mientras algunos ciudadanos nos preguntamos, aún hoy, que habrá querido decir el PRO con eso de que iniciaba la «revolución de la alegría», y entre dudas insinuamos irónicamente los contradichos de tal afirmación, parece ser que varios medios empezaron a respaldar la propuesta con renovado espíritu optimista. Sorprende leer notas y notas referidas al nuevo gobierno donde todo es positivo; parecen verdaderos escritores new age, apoderados de un fuerte espíritu de resiliencia que les hace ver esperanza en el más oscuro de los porvenires.

Oscilando entre la honestidad y la austeridad -cualidades que han trasvasado los límites de la campaña electoral para asentarse como los verdaderos baluartes de la victoria y la actual gestión- de los nuevos gobernantes, las noticias abarcan cualquier nimiedad con algarabía. Se congratulan los partidos de fútbol que organiza Macri así como las nuevas relaciones con Europa y Estados Unidos, se aprueban también los innumerables despidos y la criminalización de la protesta. Todo es digno de elogios para el nuevo gobierno, que inició una revolución de la alegría y parece que ya empezó a surtir efecto.

Hace menos de una semana leí que los partidos de fútbol que organiza Macri en Olivos están más que aprobados porque los hace un día de semana. Entonces empieza la crítica al régimen anterior, y aprovechan para comentar que los partidos kirchneristas eran los viernes por la noche donde se hacía «política de madrugada», algo completamente intolerable, incorrecto. De esta manera, igualan «la política» a un trabajo de oficina, que debe hacerse entre las 8 y las 16/18hs, no más. No importa si el sábado no tienen ocupaciones y se pueden comer un asado tranquilos, no, tampoco es significativo que, en la misma nota, se aclare que los picados se hacen con los que puedan eludir sus obligaciones de martes. Funcionarios públicos que se van a jugar al fútbol es sinónimo de alegría ¿que más da? Claro, es sustancial considerar que la nueva gestión se ducha en los baños remodelados por el PRO, donde ya no corren las «cucarachas» de la vieja gestión. El PRO no sólo es alegría, también es higiene, algo directamente relacionado con su integridad, su austeridad, honestidad, etc.

Pero el orgullo de los argentinos no termina en la sana rutina del deporte y el cuidado corporal. No faltan los artículos periodísticos (sobran, quizás) que se jactan maravillados del nuevo presidente electo. Ya desde que, en diciembre, el gobierno dio marcha atrás con el nombramiento por decreto de los dos jueces que completarían la nómina de la Corte Suprema, los periodistas no se guardaron elogios para consagrar la honestidad y la nueva calidad de gestión, en comparación con la anterior. Macri inició su gobierno y, con el Congreso en feria judicial, firmó decretos que -podríamos suponer aquellos que no adscribimos a tanta alegría- correspondían a la devolución de favores. Algunos tuvieron que ir marcha atrás. Para los medios, las acciones del gobierno, totalmente constitucionales, se frenaron para que la gente no esté descontenta, y la inteligencia del nuevo primer mandatario es lo que prima en tales decisiones.

En estos días, lo que sacude los medios es la noticia de que Barack Obama vendrá a la Argentina. Se llenan de encomio las páginas formadoras de opinión para esta nueva gestión que permitirá el regreso de las relaciones con los Estados Unidos. Cuando uno se acerca a este tipo de artículos y lee que finalmente Obama vendrá a visitarnos para iniciar nuevas y mejoradas relaciones internacionales, se me hace imposible no pensar en nuestras históricas relaciones internacionales con el gran país del norte. Para la nueva gestión, relacionarse con EEUU es igual a volver a «ponernos en el mapa del mundo». Pero ¿vale la pena estar en un mapa que, para entrar, estás forzado a olvidar el crecimiento autónomo y ya no deja lugar para incursiones nacionales? Porque, entrando en el nuevo mapa mundial, las importaciones lloverán nuevamente por sobre el -aunque sea bajo- nivel de producción nacional.

Además, este síntoma de alegría desmedida con el que se toman todas las decisiones del gobierno, sobre todo aquellas que impactan sobre las del gobierno anterior, es como mínimo irresponsable. No cabe, en ningún universo, que romper relaciones con Estados Unidos haya sido un síntoma de lo que estaba mal de la anterior gestión, pero los medios parecen ver en el desinterés del gobierno kirchnerista en ponderar tales lazos, algo solamente comprensible desde la locura y magnanimidad asumida de la ex-mandataria. Revolución de la alegría por medio, todo lo malo que ocurra ahora, representa el legado de lo viejo. Y si el nuevo encuentro con la potencia norteamericana no sale como lo anuncian los medios, será seguramente por las represalias tomadas por los estadounidenses sobre nuestro país otrora amargo y desunido, que provocó el enojo del águila calva.

La información, y la democratización de la información, como siempre, es subjetiva: elegimos qué mostrar, y cómo. Tomemos en cuenta la imagen que encabeza esta nota: Macri intenta agarrar un niño para sacarse una foto, el chico corre desesperado para escapar de las garras de este hombre que ni sabe quién es. La foto recorrió los medios, en general se la tomó con gracia, porque la alegría y la gracia van de la mano, porque así debemos tomarnos las cosas. Pero la foto oficial es distinta, Macri abrazando a otro joven que -en la foto se ve- está un poco más lejos observando la escena. El objetivo es que todo transcurra en paz, que todos acordemos que las cosas están bien. Porque ya lo dijo Charly hace años, la alegría no es sólo brasilera, ¿no?

 

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