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El Niño 2026 se intensifica: qué puede pasar en Argentina

El Niño 2026 entró en una nueva etapa y las principales organizaciones meteorológicas ya anticipan que el fenómeno continuará fortaleciéndose durante los próximos meses, con posibles efectos sobre las lluvias, las temperaturas, los ríos y la producción agropecuaria de Argentina durante la primavera y el verano. La Organización Meteorológica Mundial informó este jueves 3 de septiembre que el episodio está consolidado y que existe una probabilidad cercana al 100% de que persista hasta febrero de 2027.

La actualización internacional coincide con el diagnóstico del Servicio Meteorológico Nacional. Según el informe de septiembre del SMN, las condiciones del sistema El Niño-Oscilación del Sur corresponden actualmente a una fase cálida y los modelos dinámicos y estadísticos asignan una probabilidad del 100% a la continuidad de El Niño durante el trimestre septiembre-octubre-noviembre de 2026, con una intensidad esperada entre fuerte y muy fuerte.

El dato no significa que toda Argentina vaya a recibir lluvias extraordinarias ni que puedan anticiparse desde ahora inundaciones en ciudades concretas. El impacto de El Niño cambia según la región, la época del año, las condiciones del suelo y la interacción con otros factores atmosféricos. Sin embargo, los antecedentes climáticos y los estudios del INTA indican que determinadas zonas del Litoral, grandes cuencas fluviales y sectores de la región Pampeana pueden quedar más expuestos a excesos hídricos durante eventos intensos.

Qué dijo la OMM sobre El Niño 2026

La Organización Meteorológica Mundial publicó este jueves una nueva actualización global del fenómeno.

La institución confirmó que El Niño se encuentra consolidado.

También señaló que las anomalías positivas de temperatura de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial central y oriental continuaron intensificándose desde mediados de agosto.

Esas aguas excepcionalmente cálidas representan uno de los principales componentes del fenómeno.

Según los Centros Mundiales de Producción de Predicciones a Largo Plazo de la OMM, la probabilidad de continuidad de El Niño durante septiembre, octubre y noviembre se sitúa cerca del 100%.

La misma probabilidad excepcionalmente alta permanece para el trimestre diciembre de 2026-febrero de 2027.

El fenómeno todavía puede fortalecerse

La actualización tiene una diferencia importante respecto de los pronósticos publicados meses atrás.

Ya no se discute solamente si El Niño terminará formándose.

El fenómeno ya está establecido.

La pregunta ahora es qué intensidad alcanzará.

La OMM prevé que continúe fortaleciéndose durante los próximos meses y alcance una intensidad muy fuerte antes de llegar a su punto máximo hacia finales de 2026.

El organismo no prevé un retorno a condiciones neutrales ni una reinstauración de La Niña durante el horizonte de pronóstico que llega hasta febrero de 2027.

Qué dice el SMN para Argentina

El Servicio Meteorológico Nacional publicó un diagnóstico coincidente para septiembre.

El organismo argentino señala que la temperatura del agua en el Pacífico ecuatorial presenta un calentamiento al este de la línea internacional de cambio de fecha, con máximos cerca de la costa sudamericana.

También registró un debilitamiento de los vientos alisios en la región central del Pacífico.

El Índice de Oscilación del Sur mantiene valores negativos.

Esas señales atmosféricas y oceánicas son consistentes con una fase cálida del ENOS.

Probabilidad del 100% para la primavera

La cifra publicada por el SMN es contundente.

El promedio de los modelos dinámicos y estadísticos asigna una probabilidad del 100% a que El Niño continúe durante septiembre, octubre y noviembre de 2026.

La intensidad esperada se ubica entre fuerte y muy fuerte.

Esto convierte a la primavera argentina en uno de los períodos que deberán seguirse con mayor atención.

La existencia de El Niño no permite saber exactamente cuánto lloverá en un lugar determinado.

Sí modifica las probabilidades climáticas de determinadas regiones.

Qué es exactamente El Niño

El Niño forma parte de un sistema climático conocido como El Niño-Oscilación del Sur, o ENOS.

El sistema combina variaciones de temperatura en el océano Pacífico tropical con cambios en la circulación atmosférica.

Durante la fase El Niño, grandes áreas del Pacífico ecuatorial central y oriental se vuelven más cálidas que su promedio histórico.

Ese calentamiento modifica patrones de viento, presión y convección atmosférica.

Las alteraciones pueden propagarse a grandes distancias y modificar los regímenes de lluvia y temperatura en diferentes regiones del planeta.

El Niño no es una tormenta

Una confusión frecuente consiste en imaginar el fenómeno como si fuera una tormenta gigantesca que se desplaza desde el Pacífico.

No funciona de esa manera.

El Niño es un patrón climático de gran escala que puede durar varios meses.

Su presencia modifica las probabilidades de determinados tipos de tiempo.

Una tormenta individual que afecta Buenos Aires, Córdoba o Corrientes depende de condiciones atmosféricas de corto plazo.

El Niño puede crear un entorno más favorable para ciertos patrones, pero no permite atribuir automáticamente cada tormenta o inundación al fenómeno.

Hasta cuándo durará El Niño 2026

La OMM considera prácticamente segura su continuidad hasta febrero de 2027.

Ese horizonte incluye toda la primavera del hemisferio sur y buena parte del verano argentino.

El máximo de intensidad se espera hacia finales de 2026.

Después será necesario observar si el episodio comienza a debilitarse durante los primeros meses de 2027.

Los pronósticos climáticos de largo plazo tienen inevitablemente incertidumbre, por lo que la evolución será actualizada periódicamente.

Qué puede provocar en Argentina

Argentina no responde de manera uniforme a El Niño.

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria remarca que el impacto histórico cambia considerablemente entre regiones.

En determinadas zonas, los años El Niño se asocian con lluvias superiores a los valores normales.

En otras, la señal puede ser más débil o incluso convivir con períodos secos.

Por eso los especialistas insisten en evitar interpretaciones nacionales demasiado generales.

El Litoral es una de las regiones más sensibles

Entre las áreas con una señal histórica importante aparece el nordeste argentino.

Corrientes, Misiones, Entre Ríos y sectores de Santa Fe se encuentran dentro de una región donde los eventos El Niño pueden aumentar la probabilidad de precipitaciones abundantes.

Eso no significa que necesariamente ocurrirá una inundación.

Pero cuando las lluvias acumuladas aumentan durante períodos prolongados, crece el riesgo de anegamientos y saturación de suelos.

El estado previo de ríos, lagunas, humedales y napas también resulta determinante.

Qué puede pasar en Corrientes

El INTA realizó durante 2026 un análisis específico sobre escenarios extremos para Corrientes.

El organismo utilizó como referencia el evento de 1997-1998 para identificar áreas potencialmente sensibles a excesos hídricos.

El estudio no plantea que las condiciones de aquel período vayan a repetirse exactamente.

Su objetivo es mostrar qué sectores podrían enfrentar mayores dificultades si se combina un El Niño intenso con precipitaciones extraordinarias.

Según el INTA, los excesos de agua pueden afectar centros urbanos, infraestructura y actividades productivas.

El antecedente de 1997-1998

El evento de fines de la década de 1990 constituye uno de los principales antecedentes regionales utilizados para planificación.

Fue un episodio intenso y produjo importantes alteraciones climáticas en distintas zonas del planeta.

En el nordeste argentino se registraron problemas asociados con excesos hídricos.

Los investigadores utilizan aquel caso como referencia, no como una predicción literal para 2026.

Dos eventos El Niño de intensidad similar pueden producir resultados distintos porque las condiciones atmosféricas y territoriales nunca son idénticas.

El riesgo en las grandes cuencas

El INTA presta especial atención a los sistemas de los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay.

Una secuencia de precipitaciones intensas en las respectivas cuencas puede elevar caudales y niveles.

El impacto potencial depende de dónde llueve y durante cuánto tiempo.

Las lluvias locales no son la única variable.

Un río puede crecer como consecuencia de precipitaciones ocurridas cientos o miles de kilómetros aguas arriba.

Por eso el monitoreo hidrológico regional adquiere importancia durante episodios El Niño.

La cuenca del Salado también aparece bajo observación

El INTA había advertido durante mayo que una consolidación temprana de El Niño podía favorecer lluvias superiores a lo normal en el centro-este bonaerense.

Dentro de esa región aparece la extensa cuenca del río Salado.

Es un territorio con sectores bajos donde la capacidad de drenaje constituye una variable crítica.

Cuando los suelos comienzan una temporada con altos contenidos de humedad, nuevas precipitaciones tienen menos capacidad de infiltrarse y aumenta el escurrimiento superficial.

¿Va a llover más en Buenos Aires?

No existe una respuesta única válida para toda la provincia ni para todos los meses.

El Niño puede aumentar la probabilidad de determinados patrones lluviosos en el centro-este argentino.

Pero el pronóstico de una semana o de una tormenta concreta debe realizarse utilizando modelos meteorológicos de corto plazo.

Un pronóstico estacional indica tendencias probabilísticas.

No permite decir qué día lloverá dentro de dos meses.

Qué puede pasar en la región Pampeana

Para una parte de la región agrícola central, El Niño puede ofrecer mejores condiciones hídricas que un escenario de sequía.

Eso genera oportunidades productivas.

Los cultivos necesitan agua y una buena disponibilidad durante etapas críticas puede mejorar rendimientos.

Sin embargo, cuando la precipitación supera la capacidad de infiltración o drenaje aparecen riesgos de anegamiento, enfermedades y dificultades para ingresar a los lotes.

La frontera entre una campaña con buena disponibilidad hídrica y una campaña con exceso depende del lugar y del momento.

El campo puede beneficiarse y perjudicarse al mismo tiempo

El Niño no es necesariamente una mala noticia para toda la agricultura.

Especialistas del INTA remarcan que numerosas áreas productivas alcanzaron condiciones favorables o incluso excepcionales durante años con este fenómeno.

En suelos bien drenados, contar con agua suficiente puede permitir elevados potenciales de rendimiento.

En zonas bajas, en cambio, un exceso prolongado puede generar pérdidas.

Una misma campaña puede producir resultados positivos en un distrito y problemas graves a pocos kilómetros de distancia.

Qué cultivos pueden verse afectados

Soja, maíz, trigo, girasol y otros cultivos responden de maneras diferentes al agua disponible durante sus etapas de desarrollo.

La fecha de siembra también modifica la exposición.

Un lote puede beneficiarse de una lluvia abundante durante una etapa de alta demanda y sufrir si esa misma precipitación ocurre en un momento en el que el suelo ya está saturado.

Los especialistas recomiendan utilizar pronósticos estacionales como una herramienta adicional y no como una orden automática de manejo.

Las napas serán una variable clave

En muchas zonas agrícolas, la situación de la napa freática condiciona el riesgo de anegamiento.

Cuando se encuentra cerca de la superficie, el suelo dispone de menos capacidad para almacenar nuevas precipitaciones.

El INTA recomienda monitorear esas condiciones antes y durante la campaña.

Las decisiones sobre cultivos, fechas de siembra, movimientos de ganado y manejo de canales pueden ajustarse a partir de esa información.

La ganadería también enfrenta riesgos

Los excesos hídricos pueden reducir la superficie disponible para el pastoreo.

Los caminos rurales pueden volverse intransitables.

El acceso a establecimientos y la salida de animales pueden complicarse.

El INTA recomienda anticipar sectores elevados donde concentrar hacienda si aparecen anegamientos.

También plantea reforzar la planificación sanitaria.

Las condiciones de humedad prolongada pueden favorecer determinados problemas sanitarios y dificultar las tareas habituales.

Por qué la intensidad no determina por sí sola cuánto lloverá

Un El Niño muy fuerte genera una señal climática importante, pero no existe una relación lineal entre la temperatura del Pacífico y la cantidad de milímetros que caerán en una localidad argentina.

La meteoróloga Natalia Gattinoni, del INTA, explicó que la intensidad del fenómeno no necesariamente implica mayores lluvias o impactos en todos los sitios.

La región y la época del año modifican considerablemente la respuesta.

Otros fenómenos atmosféricos pueden reforzar o contrarrestar temporalmente la señal.

Qué significan los vientos alisios debilitados

Los vientos alisios forman parte del mecanismo que conecta el océano con la atmósfera tropical.

En condiciones normales soplan predominantemente de este a oeste sobre el Pacífico ecuatorial.

Durante El Niño pueden debilitarse.

Eso permite que las aguas cálidas se extiendan hacia el centro y el este del océano.

El SMN observó ese debilitamiento durante el período actual, una señal compatible con la consolidación de la fase cálida.

Qué es el Índice de Oscilación del Sur

El IOS utiliza diferencias de presión atmosférica para describir una parte del comportamiento del sistema ENOS.

Valores negativos sostenidos suelen asociarse con condiciones El Niño.

El SMN informó que el índice se mantuvo negativo.

La importancia está en que el fenómeno no depende solamente de la temperatura del océano.

Para que El Niño esté plenamente establecido debe existir también una respuesta atmosférica coherente.

Por qué el Pacífico importa tanto en Argentina

Argentina se encuentra a miles de kilómetros de la región ecuatorial donde se mide El Niño.

Aun así, los cambios en el océano tropical modifican grandes patrones de circulación atmosférica.

Esas alteraciones pueden cambiar la frecuencia y trayectoria de sistemas que transportan humedad hacia Sudamérica.

El efecto se conoce como teleconexión climática.

Así se explica que una anomalía oceánica en el Pacífico pueda modificar probabilidades de lluvia en el Litoral argentino.

Qué puede pasar durante la primavera

Septiembre, octubre y noviembre serán meses particularmente importantes porque coinciden con el período para el cual el SMN asigna 100% de probabilidad de continuidad de El Niño.

El fenómeno además seguirá fortaleciéndose.

La primavera representa una etapa en la que aumenta naturalmente la actividad convectiva en buena parte del centro y norte argentino.

Un escenario El Niño fuerte o muy fuerte puede modificar la distribución de precipitaciones durante ese período.

El seguimiento deberá hacerse mediante las actualizaciones mensuales del SMN.

Qué puede pasar en el verano 2026-2027

La OMM prácticamente descarta una desaparición de El Niño antes de febrero.

Eso implica que el fenómeno acompañará buena parte del verano argentino.

La señal no se traduce automáticamente en un verano lluvioso para todas las provincias.

Pero mantiene activo un forzante climático capaz de modificar precipitaciones y temperaturas.

También aumenta la necesidad de monitorear cuencas y acumulados de lluvia si la primavera deja suelos con elevados contenidos de humedad.

¿El verano será más caluroso?

El Niño tiene impacto sobre la temperatura global, pero las condiciones concretas de Argentina dependerán de la circulación regional.

La OMM advierte que un episodio muy fuerte puede alterar tanto precipitaciones como temperaturas.

Además, el fenómeno ocurre sobre un planeta que ya presenta temperaturas oceánicas excepcionalmente elevadas.

Eso aumenta la atención sobre los registros térmicos globales durante 2026 y 2027.

No permite, sin embargo, anticipar la temperatura exacta que tendrá una ciudad argentina durante enero.

El cambio climático y El Niño no son lo mismo

El Niño es un fenómeno natural que existía antes del actual calentamiento provocado por las emisiones humanas.

El cambio climático es una tendencia de largo plazo asociada principalmente con el aumento de gases de efecto invernadero.

Ambos fenómenos pueden interactuar.

La OMM destaca que El Niño ocurre actualmente sobre un contexto de temperaturas oceánicas excepcionalmente cálidas.

Por eso sus efectos se analizan junto con un sistema climático global que ya tiene una base térmica superior a la de décadas pasadas.

Un El Niño fuerte no significa catástrofe asegurada

Las advertencias climáticas buscan facilitar preparación, no anunciar un desastre inevitable.

Una ciudad con buen drenaje puede atravesar lluvias intensas con consecuencias muy diferentes a otra con infraestructura insuficiente.

Un campo ubicado en una loma puede aprovechar el agua que genera pérdidas en un bajo cercano.

Una cuenca con niveles iniciales bajos puede absorber mejor una secuencia húmeda que otra ya saturada.

La vulnerabilidad del territorio es tan importante como el fenómeno meteorológico.

Qué deberían mirar las provincias

La evolución de los principales ríos será una de las variables.

También los niveles de napas, reservorios y humedales.

Los acumulados mensuales de precipitación permiten identificar cuándo una región comienza a alejarse significativamente de sus valores normales.

Los sistemas de alerta meteorológica de corto plazo siguen siendo fundamentales para episodios concretos de tormentas.

El pronóstico de El Niño no reemplaza esos avisos.

Qué puede hacer una familia ante un verano más inestable

No existe una acción extraordinaria que deba tomar toda la población por el simple hecho de que haya El Niño.

La recomendación principal es seguir información oficial.

Quienes viven en zonas históricamente inundables pueden revisar los protocolos locales y conocer rutas seguras.

Ante tormentas, los avisos del SMN tienen mucho más valor operativo inmediato que un pronóstico climático estacional.

Las autoridades locales son las encargadas de definir evacuaciones o medidas específicas cuando existe un riesgo concreto.

Por qué no sirve mirar solamente un mapa de El Niño

Los mapas oceánicos muestran dónde existen anomalías de temperatura.

No son mapas de lluvia para Argentina.

El paso desde una anomalía del Pacífico hasta una precipitación en una provincia involucra numerosos procesos atmosféricos.

Por eso los servicios meteorológicos combinan El Niño con modelos estacionales, observaciones locales y otras variables.

Interpretar directamente un océano más caliente como una inundación futura conduce a conclusiones incorrectas.

El antecedente de 2015-2016

El INTA incluye el evento 2015-2016 entre los antecedentes fuertes utilizados para planificación agroclimática.

También considera los episodios de 1997-1998 y 2009-2010.

Compararlos permite estudiar qué sectores respondieron de manera más consistente a la fase cálida del Pacífico.

Sin embargo, ninguno puede utilizarse como copia exacta de lo que ocurrirá en 2026.

La distribución de humedad inicial, la temperatura del Atlántico y otros patrones atmosféricos cambian entre un ciclo y otro.

Por qué los productores ya están planificando

El sector agropecuario necesita tomar decisiones meses antes de conocer el tiempo exacto.

Compra semillas.

Define fechas de siembra.

Planifica fertilización.

Organiza reservas forrajeras y movimientos de hacienda.

Los pronósticos estacionales permiten incorporar el riesgo climático a esas decisiones.

No ofrecen certeza, pero modifican las probabilidades con las que se construye una estrategia productiva.

El agua puede ser riesgo y oportunidad

El INTA plantea una mirada que no se limita a los daños.

La misma agua que genera problemas durante un período de exceso puede convertirse en una reserva valiosa para ciclos secos posteriores.

Reservorios, aguadas, humedales funcionales y almacenamiento en el perfil del suelo forman parte de estrategias para aprovechar el recurso.

La planificación agrohidrológica busca reducir daños sin desperdiciar una disponibilidad de agua que puede ser escasa en otras campañas.

Qué puede pasar con los precios de los alimentos

No existe una relación automática entre El Niño y una suba o baja de precios.

Los efectos dependen de cómo responda la producción.

Una campaña agrícola con buenos rendimientos puede aumentar la oferta de granos.

Excesos hídricos regionales pueden provocar pérdidas en otros sectores.

Además, los precios locales dependen del mercado internacional, el tipo de cambio, costos logísticos, impuestos y demanda.

El clima es una variable importante, pero no la única.

La logística también puede verse afectada

Las lluvias persistentes generan dificultades cuando deterioran caminos rurales.

Esto afecta tanto el ingreso de insumos como la salida de la producción.

Los problemas pueden aparecer incluso cuando el cultivo no sufrió daños directos.

En regiones ganaderas también puede complicarse el acceso de vehículos sanitarios y el movimiento de animales.

Por eso la preparación frente a un escenario húmedo incluye infraestructura y no solamente decisiones agronómicas.

Cuándo habrá un pronóstico más preciso

La previsibilidad aumenta a medida que se acorta el horizonte.

El estado de El Niño permite conocer tendencias estacionales.

Los pronósticos trimestrales aportan información regional más específica.

Los modelos semanales permiten ajustar la evolución.

Finalmente, los pronósticos de pocos días y los sistemas de alerta determinan el riesgo concreto de tormentas, viento o lluvias intensas.

Por eso las perspectivas publicadas en septiembre serán revisadas continuamente durante la primavera.

El Niño ya dejó de ser una posibilidad

Durante los primeros meses de 2026, los organismos hablaban de probabilidades crecientes de formación.

Ese debate terminó.

La OMM confirmó que el episodio está consolidado.

El SMN argentino ya clasifica el sistema dentro de una fase cálida.

La atención se desplazó desde la pregunta sobre si habría El Niño hacia su intensidad y sus efectos regionales.

Por qué la actualización del 3 de septiembre es importante

La nueva información llega justo al comienzo de la primavera meteorológica en Sudamérica.

El océano y la atmósfera muestran ahora una señal mucho más definida.

La OMM prácticamente asegura la continuidad hasta febrero.

El SMN le asigna 100% de probabilidad para el trimestre que acaba de comenzar.

Los dos organismos coinciden además en que la intensidad será fuerte o muy fuerte.

Eso convierte al ciclo 2026-2027 en un evento que deberá seguirse durante varios meses y no solamente como una noticia meteorológica puntual.

Qué todavía no puede saberse

No puede establecerse cuántos milímetros lloverán en Buenos Aires durante diciembre.

No puede saberse hoy qué ciudad sufrirá una tormenta severa dentro de tres meses.

No puede asegurarse que un río vaya a desbordarse solamente porque existe El Niño.

Tampoco puede afirmarse que todo el territorio tendrá precipitaciones superiores a lo normal.

Esas preguntas requieren información más cercana en el tiempo y específica para cada región.

Qué sí puede afirmarse

El Niño 2026 está establecido.

Se está fortaleciendo.

El SMN asigna 100% de probabilidad a su continuidad durante septiembre, octubre y noviembre.

La OMM considera prácticamente segura su persistencia hasta febrero de 2027.

Los organismos esperan una intensidad muy fuerte hacia finales de año.

Argentina tiene regiones que históricamente muestran una señal significativa de aumento de precipitaciones durante eventos El Niño.

Y los organismos técnicos ya recomiendan planificación preventiva en áreas sensibles.

Los próximos meses serán decisivos

La primavera permitirá comprobar cómo se traduce la intensa señal oceánica sobre el territorio argentino.

Las primeras variables a observar serán las precipitaciones acumuladas, la humedad de los suelos, el nivel de las napas y la evolución de las principales cuencas.

En el sector agropecuario, esos datos determinarán si la abundancia de agua se convierte principalmente en una oportunidad productiva o empieza a generar excesos.

En ciudades y zonas rurales vulnerables, la calidad del drenaje y la preparación previa influirán sobre el impacto de episodios de lluvia intensa.

El verano 2027 también quedará bajo la influencia del fenómeno

La actualización de la OMM extiende el horizonte de atención más allá de la primavera.

Con una probabilidad cercana al 100% de persistencia durante diciembre, enero y febrero, El Niño seguirá siendo uno de los principales forzantes climáticos durante el verano.

Eso obliga a seguir las próximas actualizaciones del SMN y de la propia organización internacional.

El punto máximo previsto hacia finales de año coincide además con meses centrales para la producción agrícola argentina.

Argentina entra a la primavera con El Niño fuerte

El cambio respecto de meses atrás es claro. El fenómeno ya no aparece como un escenario probable sino como una realidad observada tanto en el océano como en la atmósfera.

La OMM confirmó su consolidación este 3 de septiembre y anticipó un nuevo fortalecimiento. El Servicio Meteorológico Nacional ubica la probabilidad de continuidad en 100% durante la primavera y espera una intensidad fuerte o muy fuerte.

Para Argentina, la consecuencia no será idéntica en todas partes. El Litoral, sectores del centro-este y las grandes cuencas fluviales presentan antecedentes de mayor sensibilidad a excesos de lluvia, mientras determinadas áreas productivas pueden beneficiarse de una mejor disponibilidad hídrica.

La clave durante los próximos meses será evitar dos interpretaciones extremas: ni El Niño garantiza una catástrofe ni puede tratarse como una señal climática irrelevante. Es un fenómeno de gran escala que modifica probabilidades y que, cuando alcanza una intensidad fuerte, obliga a mejorar el monitoreo y la planificación.

El escenario oficial ya está planteado: El Niño 2026 continuará durante la primavera, probablemente llegará con intensidad muy fuerte hacia finales de año y tiene prácticamente asegurada su permanencia hasta febrero de 2027. A partir de ahora, el dato que definirá su impacto argentino será cómo esa señal global se combine con la atmósfera regional, los niveles de los ríos y la cantidad de agua que comiencen a acumular los suelos durante los meses que vienen.

Alejandro José Alejandro Daniel José es experto en inteligencia artificial, estratega líder…