Cuba acaba de dar uno de los pasos más importantes de los últimos años en la apertura de su sector privado. Una nueva regulación permite por primera vez constituir empresas privadas con más de 100 trabajadores y amplía la posibilidad de que cubanos residentes en el exterior participen como socios de negocios radicados en la isla.
El cambio fue formalizado mediante el Decreto-Ley 133/2026, publicado esta semana en la Gaceta Oficial cubana. La norma modifica el esquema que desde 2021 había permitido la expansión de las micro, pequeñas y medianas empresas privadas, pero que mantenía un límite de 100 personas ocupadas para esa categoría.
La nueva estructura reconoce ahora una figura empresarial superior a la mediana empresa y abre la puerta a negocios privados de mayor escala. El cambio llega además acompañado por otras medidas sobre inversión extranjera, comercio exterior, contratación laboral y turismo.
El paquete se aplica en un momento especialmente delicado para la economía cubana, marcada por problemas de producción, falta de divisas, escasez de combustible y una crisis eléctrica que ya provocó apagones nacionales y fuertes restricciones sobre la actividad económica.
Qué cambia para las empresas privadas en Cuba
Hasta ahora, las mipymes privadas cubanas estaban divididas en tres escalas principales:
- microempresa: de 1 a 10 personas ocupadas;
- pequeña empresa: de 11 a 35;
- mediana empresa: de 36 a 100.
El nuevo marco incorpora una categoría adicional: la empresa privada con más de 100 trabajadores. La regulación no fija en esa definición un techo equivalente al que tenían hasta ahora las mipymes.
Esto significa que una compañía privada que crezca por encima de los 100 empleados ya no queda fuera del marco previsto para los actores económicos no estatales. Puede continuar operando bajo una figura empresarial reconocida legalmente y ampliar su escala.
Las empresas podrán constituirse como Sociedad de Responsabilidad Limitada (S.R.L.) cuando tengan varios socios o como Sociedad Unipersonal de Responsabilidad Limitada (S.U.R.L.) cuando exista un único propietario.
También podrán abrir establecimientos secundarios en otras provincias, lo que facilita que un negocio originalmente local pueda desarrollar operaciones en distintas zonas del país.
Los cubanos que viven en el exterior podrán ser socios
Otra de las modificaciones centrales está en la propiedad de las empresas.
La nueva regulación establece que pueden participar como socios cubanos residentes en el territorio nacional o en el exterior, además de extranjeros con residencia permanente en Cuba, según las condiciones establecidas por la normativa.
El cambio convierte a la diáspora cubana en una fuente potencial de capital mucho más directa para el sector privado de la isla.
Cuba ya había anunciado durante 2026 una apertura gradual para permitir que ciudadanos cubanos residentes fuera del país invirtieran en empresas privadas y se asociaran con actores económicos de la isla. El Decreto-Ley 133 incorpora esa participación dentro de la nueva estructura empresarial.
El punto tiene especial relevancia porque una parte importante de los cubanos que emigraron en los últimos años vive en Estados Unidos, España y otros países con mayor acceso a financiamiento, tecnología, proveedores y redes comerciales.
La posibilidad legal de transformarse en socios no garantiza por sí sola una llegada masiva de capital, pero elimina una barrera que durante años impedía participar directamente en la propiedad de muchos negocios privados.
Las empresas podrán crecer más allá de la escala de una mipyme
La eliminación del límite práctico de 100 trabajadores cambia la lógica del sector privado cubano.
Hasta ahora, la expansión de una empresa podía llevarla a encontrarse con un techo regulatorio precisamente cuando necesitaba incorporar personal, abrir nuevas unidades o aumentar su capacidad productiva.
El nuevo régimen permite que determinadas compañías pasen de ser pequeñas o medianas a convertirse en empresas privadas de mayor tamaño.
En teoría, eso puede favorecer actividades que necesitan más escala, como producción de alimentos, manufactura, logística, construcción, servicios profesionales, comercio, energía y determinados proyectos vinculados con turismo.
La norma mantiene, sin embargo, restricciones. Los negocios deben operar dentro de las actividades autorizadas, cumplir las reglas fiscales y bancarias y respetar los límites que el Estado cubano mantiene sobre distintos sectores considerados estratégicos o regulados.
Más flexibilidad para contratar trabajadores
La apertura no se limita a las empresas privadas cubanas.
El Decreto-Ley 128/2026, publicado el 3 de septiembre, modificó reglas de la inversión extranjera y eliminó la obligación general que imponía a empresas mixtas y compañías de capital totalmente extranjero contratar trabajadores exclusivamente a través de entidades empleadoras estatales.
Los inversionistas podrán elegir entre utilizar esas entidades o realizar contratación directa, de acuerdo con el nuevo marco laboral aplicable.
La diferencia es considerable. Durante décadas, la intermediación estatal fue una de las características más particulares del sistema de contratación en empresas extranjeras radicadas en Cuba.
La flexibilización busca reducir burocracia, mejorar la capacidad de las compañías para seleccionar personal y responder a uno de los reclamos habituales de inversores internacionales.
También cambian las reglas para cuentas bancarias en el exterior
El mismo paquete flexibiliza el manejo financiero de determinados negocios vinculados con inversión extranjera.
Empresas mixtas e inversionistas nacionales que participan en contratos de asociación económica internacional podrán abrir y operar cuentas en bancos del exterior sin tener que obtener previamente la autorización que exigía el régimen anterior.
La apertura debe ser notificada a las autoridades cubanas y sigue sometida a regulación, pero el cambio elimina un trámite previo que podía demorar operaciones financieras.
También se simplifican procedimientos relacionados con importaciones y exportaciones, un punto clave para una economía que depende fuertemente de bienes, insumos y financiamiento del exterior.
El turismo privado gana espacio
Otro de los sectores que cambia es el turismo.
Las nuevas regulaciones permiten que actores privados autorizados operen agencias de viajes y habilitan el ejercicio independiente de actividades de guía turístico bajo el nuevo reglamento.
La decisión representa una apertura importante en una actividad históricamente dominada por empresas estatales y grupos vinculados al Gobierno.
Para Cuba, el turismo es una fuente crítica de divisas. Pero durante 2026 el sector quedó golpeado por problemas energéticos, caída de visitantes, dificultades de conectividad y una situación económica que afecta hoteles, transporte y servicios.
Permitir mayor participación privada busca ampliar la oferta y atraer capital en un momento en el que el Estado tiene recursos limitados para sostener nuevas inversiones.
La apertura llega mientras Estados Unidos aumenta la presión
La reforma económica coincide con un nuevo endurecimiento de las sanciones estadounidenses.
El 3 de septiembre, Estados Unidos anunció sanciones contra cinco empresas cubanas y contra Fidel Ernesto Castro, nieto de Raúl Castro.
Entre las entidades alcanzadas se encuentran un banco estatal y compañías relacionadas con los sectores del níquel y la energía.
Washington sostiene que su política busca aumentar la presión económica sobre el Gobierno cubano y cuestiona tanto la situación de los derechos humanos como el funcionamiento de la estructura política de la isla.
La administración cubana rechaza esa interpretación y atribuye una parte central de la crisis al embargo, las restricciones financieras y las medidas estadounidenses sobre combustible y comercio.
Ese choque crea una situación paradójica: mientras La Habana intenta abrir espacios al capital privado y extranjero, el acceso de esos inversores a financiamiento, pagos internacionales y proveedores continúa condicionado por las sanciones y por el riesgo de operar dentro de Cuba.
Por qué Cuba necesita ahora al sector privado
El Gobierno cubano presentó durante junio un paquete de 176 transformaciones económicas y sociales destinado a flexibilizar distintas áreas de su modelo económico.
Las medidas publicadas esta semana convierten parte de aquellas promesas en reglas concretas.
El motivo de fondo es económico. Cuba necesita aumentar la producción, atraer divisas, recuperar inversiones, mejorar el abastecimiento y reconstruir sectores afectados por años de bajo crecimiento y falta de recursos.
El Estado ya no dispone de capacidad suficiente para resolver por sí solo todos esos problemas.
La apertura a empresas privadas de mayor tamaño y a cubanos residentes en el exterior reconoce, en la práctica, que una parte de la recuperación tendrá que venir de capital no estatal.
El desafío será convertir la apertura legal en inversión real
La nueva regulación cambia las reglas, pero todavía falta comprobar cuánto modificará la economía cotidiana.
Para que aparezcan nuevas empresas de gran escala no alcanza con permitirlas legalmente. Los inversores necesitan electricidad, acceso a insumos, cuentas operativas, reglas previsibles, capacidad para repatriar o reinvertir utilidades y mecanismos claros para resolver conflictos.
También será decisivo observar cómo se aplican las restricciones sectoriales, qué actividades podrán recibir efectivamente capital extranjero y hasta dónde las autoridades permitirán crecer a empresas privadas que alcancen una escala relevante dentro de la economía.
La reforma, sin embargo, marca un punto de inflexión. Cuba pasa de tolerar pequeñas y medianas empresas privadas bajo un techo definido a reconocer jurídicamente compañías de más de 100 trabajadores y a permitir que parte de su diáspora participe directamente como propietaria.
En una economía socialista que durante décadas mantuvo al sector privado bajo límites muy estrictos, el cambio es significativo. Ahora la pregunta ya no es solamente qué negocios estarán permitidos, sino hasta dónde podrá crecer realmente el capital privado dentro de Cuba.
